Armamos alianzas para producir y escribir en el abismo, la intemperie, y también en el encierro. Aquí nuestro mapa a modo de cartografía afectiva  y nuestro despertar sobre la serie británica producida por AMAZON PRIME Fleabag, escrita y protagonizada por Phoebe Waller Bridge.

Lo voluptuoso por Frida Jazmin Vigliecca

Nunca tan culpable por estar con el hombre equivocado robándole un suéter a tu hermana mientras  odias a la mujer de tu padre cuando te enamoras de un sacerdote gustándole a tu cuñado queriendo tener el cuerpo de una modelo mientras recitas de memoria los mandamientos feministas al grito de un orgasmo infinito.

Fleabag es desborde, es la muestra ferviente de una existencia caóticamente vital.
Ingobernable es el deseo, desobediente es el cuerpo que se infringe soledad mientras la amistad parece esfumarse en un recuerdo. Una unión por sangre hermana a alguien muy diferente a una pero que sin dudarlo sería el sujeto por el cual se daría la vida.
Lo inexplicable del lazo que conforma una red ancestral, teje gen con gen, puntada tras puntada inconexa el devenir karmático de amor odio que sabe alejarse permaneciendo, todo en un mismo ovillo.
¿Cuánto tiempo podemos estar mal? ¿Quién pone los límites? ¿Es mi placer un compañero inefable? En un mundo tan mediatizado y sobreestimulado ¿encontrar el silencio de la soledad es, por un instante, una forma de autoconocimieto?
El cuerpo pulgoso (fleabag) es un cuerpo dando tumbos, vibrando turbado y conturbado sin horizonte claro y en soledad, sin significar esto algo malo en sí mismo sino, por el contrario, se presenta como  la búsqueda inquietante e impredecible de encontrarse a sí mismx para luego poder ser con otrxs, pero primero ser en una.

Es la belleza estremecedora de fleabag con su tragedia y comedia ácida la que nos conmueve y atraviesa. Y es su gran acierto el presentarse como una explosión reluciente de oscuridad ya que no tiene miedo de reflejarnos frágiles, porque allí reside la fuerza.

La serie es una oda al feminismo constructivo, multiforme y reflexivo pero sin ser su  protagonista la heroína que adoctrina con parábolas feministas que vienen a alumbrarnos el camino sino que elige, por el contrario, el sendero pedregoso. Episodio tras episodio la culpa por el placer femenino, por el deseo sexual sin tapujos o por sentir odio, celos, ira  y autodestrucción o amor desenfrenado se instala dentro de un pecado femenino atávico, donde recurrir a una bajada de línea teórica rebuscada o académica no se presenta como opción. Más bien su popularidad y empatía revienta por la singular historia de una mujer que ha tocado fondo por percibirse contemporánea de un mundo lleno de desigualdades.

Es por ello que no hay en fleabag una mirada moral en relación a nada, hay sí una vida sensible, una sujeto que se funde en las profundidades de su dolor para habitarlos, sin hipocresía, mirar frente a frente a los fantasmas y tener la valentía de vivir en un mundo preciosamente horrible con drama, ironía y amor.

 

Lo inmanente por Sofía Guggiari

“lo único que tenemos es la gente” “tengo miedo de olvidar a la gente”

Une retorna siempre. Retorna a aquel lugar que alguna vez por más terrible, fué un lugar. Retorna por que la idea de que no haya un lugar a dónde volver se vuelve insoportable.

La serie en principio habla, y eso ya produce un temblor – puedo dar fe como psicoanalista y paciente que hablar no es fácil-  Es excéntrica, directa, errática, incorrecta y contradictoria, como la vida. Hay un afecto extraño, una incomodiad permanente, entre el entramado de escenas e historias que siempre rodean, insisten, con aquello tan imperceptible que se escabulle siempre al relato pero se presenta contundente: la muerte y la vida juntas.

Hablan las ficciones familiares, el dolor y el espanto, lo que nos hace reír con ganas, lo que nos excita, la amistad, la culpa, el reproche, la ironía, la complicidad, la sexualidad, la feminidad, la insumisión, el afecto, y también y como lo más singular  habla la soledad. Y no como un estado indeseado; si no la soledad como un territorio o como un encuentro. O mejor dicho la búsqueda de eso y su peligro. La búsqueda justamente de un lugar posible ¿a dónde volver? para que exista o se despliegue la ternura o lo horroroso, el frío o el calor, dónde se extienden las mil formas de lo íntimo,  del sexo, de la locura y del riesgo.

Fleabag habla desde su imposibilidad, desde la equivocación, desde la incomodidad. Pero también desde su audacia ; su fuera de borde la vuelve irreverente, ese es su agite. Su falta de respeto enamora y se enamora ella, Fleabag, de lo ilegítimo y lo indebido. Habla de la potencia insurgente, de lo obsceno de lo erótico, que irrumpe, y que pone en contraste y denuncia su contrario: el sometimiento.

Creamos un mundo y lo vivimos; y también inventamos con furia y entusiasmo los modos para desestabilizarlo. Tratamos de ser valientes pero no sabemos bien cómo hacerlo. No entendemos porque la insumisión se nos escapa todo el tiempo, y se nos revela en los momentos menos esperados. Esa soledad, no individual si no singular, esa fragilidad de la existencia como una brújula para destrozarlo todo, aunque sea un instante. Ese gesto de ternura que a veces sin saberlo, ni proponérselo, se convierte en el acto más subversivo. Fleabag habla, muestra una existencia, una vida,  ese momento que hace temblar la tierra, y que luego se desvanece, para volverlo todo otra vez a esa ficción insoportable, o tolerable en los mejores casos.  Habla sobre la inmanencia y su poder.

Y habla esa potencia tan sutil, hermosa y monstruosa -que nos enseño el feminismo- de la desobediencia.

Sofia Guggiari Psicoanalista, actriz, escritora

Frida Jazmin Vigliecca Lic. en Actuación, actriz, directora y arteterapeuta.

 

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