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Lado B

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La directora del suceso IMPRENTEROS, afirma que el tiempo libre después de un hijo, es tiempo completo y lo completa entre afectos, creatividad y risas por reír.

Tuve que preguntar en mi casa ¿Qué hago yo en mi tiempo libre? Gonza me contestò “no tenés mucho tiempo libre” y Dante, nuestro hijo, dijo “a veces sì tenés y si tenés invitás a un amigo y yo también”.

Juan Francisco Dasso se relaciona con el tiempo libre con la voracidad y el olfato de un jabalí que detecta las trufas de la creatividad y como quien contempla en silencio cual buzo en las profundidades de tanta superficialidad

El problema con mi ocio es que es ergonómicamente igual a la mayor parte de mi trabajo.  Quiero decir: la disposición de mi cuerpo en el espacio es muy parecida en el ocio y en el trabajo. Puedo estar en el escritorio o en un sillón, con la computadora o con un libro, en la web o fuera de ella, tanto sea por motivos laborales o meramente pasatistas.

Anclada al presente, Pilar Gamboa, recorre su camino de aprendizaje con la curiosidad de una turista del tiempo.

Pensar y analizar el tiempo es algo que ronda en mi cabeza a menudo, a veces decido simplemente soltar la neurosis y dejar que todo sea como tenga que ser, una suerte de librarlo a la marchanta, a que suceda. Después de todo, a veces sólo se trata de eso.

Natalia Casielles nos cuenta su plan que la lleva a rendirle culto a la libertad en el tiempo en que habita, dispuesta a hacer algo de sí siempre.

De nena estaba obsesionada por no dejar de jugar, en mi tiempo libre jugaba, jugar me hacía sentir que hacia lo que quería con mi tiempo. Mi tiempo libre era cuando no estaba en la escuela o cuando no estaba haciendo la tarea de la escuela. No me gustaba la escuela. De las demás obligaciones se encargaban los adultos, pude ser una nena ocupándome de ser nena, salvo por las reiteradas visitas a hospitales, pero ese es otro tema. Jugaba mucho sola, con mis hermanes o con alguna amiga del barrio. No hablaba demasiado con otra gente, personalidad paralela, en casa extrovertida, en escuela retraída. En los recreos, junto al mástil de la bandera que me hacía sentir una especie de prócer, tuve mucho tiempo para idear un plan: de adulta mi tiempo libre sería todo el tiempo.

La desarticulación del tiempo

Anabella Bacigalupo explica como es y que hace de su libertad en su otro tiempo mientras ensaya para estrenar este mes “Un domingo en familia” en el Teatro Cervantes

                La gente lo llama “tiempo libre”, yo lo llamo “mi otro tiempo”. Cuando tengo mi otro tiempo, cuando me salgo de mis obligaciones, de la agenda de ensayos, de los textos a memorizar y de los horarios pre establecidos, me pongo en estado-aguaviva: ahí mi tiempo se desarticula, se suspende, se desarma y en esos momentos algo en mí se relaja, se estira, se contrae, se confunde, algo se contacta con mi Anabella más primitiva, más rústica. Es un estado que tiene que ver con una búsqueda de libertad, con salirme de mí misma.

MARIA ABADI se abre a la posibilidad de jugar con el tiempo libre… donde pinta su universo de color con los mitos griegos.

Todo un desafío escribir sobre mi “tiempo libre”. ¿Qué hago cuando no hago lo que hago? Porque a veces tengo la sensación de que  siempre estoy haciendo algo de lo que hago, en tanto que me cuesta separar mi actriz de mi ser humana, con todo lo que eso trae (Sí, claro que pierdo el tiempo con el celular y todas esas cosas, mucho más del que me gustaría.) Cuando era chica lo que más me gustaba hacer en mi tiempo libre ( ese en el que no iba al colegio ni a todas las actividades extra en las que me metía/n ) era leer mitología griega.

Un recorrido de Analía Couceyro por el universo del ocio donde nunca puede faltar un libro… ni a palos.

Digamos que me cuesta el ocio, me cuesta adaptarme cuando paso de períodos intensos de trabajo al tiempo libre. Y la medida inmediata del pasaje a la disponibilidad para ese placer suele ser el tamaño de los libros que elijo. Siempre tengo un libro en la mesa de luz, o varios, o pilas que voy moviendo desde encima de la mesa de luz a su interior y a la biblioteca, a veces leídos y a veces no, con culpa por su regreso virgen al estante. Nunca salgo de mi casa sin un libro en la mochila para los viajes en colectivo o subte, para las colas en bancos y médicos, para los cafés entre obligaciones. Es una de las cualidades positivas de vivir lejos del centro y de no manejar autos salvo en la ficción. Esos tiempos muertos entre sucesos y espacios agendados, habitados por la literatura. Los libros para el outdoor, los de la mochila, intento que sean pequeños y livianos y durante el año, cuando trabajo mucho, en la mesa de luz se acumulan en general un libro de poesía, algo relacionado con lo que estoy trabajando y cuentos o novelas cortas.

Un recorrido disciplinado y autentico de LAURA NEVOLE para conectar con el ocio, donde asoma una especie de motor que la impulsa a no deterse jamas.

A veces el trabajo artístico funciona como un cuenco donde una vuelca los resultados del ocio. El ocio es una experiencia que implica una elección y una acción. En mi tiempo libre salgo a correr. Lo hago  desde que tengo trece años, todos los días, de una a dos horas por día. El correr siempre fue un aliado. Antes, un aliado secreto y hasta vergonzante, no estaba bien visto salir a correr, era algo raro.

El ocio lleva tiempo 

Un ejercicio reflexivo de autoconocimiento plantea Mariana de la Mata en el que confluye la búsqueda honesta de que hacer con el tiempo libre.

Recibí con alegría la pregunta ¿Qué hago cuándo no estoy actuando, no estoy dirigiendo, no estoy dando clases? Con el correr de las horas y los días la pregunta empezó a angustiarme, no aparecía nada muy claro. El tiempo del ocio y el del trabajo artístico son la mayoría de las veces territorios confusos para mí. Así que lo único que pude responderme con cierta certeza fue: descansar.

UN BRICOLAGE ANSIOLÍTICO

Es inexorable. Frente al compromiso de tener que escribir una pieza nueva, o que empezar un proceso de ensayos, el fantasma vidrioso del vacío me empieza a desvelar. El atávico impulso inútil de “tener ideas”, de intentar “idear” la obra fuera de sí misma, como si tal boludez fuera posible. De atrapar a esa anguila escurridiza de la cosa artística pensando en ella antes, en cambio de imaginarla durante; que es lo único que el bicho bendito suele permitirte. Entonces, cada vez que enfrento ese vacío; que vuelvo a comprender que no hay manera de inventar la cosa fuera de la cosa misma, -su escritura o sus ensayos- me pongo hacendosamente a hacer otra cosa para llegar hasta ella. Lo descubrí hace muchos años. Como un tilo metafísico esa otra cosa me calma, me ordena y me permite amasar una estética con la máquina ancestral y sublime de la parábola. Tablitas viejas, escofina, cola, sierra, berbiquí; y marcha camión.