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Entrevistas

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El teatro trabaja siempre en los límites que le deja el poder

Después de Terrenal, Mauricio Kartún estrena La VisCómica  en el Teatro San Martín. La desmedida asimetría entre el Arte y las formas del Poder tomando al Virreinato como fábula histórica.

Será la Sala Cunill Cabanellas la pista de un circo, o de baile o de muchas otras cosas del siglo XIX.  Hasta habrá unas candilejas. Kartún hará texto escénico nuevamente con  el texto infinito de la Historia. Esta vez se preguntará por el vínculo entre los artistas contra ese edificio de granito que no existe formalmente pero que distribuye Fuerza (discursiva o de la otra): El Poder. “El teatro es una cuestión de Estado, moralmente sospechosa” – dice Badiou. “El teatro trabaja históricamente siempre en los límites que le deja el poder” – dice Kartún. Si el Poder es siempre un dispositivo de captura (para usar términos Kitsch de la liturgia foucaultiana que  anudan bien estos temas), el artista debería ser un permanente fugitivo. Creemos que es cosa juzgada; que el artista siempre perderá. O se traiciona a sí mismo y juega para el patrón (en mayor o menor medida), o se reconfortará en el anonimato. Conmueve saber que alguien, Kartún en este caso, se pregunta  por la cuestión abriendo el expediente. No pedirá la revolución (lo deja claro en la entrevista) disfrutará de ciertos bufones que “le mojan la oreja” y “le toquen el culo” al “Gran Jefe”. ¿No parece demasiado mínimo el efecto del arte sobre el Poder? Quizás sí. Tenemos el consuelo de que aún sabiendo que  ÉL con todos sus recursos saldrá victorioso en esta asimetría, sigue habiendo  creadores que lo desafían y  se le paran de manos para joder nomás. “Por supuesto cada obra lo hace en la proporción de una cagadita de mosca sobre el mural, pero hay tantas moscas en la vida…” – dice Kartún. Los dípteros y sus heces como negatividad absoluta. Algo es algo.

Las grandes obras maestras del siglo XXI son series.

Tarantino, Netflix y el capitalismo estético. El teórico Domin Choi analiza la contemporaneidad desde las artes visuales logrando una mirada lúcida y personal.

Los  teóricos  no deben hablar para sí mismos  y sus colegas.  Dan ganas de irse a las manos con ellos  por su jerga misteriosa. Debería ser considerado un delito intelectual que un pensador codifique sus textos volviéndolos inaccesibles para el gran público ya que “el crítico” construye también el “objeto artístico”.  O sea, tiene una función social. Domin Choi, docente en UBA, la UNA y la FUC parece estar en desacuerdo con este encriptamiento teórico y en su reciente libro El fin de lo nuevo lee la contemporaneidad desde las herramientas que le brinda diferentes teorías volviéndola legible para un público amplio. Su texto conecta y sintetiza los conceptos de ese dialecto narcisista donde Agamben, Deleuze, Zizek, Derrida, Benjamin, Daney, entre otros, parecen estar en un bar jodiendo y comentando sus ideas sin tanta vuelta. Choi traduce, se comunica y esto le permite analizar sin prejuicio las producciones de la “industria cultural” y postular estas mismas no como mero efectos de los procesos económicos, históricos y sociales. Entender el mundo a través del cine. Es una posibilidad.

La emoción estética es más revolucionaria que la emoción política

Daniel Veronese afirma su potencia como director y defiende la intuición como única guía de sus procesos creativos en dos experiencias concebidas como laboratorios escénicos.

¿Puede ser un director de teatro un militante de la fenomenología? ¿Puede tomar los “entes”, las “cosas” que aparecen en la escena como datos de la conciencia y argumentar solo con eso su trabajo? “Yo trato de no teorizar sobre mis procedimientos a la hora de la creación porque me da miedo plagiarme o copiarme. Entro en una obra y no sé qué voy a hacer. Lo verdaderamente revolucionario pasa ahí: cuando me encuentro con los actores. Y necesito que ellos tampoco tengan idea, por ejemplo que si vamos a hacer Chejov no me digan que lo conocen porque no vamos a hacer eso. Vamos a hacer teatro” – dice Daniel Veronese en su defensa a la intuición como centro de su trabajo.

“Hay que salir de un discurso de la derrota”
Trabajando con un texto de Susana Torres Molina, Juan Pablo Gomez pone en escena un momento clave de la militancia en los 70 en el corazón del Teatro Oficial.

“Durante todo el lunes, Graciela Daleo (militante de Montoneros) se dedicó a llamar a una serie de radios, desde distintos teléfonos públicos. Y también a su teléfono de control:
-Digale a Tonutti que el Doctor Black dice que le tiene que llevar la televisión lo antes posible.
Tonutti era el nombre del militante que recibía el mensaje, doctor Black, la clave para el negro Quieto, y la palabra televisión en medio de cualquier mensaje significaba que había un problema grave.
Roberto Quieto había sido el líder histórico de las FAR y desde la fusión con los Montoneros solía aparecer como el segundo de Firmenich (…) En ese momento, Quieto era el responsable del aparato militar y era uno de los jefes con más historia y popularidad: era el único con más de 30 años y era muy querido y respetado por los militantes que contaban sus historias casi míticas sobre su pericia militar. Su pistola ametralladora, se decía, era un regalo de Fidel Castro.

El cuerpo es un órgano sexual

80 años, doctora en filosofía, actriz biodramática de Mujer Nómade, Esther Díaz, acaba de lanzar sus memorias Filósofa Punk donde afirma la vida y la sexualidad en medio de infinitas tragedias personales.

