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Un zigzag en el vacío: embrujos de una escritura emancipatoria 

CAMILA SOSA VILLADA REPASA SU RECORRIDO, EXPERIENCIA VITAL Y PERSPECTIVA ACTUAL  A TRAVÉS DE SUS ÚLTIMOS LIBROS EL VIAJE INÚTILLAS MALAS” TESIS SOBRE UNA DOMESTICACIÓN . 

Nos encontramos con la escritora, dramaturga y actriz Camila Sosa Villada en El Bolsón. Vino desde Córdoba, donde vive, invitada a participar del 12° Festival diversx y disidente, para presentar Las malas (2019), su anteúltimo libro. Confiesa que es la primera vez que lo hace en un marco transfeminista torta mariconil, rodeada de un público “que entiende todo” pero al que compartirá el desafío de entender que el travestismo ya no es el tema central de su vida. Y además redobla la apuesta: invita a pensar su literatura fuera de los cánones de lectura preestablecidos: no es autobiografía, no es novela, no es verdadno admite compasión, no puede ser atrapada y domada, es su lengua, la lengua travesti por la que quiere ser recordada, dice. Tesis sobre una domesticación, su último libro, forma parte de este posicionamiento, así como el tono mexicano en el que habla: desorienta en su zigzaguéo, imposibilita la definición, hackéa el sistema de verdades lógicas y sentido común con su solo estar siendo lo que quiere. Potencia vital y revolución emancipatoria      

Necesitamos reexistir, ir hasta el final, defendiendo lo que creemos a pesar del miedo.

El 24 de septiembre de este año, el actor brasileño José Neto Barbosa fue apedreado por un grupo de personas que se encontraban entre el público, durante la función de su obra, La mujer monstruo, en Jaboatão dos Guararapes, Brasil. En ella se denuncia la situación política y social de su país, mostrando las diferentes caras de la intolerancia derechista y el odio, en boca de una mujer encerrada en una jaula.

En esta entrevista, José nos cuenta cómo vivió ese momento y el estado actual del arte en el escenario político que plantó el gobierno de Bolsonaro.

Degenerar la norma hasta que solo quede música: 

A escribir que se acaba el mundo. 

Poner en tensión la dramaturgia y las formas literarias. En esta entrevista Ariana Harwicz reflexiona sobre las posibilidades de los soportes y los procedimientos de la escritura.

Pianos acelerados y metrónomos interiores anuncian la llegada de un circo grotesco al interior de un pueblo fuera del tiempo: comienzan a aparecer bicharracos peludos, gallinas que se chocan, cobayos masticando engrudo; zorritos, salchichón; jueces y gendarmes actuan entre nieblas y neviscas que se van y vuelven; entre corazones degenerados que se confiesan, rodeados de mariposas aplastadas.

El hombre moderno actúa como si no debiera morir 

En esta entrevista Juan Coulasso reflexiona sobre la experiencia nómade de Un obra más real que la del mundo. El cementerio de la Chacarita como Necrópolis estética 

“Todos estos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir” 

(Roy Batty, Replicante en Blade Runner) 

Nomadismo en busca de refugio ante la violencia sospechosa del cosmos. Búsqueda de nuevos suelos y fauna para la alimentación. Nomadismo y los orígenes de la representación: algunxs morían, se iban quedando pero había que avanzar sin más (aún la Idea de individuo no gozaba de concepto).Más adelante se lxs recordaría y se lxs imitaría. Origen de la Mímesis ritual: asimilarse a otro por gestos y voz; producción de apariencias. El material genético del teatro es la sustancia de la Memoria, de lo Divino y la Muerte. Una obra más real que la del mundo mundo dirigida por Juan Coulasso, en colaboración dramatúrgica con Victoria Roland, y la compañía “La mujer mutante” es una experiencia de nomadismo, de desplazamiento estético de riguroso silencio, de reivindicación histórica de un territorio de la ciudad (Chacarita) que sirve de archivo de la memoria de los nadiesLos cementerios son museos de la existencia. Casi como una crítica al sedentarismo teatral, Juan Coulasso comenta la creación de una pequeña maquina nómade a partir de un espacio que termina en el límite de la mirada: “Esta obra jamás podría haber sucedido adentro de un teatro, porque el movimiento que la impulsa es precisamente salir al encuentro de lo real. Siempre sentimos que el espacio de este experimento tenía que ser el mundo, con su hiper-realismo como escenario. Queríamos robarle al cine la aventura de lo real: pavimento, cielos, árboles, edificios. Esta obra nace a partir de una serie de caminatas a la deriva que nuestra compañía La mujer mutante hizo en el año 2018, en el marco de los Foros de Barrios Creativos, por lo que nosotrxs llamamos la República de Chacarita, cuya mítica fundación coincide precisamente con la creación del cementerio. Recorriendo sus calles, entendimos que Chacarita no sólo es un típico barrio porteño, sino que además es el barrio que custodia ciento cincuenta años de historia, tres generaciones de ciudadanxs, ¿cómo se habla de Chacarita sin contemplarlxs a ellxs? Casi toda la tierra que pisamos está llena de nuestrxs muertxs. En esta obra, se escurre nuestro homenaje a todxs ellxs, nuestro humilde intento de reflexionar sobre ese abismo que es la muerte, en medio de una realidad muy agitada en la que nos toca vivir y sobrevivir. Como sabemos que toda experiencia es más constructiva si la elaboramos colectivamente -de eso se trata el teatro, ¿no?-, la obra se organizó a partir de la idea de conformar una comunidad circunstancial para realizar una caminata a la deriva por este sitio, es decir, por el Cementerio más grande de nuestra ciudad.” 

