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Llegas

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En el mundo, el juicio a las juntas militares argentinas, primero, y los de delitos de lesa humanidad, después, sentaron precedente. Con el tiempo, lograron convertirse en parte de la historia de la jurisprudencia -internacional, latinoamericana y nacional- contra el terrorismo de estado. Casos ejemplificadores, insospechados, necesarios. Muchos lo sabemos y bastante se ha dicho sobre el tema. Sin embargo, han sido muy pocos, más allá de los afectados y sus familiares, los que han presenciado esas audiencias interminables y agónicas a través de la cuales la justicia se hace carne y “actúa”. Sí, en tiempo presente, porque todavía se llevan a cabo y no está todo dicho en materia de sentencias y condenados.   

Sueña con lo verde. Todo lo que brota, lo bueno y lo malo. Azucena es una mujer en pleno brote. No es presa ni es del todo libre. No tiene dueño. A veces tiene alguien que la cuida, aunque no es la mejor opción. Deambula entre la lucidez extrema y la locura, cabalgando la épica del desamor.  

El hombre moderno actúa como si no debiera morir 

En esta entrevista Juan Coulasso reflexiona sobre la experiencia nómade de Un obra más real que la del mundo. El cementerio de la Chacarita como Necrópolis estética 

“Todos estos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir” 

(Roy Batty, Replicante en Blade Runner) 

Nomadismo en busca de refugio ante la violencia sospechosa del cosmos. Búsqueda de nuevos suelos y fauna para la alimentación. Nomadismo y los orígenes de la representación: algunxs morían, se iban quedando pero había que avanzar sin más (aún la Idea de individuo no gozaba de concepto).Más adelante se lxs recordaría y se lxs imitaría. Origen de la Mímesis ritual: asimilarse a otro por gestos y voz; producción de apariencias. El material genético del teatro es la sustancia de la Memoria, de lo Divino y la Muerte. Una obra más real que la del mundo mundo dirigida por Juan Coulasso, en colaboración dramatúrgica con Victoria Roland, y la compañía “La mujer mutante” es una experiencia de nomadismo, de desplazamiento estético de riguroso silencio, de reivindicación histórica de un territorio de la ciudad (Chacarita) que sirve de archivo de la memoria de los nadiesLos cementerios son museos de la existencia. Casi como una crítica al sedentarismo teatral, Juan Coulasso comenta la creación de una pequeña maquina nómade a partir de un espacio que termina en el límite de la mirada: “Esta obra jamás podría haber sucedido adentro de un teatro, porque el movimiento que la impulsa es precisamente salir al encuentro de lo real. Siempre sentimos que el espacio de este experimento tenía que ser el mundo, con su hiper-realismo como escenario. Queríamos robarle al cine la aventura de lo real: pavimento, cielos, árboles, edificios. Esta obra nace a partir de una serie de caminatas a la deriva que nuestra compañía La mujer mutante hizo en el año 2018, en el marco de los Foros de Barrios Creativos, por lo que nosotrxs llamamos la República de Chacarita, cuya mítica fundación coincide precisamente con la creación del cementerio. Recorriendo sus calles, entendimos que Chacarita no sólo es un típico barrio porteño, sino que además es el barrio que custodia ciento cincuenta años de historia, tres generaciones de ciudadanxs, ¿cómo se habla de Chacarita sin contemplarlxs a ellxs? Casi toda la tierra que pisamos está llena de nuestrxs muertxs. En esta obra, se escurre nuestro homenaje a todxs ellxs, nuestro humilde intento de reflexionar sobre ese abismo que es la muerte, en medio de una realidad muy agitada en la que nos toca vivir y sobrevivir. Como sabemos que toda experiencia es más constructiva si la elaboramos colectivamente -de eso se trata el teatro, ¿no?-, la obra se organizó a partir de la idea de conformar una comunidad circunstancial para realizar una caminata a la deriva por este sitio, es decir, por el Cementerio más grande de nuestra ciudad.” 

Nuestro país fue un laboratorio biopolítico

La máscara Foucault hace un repaso de la vida intelectual y privada del pensador francés. Su autor Tomás Abraham toma prestadas herramientas epistémicas para hacer una lectura de las producciones políticas locales. La biopolítica en la Argentina.

Los muertos que entierran a los muertos.

