Hasta que no me puse a pensar en ello, no me daba cuenta que la amistad está en todos lados. No pasa desapercibida. Es un lazo que existe, y a diferencia de las relaciones amorosas sexoafectivas, pareciera que no se le dedican ni tantas poesías, ni temas, ni libros, ni obras ni películas. ¿Pero no es acaso ese vínculo del cual deberíamos hacer medida de todos los otros?

En principio, cuando hablo de la amistad, primero quiero hacer hincapié y diferenciarlo de cualquier vínculo que puede funcionar como un lazo de extractivismo afectivo, formas mercantilistas de relacionarse. Tampoco me refiero a esas  complicidades o cofradías entre sujetos para mantener privilegios.

Por otro lado, mi intención  no es enaltecer ni idealizar. Es pensar los modos en que se expresa su lógica, ética y erótica para usarla como brújula en la producción de movimientos  inéditos. Modos en los que amamos deseamos y nos erotizamos. Maneras de hacer mundo.

 

Amistad y familia

La amistad a diferencia de otros vínculos, principalmente el del maridaje y de la pareja en la heteronorma, no cumple una función social de reproducción. Su fuerza singular es esa. Nadie continúa una amistad por mandato a la producción de una manera de existencia hegemónica, por ejemplo, la familia heteronormada. No hay promesa de pertenencia, de reconocimiento, de estabilidad, de felicidad. La amistad acompaña. A pesar de las soledades y en las singularidades. No sirve para algo. Es presente y no futuro. Es red y no progreso. Satélite de la conformación familiar moderna. A veces no encaja en esta configuración. A veces encaja tanto que se lxs nombra “la familia elegida”.

Esta división tajante entre amistad/pareja refleja la manera en la que se distribuyen las fuerzas erotico amorosas en las sociedades heteronormadas occidentales: privado o doméstico/público, personal/social. La desexualización de los vínculos públicos que no cumpliran el rol de la reproducción, y el enfrascamiento en el ámbito doméstico de aquel lazo íntimo o privado,  destinado a la conformación y reproducción de la familia.

 

Amistad y poder

Lazos herejes, complicidades peligrosas, circulación de información y  afectividades anómalas. La amistad para el poder siempre significó cierto peligro.

Por ejemplo en la quema de brujas los lazos por fuera del maridaje eran considerados signos de conspiración satánica, especialmente para las feminidades.

Incluso, pensemos en la dictadura en nuestro país. Prohibidos los encuentros y las reuniones, cualquier gesto de alianza político/afectiva era una subversión. Y  las agendas con los nombres de lxs amigxs y  amantes de lxs que eran detenidxs ilegalmente, funcionaban de  mapas para las próximas detenciones y desapariciones.

Ese lazo donde se detiene el tiempo de la productividad del capital. Con lxs amigxs se sale, se gede, se jode. Aparecen otras producciones vitales: el aquelarre y la fiesta. Territorio donde se desdibujan las ocupaciones, los mandatos, el género, la temporalidad. Su no funcionalidad en la reproducción de la sociedad patriarcal-capitalista la vuelve incodificable para el ordenamiento hegemónico.

 

Amistad, política y erótica

Señal de que algo está vivo. Pulsa y se escapa a la sujeción de las formas conocidas y previstas.  Alianza amorosa y política. Apuesta a una ética de lo igual en la diferencia. Convoca a la idea y experiencia de lo común. Refugio no edípico.  Lazo rizomático y expansivo.

Su erótica es la del pliegue, la del instante, la del roce y la caricia. La del borramiento entre lo personal, lo político, lo doméstico y lo público. No hay pretensión. Ni ideal. No intenta la pureza. No se cancela.

Hay mil maneras y formas de amarnos lxs unxs con lxs otrxs. ¿Pero será la amistad ese amor insurrecto?

Por Sofia Guggiari

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