Nuestro país fue un laboratorio biopolítico

La máscara Foucault hace un repaso de la vida intelectual y privada del pensador francés. Su autor Tomás Abraham toma prestadas herramientas epistémicas para hacer una lectura de las producciones políticas locales. La biopolítica en la Argentina.

El teatro trabaja siempre en los límites que le deja el poder

Después de Terrenal, Mauricio Kartún estrena La VisCómica  en el Teatro San Martín. La desmedida asimetría entre el Arte y las formas del Poder tomando al Virreinato como fábula histórica.

Será la Sala Cunill Cabanellas la pista de un circo, o de baile o de muchas otras cosas del siglo XIX.  Hasta habrá unas candilejas. Kartún hará texto escénico nuevamente con  el texto infinito de la Historia. Esta vez se preguntará por el vínculo entre los artistas contra ese edificio de granito que no existe formalmente pero que distribuye Fuerza (discursiva o de la otra): El Poder. “El teatro es una cuestión de Estado, moralmente sospechosa” – dice Badiou. “El teatro trabaja históricamente siempre en los límites que le deja el poder” – dice Kartún. Si el Poder es siempre un dispositivo de captura (para usar términos Kitsch de la liturgia foucaultiana que  anudan bien estos temas), el artista debería ser un permanente fugitivo. Creemos que es cosa juzgada; que el artista siempre perderá. O se traiciona a sí mismo y juega para el patrón (en mayor o menor medida), o se reconfortará en el anonimato. Conmueve saber que alguien, Kartún en este caso, se pregunta  por la cuestión abriendo el expediente. No pedirá la revolución (lo deja claro en la entrevista) disfrutará de ciertos bufones que “le mojan la oreja” y “le toquen el culo” al “Gran Jefe”. ¿No parece demasiado mínimo el efecto del arte sobre el Poder? Quizás sí. Tenemos el consuelo de que aún sabiendo que  ÉL con todos sus recursos saldrá victorioso en esta asimetría, sigue habiendo  creadores que lo desafían y  se le paran de manos para joder nomás. “Por supuesto cada obra lo hace en la proporción de una cagadita de mosca sobre el mural, pero hay tantas moscas en la vida…” – dice Kartún. Los dípteros y sus heces como negatividad absoluta. Algo es algo.

Las grandes obras maestras del siglo XXI son series.

Tarantino, Netflix y el capitalismo estético. El teórico Domin Choi analiza la contemporaneidad desde las artes visuales logrando una mirada lúcida y personal.

Los  teóricos  no deben hablar para sí mismos  y sus colegas.  Dan ganas de irse a las manos con ellos  por su jerga misteriosa. Debería ser considerado un delito intelectual que un pensador codifique sus textos volviéndolos inaccesibles para el gran público ya que “el crítico” construye también el “objeto artístico”.  O sea, tiene una función social. Domin Choi, docente en UBA, la UNA y la FUC parece estar en desacuerdo con este encriptamiento teórico y en su reciente libro El fin de lo nuevo lee la contemporaneidad desde las herramientas que le brinda diferentes teorías volviéndola legible para un público amplio. Su texto conecta y sintetiza los conceptos de ese dialecto narcisista donde Agamben, Deleuze, Zizek, Derrida, Benjamin, Daney, entre otros, parecen estar en un bar jodiendo y comentando sus ideas sin tanta vuelta. Choi traduce, se comunica y esto le permite analizar sin prejuicio las producciones de la “industria cultural” y postular estas mismas no como mero efectos de los procesos económicos, históricos y sociales. Entender el mundo a través del cine. Es una posibilidad.

La emoción estética es más revolucionaria que la emoción política

Daniel Veronese afirma su potencia como director y defiende la intuición como única guía de sus procesos creativos en dos experiencias concebidas como laboratorios escénicos.

¿Puede ser un director de teatro un militante de la fenomenología? ¿Puede tomar los “entes”, las “cosas” que aparecen en la escena como datos de la conciencia y argumentar solo con eso su trabajo? “Yo trato de no teorizar sobre mis procedimientos a la hora de la creación porque me da miedo plagiarme o copiarme. Entro en una obra y no sé qué voy a hacer. Lo verdaderamente revolucionario pasa ahí: cuando me encuentro con los actores. Y necesito que ellos tampoco tengan idea, por ejemplo que si vamos a hacer Chejov no me digan que lo conocen porque no vamos a hacer eso. Vamos a hacer teatro” – dice Daniel Veronese en su defensa a la intuición como centro de su trabajo.

“Hay que salir de un discurso de la derrota”
Trabajando con un texto de Susana Torres Molina, Juan Pablo Gomez pone en escena un momento clave de la militancia en los 70 en el corazón del Teatro Oficial.

“Durante todo el lunes, Graciela Daleo (militante de Montoneros) se dedicó a llamar a una serie de radios, desde distintos teléfonos públicos. Y también a su teléfono de control:
-Digale a Tonutti que el Doctor Black dice que le tiene que llevar la televisión lo antes posible.
Tonutti era el nombre del militante que recibía el mensaje, doctor Black, la clave para el negro Quieto, y la palabra televisión en medio de cualquier mensaje significaba que había un problema grave.
Roberto Quieto había sido el líder histórico de las FAR y desde la fusión con los Montoneros solía aparecer como el segundo de Firmenich (…) En ese momento, Quieto era el responsable del aparato militar y era uno de los jefes con más historia y popularidad: era el único con más de 30 años y era muy querido y respetado por los militantes que contaban sus historias casi míticas sobre su pericia militar. Su pistola ametralladora, se decía, era un regalo de Fidel Castro.