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Lugar: El Puentecito. Vieytes 1895. Esq. Luján.
a toda hora, en todo momento
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EL PUENTECITO ES UN CLASICO DESDE HACE 136 AÑOS. EXCELENTES PESCADOS, MARISCOS DE CALIDAD Y MUY BUENA PARRILLA DECORAN UN MENU QUE SE PUEDE DEGUSTAR EN UNA ZONA QUE YA ES PARTE DE LA HISTORIA DE BUENOS AIRES.
El recorrido del 12 es corto, no va al conurbano, y su trayecto se limita a la ciudad autónoma de Buenos Aires. Va de Palermo a Barracas y, en el camino, visita grandes puntos de concentración como Plaza Constitución o Plaza Italia, pasa por el emblemático Congreso, por los hospitales Garrahan y la ex Casa Cuna, por edificios misteriosos como el de la sede de la logia masónica Hijos del trabajo… Pero termina o empieza en la punta del viejo Puente Pueyrredón, de este lado del Riachuelo, en la esquina de Luján y Vieytes, justo en frente de El puentecito.
El restorán y la línea de colectivos se miran de vereda a vereda. Desde que nacieron siempre conservaron su espacio, no se mudaron, cada tanto se lavan un poco la cara pero no pierden la esencia. Desde que se fundó en 1931, el 12 hace el mismo recorrido; y desde que se fundó en 1873, El puentecito le da satisfacciones a sus comensales a toda hora.
Una de las características del restorán es que no cierra jamás. Este enorme salón para 250 personas permanece abierto para algún hambriento trasnochado que sale a las tres de la mañana o para algún trabajador dedicado que madruga y quiera desayunar un café y un pastelito a las cinco de la mañana.
La gente que pasa por El puentecito probablemente vuelva. Así, no es extraño escuchar por alguna mesa del lugar la historia de Francisco que, en 1958, recién llegado de Portugal, fue lava copas por una semana y que hoy, ya siendo empresario de la línea 12, siga yendo a almorzar un bife o unos mariscos. Aunque hay muchos habitués, también se suman nuevos comensales. Como Adrián, que hace menos de un mes fue a comer por primera vez y hoy se sienta a la mesa para tomar una cerveza y comerse unas rabas con uno de los socios.
A pesar de que parezca extraño en estos días, los domingos al mediodía el restorán se llena. La gente empieza a llegar a las doce y media y, una hora más tarde, los mozos circulan por el salón a toda máquina trayendo y llevando platos con tiernísimas rabas ($38), bacalao fresco a la gallega con garbanzos ($60), tortilla española ($25), o los clásicos de parilla (una parrillada mixta cuesta $58).
Aunque salgan menos por el costo, son muy pedidas la paella ($72), la cazuela de mariscos ($68) y el pulpo a la gallega ($180), todos para compartir. El pulpo es caro pero se ve muy fresco y además es español.

Fernando, otro de los socios, lo recomienda especialmente porque tiene un secreto, que no quiere develar (podemos decir que se trata de un modo de cocción especial). Su padre era gallego y le enseñó a cocinar todos estos platos como nadie. “Mi papá me decía: ‘Si querés aprender en la cocina, no preguntes, mirá’”, cuenta. Y así fue como mirando, desde los cinco años, Fernando aprendió a cocinar paellas, pulpos y rabas. Ahora está en la caja pero no ve la hora de volver a la cocina, donde dice que está “el corazón de la casa”.
Por ahora el que se encarga de hacer las compras diarias y que cuida la presentación de cada plato es Omar, un uruguayo que pasó por La Boca, Punta del Este y España antes de trabajar en El puentecito.
Hace poco el restarán cumplió 136 años y festejó con amigos de la casa en una cena donde no faltaron ni la carne ni los mariscos, dos de las marcas registradas de la casa. El banquete terminó a eso de las tres de la mañana pero como El puentecito no tiene horarios, allí dentro no se siente el paso del tiempo.
Hoy, el puente Pueyrredón viejo está cerrado por reparaciones y hay mucho menos tráfico en la avenida Vieytes, excepto, claro, por los colectivos de la línea 12 que todos los días dejan más de un comensal en la puerta de El puentecito.
CECILIA CAMPOREALE
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