El cierre del teatro Espacio 33 pone en evidencia las pérdidas que comienza a dejar la pandemia, Macarena Trigo, co-fundadora del espacio, arroja estas palabras con olor a certeza real: estas lágrimas no pueden apagar tanto fuego 

Quiero creer que cuando una obra baja, dos estrenan. Que cuando una sala cierra, son varias las que planean su apertura. Aún hoy, en este insólito contexto, quiero creer en esa certeza injustificada. Y quizá solo para que no pierda mi poca fe, leo que en La Pampa una familia trabaja hace diez años para abrir un teatro con mil localidades. Ahí van, contra viento y pandemia. Quiero abrazarlos. Pero aún más quiero abrazar hace semanas a mis compañeros de Espacio 33, una bandada insólita que se forjó como equipo de trabajo durante la oscuridad macrista. Si las razones para dedicarse al teatro son tan íntimas como absurdas, las razones para embarcarse en la odisea de abrir una sala son injustificables. Sobre todo si quienes deciden hacerlo se desconocen, como fue el caso. A fines del 2015 nueve desconocidos aunaron su esfuerzo para reciclar una imprenta abandonada en Boedo. La casona azul en Treinta y tres orientales 1119. El alquiler se firmó pocos meses antes de que comenzaran los tarifazos. El desconcierto pronto se convirtió en tristeza y la tristeza en bronca. Una bronca constructiva. El compromiso con la casa fue un desafío que se complicaba mes a mes. No hubo descanso. En cuatro años Espacio 33 apenas cerró un mes cada verano. El equipo fue cambiando. Nueve, seis, cuatro, tres, cinco… El timón se fue turnando, pero la casa mantuvo sus puertas abiertas a colaboradores y propuestas. Esa fue, sin duda, la mejor de las (e)lecciones. Creer que la identidad de una sala de teatro podía construirse desde ese ir y venir de gente, ser un poco de todos.

En febrero de 2017 celebramos el Festival #33BuenosAires, una producción autogestiva donde fotógrafos, poetas, músicos y elencos reivindicaron como propia esta ciudad que la administración nos arrebata. Se me ocurre ahora que aquellas semanas inspiradoras nos dieron un coraje insospechado. Entendimos que estaba todo por hacerse. Y que todo era posible. Espacio 33 funcionó como sala de ensayo y clases, estrenó producciones propias y ajenas, tuvo su gran y loca varieté durante dos años, fue anfitrión de ciclos escénicos, literarios y artísticos, creó un programa de residencias para coproducir unipersonales y supo mantener gran parte de su programación a la gorra defendiendo el #NadieSinTeatro. La sala también logró que varias de sus obras realizarán funciones fuera de CABA y el pasado verano coprodujo las Jornadas de Creación y Producción Escénica de la Sierra Austral – en colaboración con El Refugio Teatro de Pigüé -, y el ciclo “Mamá, quiero ser artista”, en Timbre 4. El 2020 comenzó con medio año programado, una nueva coproducción para estrenar, siete unipersonales en residencia, un programa de formación escénica anual en provincia y la presentación del (FIU) Festival Itinerante de Unipersonales, que vería luz en junio en el Teatro Estudio de La Plata. Por si fuera poco, Espacio 33 fue el primer teatro con verdulería orgánica en CABA, lo que proporcionó un nuevo y singular vínculo con el barrio. Todo Elijo subrayar los planes perdidos porque todo anunciaba un gran año de gestión. Paradójicamente, somos una de las primeras salas independientes que cierra sus puertas durante esta compleja situación pandémica. Para nuestra economía de subsistencia, el cese total de actividades fue demoledor. Tampoco el futuro que se anuncia con plateas reducidas y protocolos funcionales, resulta viable. La decisión del cierre fue violenta por lo indeseada, pero también unánime.

Una sala no es solo un lugar donde se realizan obras de teatro. Su valor como punto de encuentro e intercambio para la comunidad es invaluable. Los amigos frecuentes de la casa, los socios habituales que nos acompañaron como docentes, creadores o público, son muchos, tantos que enumerarlos es imposible. No obstante, dejó acá para ellos, en nombre del equipo, nuestro profundo agradecimiento. Los vínculos de formación y desarrollo, la posibilidad de dar lugar a quienes comienzan y de ofrecer contenidos alternativos desde la periferia del sistema, fueron certezas que se afianzaron en estos cuatro años y medio donde nada fue fácil. Defendimos que la cultura es esencial y elegimos una y otra vez el teatro como ámbito de crecimiento personal y colectivo. Asumimos la responsabilidad de mantener un espacio cultural y cerramos esta etapa con la satisfacción de haber logrado mucho más de lo que considerábamos posible.

Espacio 33 cierra su sede en Boedo en las próximas semanas, pero nos vamos sabiendo que un lugar no hace el teatro, sino la gente que lo habita. Compartimos los cuatro peores años de gobierno neoliberal que hemos conocido, pero no nos unió el espanto, sino el amor por nuestro oficio. Ese amor fue la excusa que encontramos para conocernos y convertirnos en uno de esos raros equipos donde todo se discute y resuelve. Cometimos errores pero hoy, ahora que no podemos abrazarnos, ahora que no sabemos cuándo podremos compartir un mate sin miedo, ninguno dudaría en volver a equivocarse con esta compañía. La sala cierra, pero seguiremos dando vueltas mientras el mundo precipita su caída. Quiero creer que encontraremos modos de insistir.

Deseamos que este cierre no sea uno más entre muchos. Esperamos que el Gobierno de la Ciudad, que tanto se vanagloria de nuestra actividad escénica cuando de festivales y referentes internacionales se trata, sepa reconocer en esta emergencia su gran oportunidad para enmendar errores. Tienen acá y ahora la ocasión de acompañar a creadores, salas de teatro y gestores culturales con un fuerte apoyo económico e institucional que reconozca su valía. Si no lo hacen, si continúan sin estar a la altura de las circunstancias, el teatro independiente será diezmado. No será víctima de la pandemia, sino de la falta de políticas culturales y de gestores competentes que reconozcan la importancia de su tarea e instrumenten medidas para que el ecosistema teatral porteño pueda enfrentar los arduos años que se avecinan.

Por Macarena Trigo

 

Espacio 33 son Brian Bozikovic, Lucas García, Fernando Del Gener, Lucía Fucci, Jimena López, Nora Martínez, Delfina Oyuela, Giuliana Panico, Ary Pardal, Soledad Peralta, Macarena Trigo

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