Categoria

Notas

Categoria

La danza avanza con sus propios movimientos como disciplina, como arte, como forma de estar en el mundo y habitar desde las diferentes corporalidades. La danza crece como pregunta que interpela territorios y subjetividades, y ahora la pensamos desde la propuesta de este Festival.

Desde este lunes 9 hasta el 21 de marzo va a transformarse la ciudad de La plata con la VII edición del Festival Internacional Danzafuera. Un festival que creció exponencialmente desde su inicio en 2013 como edición local, con intervenciones que tenían lugar en la calle durante un solo fin de semana.

Danzafuera impulsa que la danza tome el espacio público y se encuentre con la gente. Sus ideólogas iniciales son Constanza Copello, Mariana Saez, Jorgelina Mongan y Julieta Scanferla, bailarinas y gestoras culturales que un día se plantearon la necesidad de “poder salir de los espacios teatrales que de alguna manera siempre están un poco en crisis, muchas veces no tenemos lugares para mostrar lo que hacemos”. Desde la pregunta sobre qué tipo de intervención querían hacer, cómo relacionarse con lo que ya estaba, el espacio, la gente, comenzaron a pensar que el afuera no era necesariamente espacial, “no tiene que ver con la calle sino con poder encontrar el afuera de la danza que muchas veces tiene que ver con pensarle otra vuelta, la danza es quizás otra cosa de lo que nos habían enseñado” como expresa Constanza en comunicación con Llegás.

El equipo trabaja todo el año para darle forma en cuanto a la producción general, financiamiento, etc. Cerca de la fecha de apertura se suman Delfina Serra en producción y Daniela Camezzama en comunicación, además de Dani Lorenzo como diseñador. Y finalmente, un grupo grande de personas y equipo técnico que asisten en tareas específicas para el seguimiento de las obras.

Esta edición en particular cuenta con un conversatorio para discutir sobre gestión y producción y otro sobre trabajo en relación a cuestiones de género; talleres de fotografía sobre danza y de montaje; obras en espacios cerrados que este año son centros independientes de la ciudad. También residencias específicas para el festival en la calle con apertura al público durante el último día, una intervención en el tren universitario, una invitación a realizar una caminata juntes haciendo recorridos por lugares de la ciudad, llevando la atención al encuentro de la danza en la calle: movimientos de pájaros, autos, gente, para abrir el campo de la atención y la concentración.

Las productoras buscan que el tipo de propuestas seleccionadas tengan el foco en los procesos creativos, la investigación en relación al lenguaje de la danza, los cruces, las preguntas que se plantean, y realizan la curaduría a lo largo del año mediante diferentes convocatorias. “Recibimos un montón de propuestas. El festival es como una obra y pensamos qué piezas necesita esa gran obra que es Danzafuera”, subraya Constanza. Participan en esta edición unos 150 artistas  entre bailarines, coreógrafes y obras latinoamericanas de Brasil, Bolivia y Uruguay, además de las nacionales de La Plata y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Dos ideas fuertes sostienen esta gran producción en la ciudad de las diagonales: una es llegar a la máxima cantidad de personas y acercar a que sean futuros espectadores de danza, “hay intervenciones para el público casual que está ahí circulando, que no se acerca a los teatros”. Para esto es importante que sea un festival gratuito que posibilite un mayor acceso a los bienes y productos culturales.

La otra idea detrás, asociada a la lucha por una Ley Nacional de Danza que organice y apoye esta actividad, es la gran premisa de entender el valor del trabajo en relación a la danza, que tiene que ser remunerado. En el festival, todas las personas cobran por su labor, por lo que es una fuente de trabajo para muches artistas y gestores. Cuestión posible gracias a los apoyos, subsidios, becas que sostienen el festival, que esta vez vienen de la mano de Iberescena, del Consejo Provincial de Teatro Independiente y de la Universidad Nacional de La Plata. Pero que no es algo fijo, como afirma Constanza: “cada año buscamos nuevos recursos de financiamiento, es un desafío que se renueva en cada edición”.

