Desde la potencia del movimiento feminista, Sofia Guggiari cuestiona los límites de la validación del arte, invitando a un estallido de subjetividades que desautoricen cualquier legitimación del status quo cultural.

Hace poco fui invitada para conversar de feminismo y subjetividad por la

Comisión De Género de la región Amba del Movimiento Federal de la Danza.

Comisión integrada en su mayoría por trabajadoras de la danza de distintos estilos lenguajes y estéticas, pero unidas por la misma inquietud ¿Por qué pensar en el atravesamiento feminista en las prácticas culturales?

Lejos de suscribir a una cuestión meramente de género, la pregunta inaugura un mundo de nuevos interrogantes que movilizan lxs integrantes de la comisión y a quienes se acerquen a conversar con ellxs  ¿Quiénes producen el mundo hegemónico de la danza, del teatro, de la música, de la cultura en Amba, quienes entran, quienes quedan afuera? ¿Cuál es el relato de la cultura oficial? ¿Qué danzas y prácticas artísticas han quedado desterradas de las geografías del mercado?¿Se puede pensar una danza o cualquier práctica cultural separada de sus condiciones de existencia?  ¿Quienes fracasan y quienes tienen éxito? ¿Qué hacer con ese fracaso? ¿No es el fracaso acaso un motor para la invención?

Lo que queda claro, el feminismo  ese movimiento  que viene a cuestionarlo todo

 

DESOBEDIENCIA CULTURAL

Las preguntas  insisten, generando de a poco el zurco por el que correrán las nuevas aguas. Cuestionamientos, sensaciones, miedos, historias, enojos y alegrías.

El relato de la desobediencia se produce en paralelo en el que se despliega el relato de la hegemonía que organiza y distribuye los cuerpos en dos: los que hablan y han hablado siempre,  y los que han quedan en silencio para no molestar.

Es el momento histórico de que empiecen a hablar, es el momento de hacerlos bailar, actuar, cantar, sonar. Romper el silencio de la no oficialidad. Hacer más que mercado, desobediencia cultural.

¿Cómo operan nuestras propias morales y resistencias? ¿Cómo opera el discurso del éxito en nuestra cotidianidad y en nuestra micropolítica? ¿En las maneras de relacionarnos, de habitar, de ensayar, de armar alianzas para producir?

¿Es el éxito el imperativo que inventa quien fracasa y quien no?

 

EL FRACASO COMO POTENCIA

El fracaso en todo caso se vuelve la potencia para esa fiesta opuesta a la  manía neoliberal que convierte al arte en una carrera desesperada por el prestigio, nada más mentiroso que el aplauso del mercado.

Todxs somos bailarines cuándo pensamos en el entramado de la producción cultural. Porque bailar  es todo aquello que hacemos también cuándo jugamos, cuándo actuamos, cuando hacemos música, cuando inventamos una forma o un color, un escrito o una escena.

Entonces, se vuelve urgente como estrategia política feminista cultural bailar contra el mercado y contra el éxito. O más bien que el cuerpo subversivo e insurrecto  baile su danza y produzca un terremoto. Ese terremoto de los cuerpos que han sabido de los bordes y han temido caer.  Que se pierda el hilo y hagan también entonces perder los hilos que sostienen la cultura de la exclusión y el prestigio.

Habitar-se ahí, siempre con otrxs, en la quebradura,  en lo abismal de esa música que no sabe sonar, que suena mal, que no se escucha desde Puerto Madero, pero desde Puerto Madero temen que se pueda escuchar.

Bailar desde la política de la vida que brota buscando su lugar. Bailar la historia oculta de los cuerpos que bailan y bailaron siempre pero al costado, en la no-oficialidad.

Bailar lo imbailable, y si, bailar la frustración  de ese cuerpo que no llega al escenario premiado, para mostrarse ante los ojos blancos y privilegiados, en la ciudad más rica de la Argentina (o porque no cualquier ciudad capital) pero con más bailarines  muertos de hambre de los que pueden bailar.

Y entonces, decir lo que no se quiere decir porque no es cool, o porque después “no te van a llamar”.

Moverse como no se quieren mover.

Actuar lo que nadie quiere actuar.

Producir la música que no puede sonar.

Politizar el cuerpo que produce cultura. Y politizar la cultura de los cuerpos

Darle una historia o un correlato a ese cuerpo sin mapa y sin política del cuerpo. Si no se encuentra, inventarla.  Que no sea solo pedazos o fragmentos de los buenos. Aborrecer la política de los buenos cuerpos y de los lindos cuerpos, de los cuerpos permitidos o autorizados. Huir de la academia o mejor bailarla toda encima, hacerle la gran fiesta. La fiesta del fracaso o hacer del fracaso un enfieste. Y no como romantización sino como un manifiesto político.

 

GEDENCIA Y NO GERENCIA

Ser la gedencia y no la gerencia de la cultura. Ser lxs desprolijxs. Lxs que caen siempre un poco mal. Bailar hasta que lxs caretxs se espanten de los demonios que nos habitan. Hasta que entremos todxs, ni unx afuera y que seamos tantas que hagamos explotar: ni adentro ni afuera .

Producir temblor; que tiemblen hasta lxs que no quieren temblar. Lxs que cierran sus puertas, lxs que buscan la privacidad o la cultura de lo privado.

Desobediencia, arte y gedencia.

Si, quizás es mucho, pero como dije antes, el feminismo, ese movimiento que viene a cuestionarlo todo.

 

 

 

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