La alienación es un extrañamiento de sí mismo. El trabajador pierde distancia entre él, sus deseos, sus afectos, su potencia y lo que produce para el mercado. Hay un efecto de inversión teológica: el hombre crea a Dios, se aliena con él y sostiene luego que es creado por esa entidad suprasensible. Lo venera; pone lo más propio de su subjetividad en manos de algo difuso, lejano y perfecto en contradicción con su auto-percepción humana y fallida. En los últimos 30 años el capitalismo en su forma “neoliberal” igualando todo a la doctrina del valor no solo borra sus capacidades de captura infame si no que propone desear estar dentro de ella. Estar por fuera es no estar, es no ser: sin trabajo no hay dinero, sin dinero no hay consumo, sin consumo no hay ser. Los empleados de esta funeraria están capturados en su forma de vida que gira en torno a su trabajo y sus pequeños gestos. La propuesta de Christian García gira en torno al tiempo viscoso de trabajadores zombies que están en contacto permanente con la muerte. No hay nada vital. Planillas inútiles, entre-dichos, protocolos neuróticos. Casa Linguee es una crítica (o sea una forma de aproximación) a la devastación que produce en nuestros cuerpos el dispositivo del mundo laboral. Son cuerpos impropios, encorsetados por pantalones de vestir, rudimentarios como piezas de una maquina sedentaria. Son cuerpos orgánicos sin su contraparte de intensidad ya que esta fue sustraída por la rutina de este ritual de la nada. Corderos de sacrificio al Dios del Salario. Hay un caminar debilitado: cada desplazamiento es un vía crucis individual. La obra acierta en correr el foco de una dramaturgia contenidista que se relamería en denunciar estos atropellos de la victoria del Capital sobre la vida. Es un naufragio de textos flotantes que se hunden en el intercambio. La obra impone dos Tiempos: el tiempo del personaje de García que viene recomendado y quiere trabajar allí, y el de los empleados abúlicos que lo ignoran sin culpa. No lo ven como un par, como alguien de su misma clase, como un “compañero” para futuras reivindicaciones si no como un cuerpo extraño que es portador de una peste incurable. Casa Linguee es el prólogo del velorio de alguien donde se cumple una máxima del cristianismo: “Sígueme, deja que los muertos entierren a sus muertos”, salvo que en esa casa sepelios, nadie podría seguir al profeta porque todos están muertos enterrados en sí mismos.

Juan Ignacio Crespo.

Casa Linguee

Dramaturgia y dirección: Christian Garcia

Actúan: Paula Aguirre, Ignacio Arroyo, Gustavo Barbeito, Natalio Bellíssima, Yamil Chadad, Darío Coronda Kartu, Lucas Crespi, Estefania D’Anna, Micaela Escandarani, Christian Garcia, Marigela Ginard, Pablo Lopez Barrios, Natalia Pardo, Germán Parmetler, Alejandro Pérez, Daniela Piemonte, Andrés Raiano, Julián Sortino, Ricardo Tamburrano, Martín Urruty

TEATRO HASTA TRILCE

Maza 177

Capital Federal – Buenos Aires – Argentina

Reservas: 4862-0655

Entrada: $ 300,00 / $ 200,00 – Miércoles – 21:30 hs – Hasta el 13/11/2019

Elsa, una mujer de sesenta y tantos, está hecha de la memoria que flota en nuestro tiempo y viene a nosotros para dejarnos clarito lo viva que está. Elsa revisa su pasado rodeada de plantas, conversando en línea directa con su imaginación, con la que establece un diálogo tan fantástico como palpable. Está habitada por personajes propios, y en vez de negarlos tiene la virtud de darles lugar para que se expresen y expresarse a través de ellos. Como si fueran, tal vez, los personajes del libro que nunca se animó a escribir. 

La savia tiene la preciosa singularidad de visitar a un personaje de una generación que hoy ya no es protagonista, le “saca la foto“ a un arquetipo claramente reconocible. La obra es una excusa para dar forma a un poético jardín interior en el que se reproduce lo que pasa por la mente de alguien que vivió su vida, y que ahora tiene todo el tiempo para sí. 

Elsa late en el cuerpo de Busnelli encendida como una refulgente lamparita, más brillante aún que su pelo colorado. Liviana y a la vez profunda, la actriz va trazando el recorrido con el timing perfecto: el de “las señoras“ dueñas de una cierta irreverencia y de una asociación caprichosa con la que enlazan temas, con los límites algo borroneados entre lo que es correcto o no decir, y que dicen lisa y llanamente aquello que les pasa por la cabeza. Hay en su trabajo una familiaridad inevitable, su simpatía produce una empatía con sabor a déjà vu; en La savia pasamos de visita y la vemos, pero ese personaje existe, todos conocemos a alguna Elsa por ahí. 