El desafío de otra forma de afecto, de estar con les otres y de habitar las múltiples corporalidades y el mundo. Danzafuera nos invita a pensar la danza por fuera de la danza.

Por Dulcinea Segura

Informes y espacios en:

Web: https://danzafuera.wixsite.com/festival

Mail: danzafuera@gmail.com

Encontrá y seguí el Festival en las Redes en: Facebook: /DanzafueraFestival   Instagram: @festival_danzafuera

Con su Proyecto camarines, la teatrista Consuelo Iturraspe se dispone a develar fotográficamente la intimidad de aquellxs que se preparan para actuar. El cruce de prácticas como forma poética. 

“…pero si la Foto me parece estar más próxima al teatro, es gracias a un mediador singular: la Muerte. Es conocida la relación original del Teatro con el culto a los muertos: los primeros actores se destacaban de la sociedad representando el papel de los muertos” (Roland Barthes) 

En los camarines hay concentración, nervio y fiesta. Los actores y actrices tienen esa tendencia a las réplicas hiperbólicas y de pronto a la súbita seriedad. Una honda inspiración, silencio. Y después la escena que siempre obliga a otra semántica de signos y de poses. Los intérpretes saben mentir sobre su pasado reciente. Siendo actriz, dramaturga e integrante del grupo CABEZA Consuelo Iturraspe conoce estos tópicos: bromear con los vestuarios, hacer ejercicios ridículos de calentamiento, tener hondas reflexiones olvidables sobre la práctica teatral frente a los espejos, entre otras cosas. Proyecto camarines, presentado en el FIBA 2020, es la captura fotográfica de la torsión del pie antes de saltar a la suspensión de la realidad. El momento privilegiado del movimiento. Las imágenes de un gris-blanco-negro de Iturraspe pasan deshooting terrorista sin aviso a construcciones levemente más simétricas buscando un sentido lírico. Casi como una declaración de principios éticos de la actuación todos los retratos se desvanecen en la calma y no en la tensiónVelocidad normal de obturación: que los 0 y 1 se decodifiquen a su tiempo.  Las imágenes de la muestra devienen naturalesno hay una impronta que las quiera contener (se destacan la gracia de Eddy García, la indefinición postural de Laura Nevole y el culo entangado de Leonel Elizondo). Es un montaje alterno entre distintos espacios que bien podrían ser uno solo. La autora está en la búsqueda pero no fuerza el orden de ese mundo privado. Invasión de la intimidad y documento: Proyecto camarines guarda registro del ser antes de ser. Contradiciendo a Barthes el teatro y la fotografía no tienen acá un destino  de hermandad mortal sino que están mediados por algo mucho más vital. 

RECUERDOS 

El olvido, pequeña pieza de largo alcance en la historia y las emociones, escrita y dirigida por Ana Laura Suárez Cassino 

Graciela lo ve a Roberto en el aeropuerto y su vida vuelve al momento en que dejó de verlo, un momento refugiado en aquella adolescencia patagónica. Ella se acuerda de todo lo que vivieron juntos, que no es tanto ni tan importante, pero que la memoria magnifica y las sensaciones en el cuerpo se encargan de reverdecer. Roberto le sigue el tren en el avión, incluso cuando llegan a Esquel, de donde los dos se fueron poco después de aquel cumpleaños en el que dejaron de verse, después de aquel helado que Graciela se volcó sobre el vestido, después de abandonar la mesa del café donde charlaron durante horas alguna vez. Pero Roberto no la recuerda. Intenta recordarla, pero no la recuerda. Él es viudo, vive en México, tuvo una misión que cumplir en los años de plomo, hoy maneja una imprenta… Es evidente que los recuerdos, a tantos kilómetros de distancia, se extravíen en un recodo del camino, pero las sensaciones en el cuerpo, incluso pasados los sesenta, no saben de distancias y mucho menos del tiempo. 