Pregunta: ¿Si pudiera ver un documental sobre un filósofo, sobre Heidegger, Kant o Hegel, qué es lo que querría ver?

Respuesta de Jacques Derrida: Que hablen de su vida sexual. ¿Quería una respuesta rápida? Su vida sexual

( Jacques Derrida, en Derrida, película de Kirby Dick y Amy Kofman)

Filosofía y sexualidad. Con el epígrafe precedente Paul Preciado inaugura su épica biopolítica en Testo Yonqui. Testosterona en gel sobre su cuerpo  abriéndose a la era de la farmacopornografía. También heredera de Foucault y adicta a la misma hormona por otros medios y orificios, Esther Díaz, deja registro de una anatomía atravesada por la filosofía, las encamadas pasajeras, la biotecnología estética y las pérdidas innombrables en el libro Filósofa Punk y en el documental Mujer Nómade de Martín Farina. Doctora en filosofía, profesora titular de la UBA, autora hiperbólica, irrumpe en la vida pública con un decálogo de toda su vida privada. Una vida medio de mierda: un padre que le impide estudiar sólo por ser mujer, una madre que sería amante de su único marido por muchos años, una hija adicta y psicótica que termina mal y otro hijo que sigue un destino similar. Chongos marginales y jóvenes como katharsis aristotélica, como purga psicoanalítica de las tensiones y las tristezas. “Al abstenernos de los placeres nos volvemos sobrios y, una vez que hemos llegado a serlo, entonces somos en grado máximo capaces de abstenernos de los placeres” (Aristóteles, Ética nicomaquea). Díaz abjura de la askésis  para erigirse como mujer del placer y se entrega a la Aphrodisia sin ánimo de gobernarse a sí misma ni a los demás. Se refriega por la concha las partes superiores e inferiores del alma. No hay arriba ni abajo ni partes privilegiadas. Militante del orgasmo, el bótox, la contra-sexualidad y los dildos ergonómicos a los 80 años. En Mujer Nómade se revuelca piola con un pendejo tatuado. Su tarea es ser una iconoclasta de las edades avanzadas y sus prescripciones. Spinoza: “nadie sabe de lo que es capaz un cuerpo”, quizás Esther Díaz tampoco lo sepa pero su actitud confirma que la indagación anatómica vale la pena.

UN VIAJE PERSONAL

En 2019 Llegás sigue entrevistando a mujeres que inspiran. Llegada a estas pampas hace doce años de la mano de un amor argentino, esta italiana de Milán es hoy la directora del Teatro Coliseo. Su camino hasta aquí esconde una historia rica no sólo en acontecimientos, sino que sus palabras adquieren una profundidad ligada a reflexiones sobre la extranjería, la territorialidad y la transformación personal. Vale la pena conocer el viaje.

Empecemos por el principio, ¿cómo eran tus circunstancias allá?

– Me crié en un contexto económicamente seguro, la Italia del norte de los años ‘70, ‘80, y las situaciones en las cuales se encontraban mis padres en ese momento, ellos no son de extracción alta, para nada, pero cuando yo llegué a la familia ya estaban con una casa grande, un jardín, mi papá con una buena posición de trabajo. Fue una oportunidad de acceder a muy buena educación, viajes, cuestiones que me enriquecieron, pero junto a eso mis padres me trasmitieron valores vinculados al esfuerzo, todo me lo tenía que ganar, lo tenía que conquistar aunque lo tuviera a mi alcance. También es parte de la cultura del lugar de donde soy, que tiene el valor del trabajo como un absoluto.

El cuerpo y las palabras

Zuleika Esnal es actriz, escritora, feminista y –sobre todo- alguien que pone su cuerpo, tiempo y palabras al servicio de otras mujeres para revelarse como una de las nuevas y más honestas voces del feminismo local. Lo suyo es escucha, acción y el simple deseo de querer cambiar el mundo, que no le vengan con vueltas.

 

Desviar el reflejo hacia el otre

 8 de marzo, Paro Internacional de Mujeres. El colectivo de Actrices Argentinas es una de las tantasagrupaciones que viene trabajando en y por la problemática de género. Más allá de su visibilidad, están quienes se preguntan quiénes son, cómo la llevan, qué piensan, cómo se organizan. En un intento de ser fiel a la heterogeneidad que las compone, Llegás entrevistó a Laura Azcurra, Patricia Palmer, Nara Carreira, Melisa Melcer y Maruja Bustamante, cinco de susintegrantes provenientes de mundos artísticos muy disímiles, para escuchar algunas de las campanas que suenan en ellas.

 En marzo de 2018 un reducido grupo de actrices escribió, firmó y se filmó leyendo un documento en el que se pronunciaba a favor de la legalización del aborto seguro y gratuito, de próximo tratamiento en el Congreso. Con ese pequeño pero ruidoso gesto comenzó el camino de Actrices Argentinas. Las consecuencias de su accionar dieron cuenta del sentido de hacer fuerza conjunta, vieron cómo se multiplicaban las voces, se replicaba la unión de mujeres de distintos grupos. Un año después, el colectivo sigue activo, conformado ya por un ancho mosaico de actrices de las más diversos edades y lenguajes. Conscientes del poder de llegada que les da su profesión, lo usan a favor con los beneficios –y a veces el costo- que implica. Las hay del on, del off, teatros comerciales, oficiales, stand-up, cine independiente, cine industrial, TV, hay quienes viven de la profesión y quienes no. Delante de ellas están las causas que las unen y el saberse parte de un movimiento de escala mundial: el despertar feminista de una época.