Destratada por la Secretaria de DDHH, Para todes, tode. Plan de lucha, expo curada por Kekena Corvalán, se aventura al hecho inédito de cruzar género y memoria.

“Los elementos exhibidos en la muestra Para todes, tode recientemente inaugurada en el Centro Cultural Haroldo Conti, no representa manifestación alguna de la secretaria de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación” ¿Cuáles son los elementos exhibidos? Varios, ya que la muestra citada contiene los trabajos de más de 100 artistas feministas, lesbianas y trans no binaries que van desde grabados, serigrafías, performances, reescrituras de manifiestos (como el de Delia Cancela, intervenido por Sasa Testa), la recuperación de los dibujos hechos durante el trabajo antropológico de Rita Segato hasta la vedette excéntrica de todo el bardo: La virgen abortera. Es por esta estatua  y no por otra cosa (corre el rumor que van algunos a rezarle) que la Secretaría de DDHH se devela  y exhibe sus intensiones vetustas. La curadora de la exposición Kekena Corvalán, docente e investigadora, desactiva este berrinche y prefiere hacer un ejercicio de totalización de Plan de Lucha. La muestra sintetiza en el espacio de la ex-ESMA memoria y género en un contexto social donde las reescrituras disputan la primacía de estos dos términos en tensión.  En la misma zona donde los cuerpos fueron abollados estos se redimirán en busca de un futuro esplendoroso, siendo esta vez los victimarios del poder quienes se arrojen al mar de la vergüenza que tienen.

-¿Crees que la polémica generada por el tweet de la Secretaría de DDHH despegándose ideológica y éticamente de “La virgen abortera” es una estrategia de vulgarizar la muestra en su totalidad, de neutralizar todo su contenido potencial?

-Sí, yo creo que es un elemento más de esta política de vaciamiento. La escultura que representa a la virgen con el pañuelo verde fue la excusa para profundizar el desprestigio hacia todo lo que implique un pensamiento crítico. Porque yo entiendo que algunas obras, como esa concretamente, pero hay otras, puedan ofender a cierto fanatismo eclesial, y entiendo que moleste al sector anti derechos, pero lo que es repudiable por parte nuestra es que el gobierno tome partido por ese sector. Repudiable y coherente con toda la política anti derechos que vienen llevando. La expo molesta desde su título expresando haciendo un juego poético con el lenguaje inclusivo, y desde su subtítulo, que es en realidad el título original: Plan de Lucha. Habla de una reivindicación concreta de un espacio como el Conti, un lugar que no baja los brazos, y de un cuestionamiento de la derecha a ambos conceptos: Géneros y Memoria. Porque hay un ataque en esto a esos dos ejes.

-¿Qué Memoria archivan los cuerpos femeninos/lesbo/trans  y crees que todavía no fueron escritos/representados/revisados?

-Creo que ya hablar de que esta es una exposición de artistas mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries, es la mejor obra colectiva que pudimos haber imaginado entre todes. Creo que poner en un mismo sintagma todas esas identidades o identificaciones fluctuantes, es lo más potente que pudimos haber hecho estando juntes. Es inédito el gesto. Eso ya es hacer estallar esa memoria archivada de les cuerpes otres. Desagregar de la palabra mujeres, la palabra lesbiana. Yo soy una curadora feminista, y soy una curadora lesbiana. No es que haya algo particularmente específico, no hay ningún dato esencial en decirme curadora lesbiana. Hay en ese gesto la posibilidad de enunciar y sacar de la invisibilidad que esconde la palabra mujer, las otras chances, trans, lesbianas, no binaries. Tenemos claro que este gesto es el punto de partida. Y tenemos claro también, que es un gesto doble, porque por un lado condensa años de debates y luchas que nos precedieron, y por otro provoca todo un replanteo dentro del campo del arte y la curaduría, introduciendo, ni más ni menos, el cuerpo ya no como objeto de reflexión artística y expositiva, si no el cuerpo como sujeto deseante que acciona y transforma desde el lugar de la vulnerabilidad y la resistencia, o sea, lo performativo que puede tener el deseo de fluir desde nuestras subjetividades, la revolución de la intimidad haciéndose cargo del espacio común.

¿Son el arte feminista/queer las únicas formas de contrapoder real en la actualidad? ¿Qué luchas deben darse?

-La cuestión de los géneros en disputa es un frente que cataliza y motoriza en este momento todos los frentes. El feminismo va por todo, se mueve como un movimiento transversal, está en movimiento constante, disputa territorio al mismo tiempo que los deconstruye y reconstruye. Por eso su carácter más inasible, porque tiene una racionalidad otra, una lógica amorosa muy particular que desafía lo que hay. Y lo que hay es un avance de la derecha, las luchas deben ir hacia allí, sacarnos esa derecha de encima que gobierna regional y mundialmente. La nuestra es una política del deseo, que vuelve a emerger, porque por más que la traten de soterrar, siempre sale. El deseo colectivo. Y ese deseo, reitero, va por todo. Lo coyuntural, la lucha de estos segundos de la historia, la mesopolítica digamos, es que se vaya esta runfla de saqueadores profesionales que endeudó el país y empobreció la vida desde hace 3 años. Esa lucha hay quedar, contra el neoliberalismo. Lo novedoso es que esta política del deseo vincula la escala íntima con la escala global. Hablamos de sublevarnos en las camas y en las calles, de cambiarlo todo. Y quizás este sea el sesgo que aporta el transfeminismo a la cuestión: revolucionarlo todo.

Sublevarse en la cama. Revolucionarlo todo. Ya no hay un refugio cagón en la posideología, en la sociedad como un todo orgánico sin clases ni conflictos ni utopías. Toda acción es operación ideológica discursiva y material. Para todes, tode. Plan de lucha obliga al enrolamiento en la batalla cultural. A una autoconciencia de la subjetividad como micro-estructura política.

Una pregunta más personal. ¿Hay algún cambio de posición subjetiva  luego de haber atravesado la experiencia de la muestra?

-Qué linda pregunta, porque nadie sale inmune de una experiencia como esta. Yo nunca soy la misma luego de hacer una curaduría. Hoy siento toda la potencialidad del estar juntes, de haber logrado una movida colectiva como esta afectándonos mutuamente, aprendiendo tanto, incorporando tantas voces, en una polifonía que nos da una potencia increíble. Me siento mucho más potente, me siento formando parte de algo que vale la pena, siento que hay una ética curatorial que despierta, y permite conectar la ética política y la poética, un nuevo re enlazar arte y vida.

Por Juan  Ignacio Crespo.

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