SERENATA PARA LA INFANCIA DE UNO

Recuerdos a la hora de la siesta, un musical al que le importa el niño que todos llevamos a babuchas o escondido en el bolsillo

No es que María tenga una imaginación frondosa. Simplemente le gusta jugar con las palabras, con sus posibilidades y sus significados, aunque el disparate que impliquen estas posibilidades esté a la orden del día (de su día, al menos en principio).

Teatro en un manifiesto

A partir del reestreno de Tiestes y Atreo, Emilio García Wehbi, reflexiona sobre su oficio de creador escénico. Posmodernidad, anarquía y el fin de las utopías.

El arte es amoral por naturaleza propia. Luego vendrá la ética, cuando la mirada privada se haga pública.

(Emilio García Wehbi. Manifiesto para mí mismo)

La soportable levedad de la coyuntura

Rubén Sabadini y Carla Di Grazia unifican sus orígenes dispares en 80 de un minuto dando como resultado una obra imposible de capturar.

Lo inclasificable es una categoría superior en las clasificaciones. Los creadores por su propio oficio buscan que su Objeto sea una Especie de solo un miembro. Un objeto inédito, que no pueda repetirse, ni ser copiado ( y que debería ser pensado como inútil, y ahí radicaría su potencia política).Pese a que siempre tendrá un vínculo innegable con su época de producción, el creador aspira a lo trascendental y transhistórico. 80 de un minuto está saturada de coyuntura y no es pretenciosa en su trascendencia. Entiende que su decodificación es extremadamente actual. Rubén Sabadini (Trópico del plata) y Carla Di Grazia  (Todo piola) trabajan con una dramaturgia (escénica y literaria) fragmentada siguiendo los designios de la hipertextualidad.

Una experiencia de la nostalgia.

Partiendo de la versión de Alberto Ure, Cristina Banegas propone una versión canónica de Edipo Rey. Incesto, parricidio y un documental vivo de las Formas.

Edipo: convención de las paradojas en la trama/mythos perfecta. Corrosión en la cadena Significante (psicosis): hijos que son hermanos del propio padre siendo este quien mató a su Padre primordial heredando un trono por su inteligencia y habilidades retóricas que lo convertiría en Rey y Tirano y en Hijo y Esposo al mismo tiempo de una Madre temerosa, gedienta  y abandónica. Deconstrucción de la familia sanguínea y burguesa.  Hybris. Ceguera. Incesto. Fantasía inconsciente kitsch del occidente freudiano.

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS

Una espléndida versión de Hamlet que prefiere la síntesis a lo espectacular, y la (falsa) levedad a la tentación de lo solemne.

Algo huele a podrido en Dinamarca. Quizás sea el fantasma que sobrevuela la torre del castillo, con la esencia relumbrante sobre una piedra torcida. Pero no. Los fantasmas no huelen. Y los padres no se pudren. Podrán pudrirse los reyes y los estadistas, pero los padres no. Nunca. Se pudren los cuerpos que cometieron crímenes. Hamlet se pudrirá también, y deberá reconocer que su padre también está podrido cuando clama venganza por su asesinato y no por los asesinatos que cometió durante su reinado. Graciosamente absurdo entonces. Los muertos no hablan ni piden venganza, aunque sus cadáveres griten y exijan justicia. ¿Justicia por qué? ¿Para qué la justicia? ¿Por sí mismos, para limpiar su honra? Pues nada más podrido que el ser individual, que es el que efectivamente se pudre cuando está muerto y enterrado, cuando los gusanos se hacen un festín con su carne inerme. Sin embargo el desvarío de lo justo pierde sentido cuando el suelo se riega con los restos de los hombres muertos de forma insensata, arropados por el inmediato sosiego que reemplaza al ruido y la furia.