Vivo con mi pareja, nuestro departamento es pequeño. Tiene dos ambientes con balcón francés. Cuando nos enteramos del coronavirus decidimos resguardarnos en nuestra casa. Cuando pasaron los primeros días de la cuarentena, estando encerrados, me comenzó a pasar que necesitaba luz de sol, o Vitamina D si se quiere. Me di cuenta que el departamento no esta preparado para pasar esta cuarentena, no tenemos patio y el sol apenas entra por el balcón. Solo entran unas líneas de luz natural en el comedor y el baño. Esa idea me dio angustia y ansiedad, así que tomé el poco de sol que entraba por la ventana del baño. Mi viejo me envía un mensaje pidiéndome que saque fotos dentro de casa. En este caso la tarea de fotógrafa se volvió un desafío ya que mi casa es pequeña. Entonces, arranque con la cámara. Trabajé la observación. Desde que entendí la observación fotográfica como concepto comencé a descubrir muchas formas, las texturas, las expresiones, las diferentes luces, las sensaciones, etc. Aprendí a ver esas cosas que se pueden llegar a ver más allá de una casa pequeña. Entendí que puede llegar a ver una belleza particular en cada objeto, en cada momento. Cuando el Gobierno decidió extender más tiempo, seguí con el objetivo de hacer fotos en mi casa, en las condiciones de producción que tengo. Por momentos me sentí angustiada y tuve ansiedad. No solamente hago fotos, si no también cocino, limpio y nos acompañamos con mi pareja. La fotografía y la cocina me ayudan a tener paciencia, me tienen ocupada para evitar el aburrimiento y el encierro. La cuarentena es difícil. Mi reloj biológico ya es cualquier cosa. Me levanto tarde, duermo tarde, duermo poco o duermo mucho. Extraño a mi familia, mis amigues. Extraño los domingos familiares. Extraño tomar una birra y comer hamburguesa o comer helado afuera. Extraño tomar un café en una cafetería. Extraño caminar por las calles. No sabía que estas cosas pequeñas son una felicidad para mí. En este tiempo, con mi pareja disfrutamos la mutua compañía, mirar películas y series en Netflix, etc. Las calles están vacías. En las calles las historias están quietas. No hay movimiento. Somos nosotros, los humanos, los que movemos las cosas. A partir de movimientos creamos una historia. Somos lo que creamos la historia. En esa historia somos el personaje que elegimos ser, que queremos ser. La historia transcurre ahora dentro de la casa. Ojalá que un día la pandemia termine y salgamos a las calles a crear muchas historias lindas.

Por Marianella Sabbadini     

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