Si lo que dice la protagonista puede sonar caprichoso, la obra y la puesta no lo son. Sanchez Mestre entiende que más que una construcción de relato lineal, el trabajo consiste en generar una temperatura escénica que permita espiar a Elsa por dentro. Le ofrece entonces un interlocutor fresco y espontáneo, El Chino, y a Mariel, la chica que limpia su casa, quizás un nexo entre su mundo interior y la vida real. Y enmarca este pequeño universo con una escenografía inusual hecha de tantas plantas como quepan en el ambiente. La naturaleza se convierte en metáfora: son plantas en macetas en las que late una vida potencialmente más salvaje, pero que, con todas sus limitaciones, hoy brillan luminosas por la savia que las recorre. Como la protagonista, alguien que es, con sus alegrías y tristezas a cuestas, la escritora en potencia que no fue, y a la vez una persona, qué duda cabe, con mucho para contarnos y por decir.  

por Vera Czemerinski 

 Autor y director: Ignacio Sánchez Mestre  / Actúan: Mirta Busnelli, Agustin García Moreno y Constanza Herrera. / Viernes 20:30 hs.  / Santos 4040 (Santos Dumont 4040). 

El teatro trabaja siempre en los límites que le deja el poder

Después de Terrenal, Mauricio Kartún estrena La VisCómica  en el Teatro San Martín. La desmedida asimetría entre el Arte y las formas del Poder tomando al Virreinato como fábula histórica.

Será la Sala Cunill Cabanellas la pista de un circo, o de baile o de muchas otras cosas del siglo XIX.  Hasta habrá unas candilejas. Kartún hará texto escénico nuevamente con  el texto infinito de la Historia. Esta vez se preguntará por el vínculo entre los artistas contra ese edificio de granito que no existe formalmente pero que distribuye Fuerza (discursiva o de la otra): El Poder. “El teatro es una cuestión de Estado, moralmente sospechosa” – dice Badiou. “El teatro trabaja históricamente siempre en los límites que le deja el poder” – dice Kartún. Si el Poder es siempre un dispositivo de captura (para usar términos Kitsch de la liturgia foucaultiana que  anudan bien estos temas), el artista debería ser un permanente fugitivo. Creemos que es cosa juzgada; que el artista siempre perderá. O se traiciona a sí mismo y juega para el patrón (en mayor o menor medida), o se reconfortará en el anonimato. Conmueve saber que alguien, Kartún en este caso, se pregunta  por la cuestión abriendo el expediente. No pedirá la revolución (lo deja claro en la entrevista) disfrutará de ciertos bufones que “le mojan la oreja” y “le toquen el culo” al “Gran Jefe”. ¿No parece demasiado mínimo el efecto del arte sobre el Poder? Quizás sí. Tenemos el consuelo de que aún sabiendo que  ÉL con todos sus recursos saldrá victorioso en esta asimetría, sigue habiendo  creadores que lo desafían y  se le paran de manos para joder nomás. “Por supuesto cada obra lo hace en la proporción de una cagadita de mosca sobre el mural, pero hay tantas moscas en la vida…” – dice Kartún. Los dípteros y sus heces como negatividad absoluta. Algo es algo.

En este pequeño texto con aires de un borges preciso y melancólico , Macarena Trigo, barniza objetos cotidianos que construyen nuestra identidad como argentinos.

En escena una forma del ser argentino.

Estamos atravesando lo que se conoce como un fucking moment según expertos estadounidenses. A los europeos les contás esto que pasa y no te entienden, el cotidiano nuestro les parece realismo mágico. No les entra en la cabeza este río, ni la 9 de Julio ni el obelisco. Los obeliscos que conocen son egipcios, los afanaron los franceses y están en el Louvre. Para los europeos somos improbables, pero si no existiéramos nos habrían inventado porque a efectos prácticos somos imprescindibles. Somos la prueba viviente de que las cosas siempre pueden ir a peor pero resisten. Somos inspiradores y atractivos. Sí, atractivos. El acento es fundamental, por lo inconfundible. Lo reconocen y, sin excepción, se entusiasman o te detestan. No hay término medio. La envidia, che, la envidia es una cosa muy mala.

Cumplimos 15 años y siempre es tediosa la instancia de poner en palabras lo que hacemos, sí es emoción y amor por hacer Llegás.

Hacer Llegás es estar en movimiento.

Hacer Llegás es poner la lupa en lo que sucede con la cultura de la Ciudad.

Hacer Llegás es hacer e ir más allá.

Hacer Llegás es generar ganas de hacer en libertad, de imaginar, de comunicar y poner en el centro lo alternativo.

Hacer Llegás es romper con la masa, con la obviedad, con lo repetido que nos ofrecen cotidianamente los medios de comunicación.

Hacer Llegás es salir de lo fatal que nos reduce al costumbrismo y sorprenderse con creación geniuna: ver una obra en un sótano, en un club de barrio o en un galpón abandonado, en sitios que siendo intervenidos por la cultura proponen otro sentido.

Hacer Llegas es estar en la calle. Llegás está en la calle e intenta mezclarse y generar un cambio en la subjetividad, tanto en sus lectores, como en l@s que hacemos Llegas y en l@s artistas.

Hacer Llegás es generar lazos y compartir los beneficios y las dificultades del sector, por eso queremos agradecer a todas las revistas y personas que componen ARECIA (Asociación de Revistas Culturales Independientes de la Argentina) que es fundamental para que Llegás como otros tantos medios independientes sigan saliendo.

Hacer Llegás es una forma de buscar y encontrar “valor agregado” por fuera de los beneficios que impone el mercado a las expresiones artísticas. Hacemos Llegas porque creemos que es un valor simbólico y real para la sociedad. En eso estamos, difundiendo cultura independiente hace 15 años.

Sigue firme nuestro espíritu de comunicación, nuestra política de sostener un medio que llega a la gente de forma gratuita a través de una revista estéticamente cuidada e impresa en papel.

Somos un medio independiente, esa es nuestra resistencia. Con la crisis sacamos fuerza y más fuerza, nos agrupamos y renacimos para llegar a más lector@s con más presencia en los teatros: más ejemplares y más puntos de distribución.

Estamos contentos con nuestra tarea de difundir, sin embargo, nos ampliamos y festejamos estos 15 años con un festival de teatro gratuito en el emblemático Centro Cultural 25 de Mayo, agradecemos infinitamente a todas las obras y artistas que participan del festival con el mismo espíritu nuestro:  ser un puente entre la cultura y la gente.

El agradecimiento sincero a los que hoy estamos haciendo Llegás: Daniela Sawicki en  diseño, Juan Crespo, Julieta Bilik, Paula Boente, Vera Czemerinski, Carlos Diviesti, Martin Caamaño en redacción de notas, Sabrina Lara (en diseño y comercial) y Nahuel Saa (comercial, redes y producción de contenidos), a sus fundadores Mariano Hamilton, Alejandro Caravario, Pablo de Biase, Horacio Barisani, Antolin Magallanes, especial mención a Gustavo Gaona y a tod@s l@s que han participado en hacer los 239 números, ya que, son parte fundamental de esta gesta heroica que es hacer una revista gratuita en papel.

Creemos en la grupalidad y en las formas de construcción colectiva. Somos un virus positivo, un contra poder que genera alegría y resistencia al intento de vaciarlo todo, hacer Llegás es una acción política.

Ricardo Tamburrano

Las grandes obras maestras del siglo XXI son series.

Tarantino, Netflix y el capitalismo estético. El teórico Domin Choi analiza la contemporaneidad desde las artes visuales logrando una mirada lúcida y personal.

Los  teóricos  no deben hablar para sí mismos  y sus colegas.  Dan ganas de irse a las manos con ellos  por su jerga misteriosa. Debería ser considerado un delito intelectual que un pensador codifique sus textos volviéndolos inaccesibles para el gran público ya que “el crítico” construye también el “objeto artístico”.  O sea, tiene una función social. Domin Choi, docente en UBA, la UNA y la FUC parece estar en desacuerdo con este encriptamiento teórico y en su reciente libro El fin de lo nuevo lee la contemporaneidad desde las herramientas que le brinda diferentes teorías volviéndola legible para un público amplio. Su texto conecta y sintetiza los conceptos de ese dialecto narcisista donde Agamben, Deleuze, Zizek, Derrida, Benjamin, Daney, entre otros, parecen estar en un bar jodiendo y comentando sus ideas sin tanta vuelta. Choi traduce, se comunica y esto le permite analizar sin prejuicio las producciones de la “industria cultural” y postular estas mismas no como mero efectos de los procesos económicos, históricos y sociales. Entender el mundo a través del cine. Es una posibilidad.