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Las cargas es el nuevo trabajo de Christian García, director y dramaturgo de esta singular pieza. Como en sus obras anteriores (El monstruo tan temido, Muñecas Taiwanesas, Casa Linguee, entre otras) lejos de los métodos tradicionales, García traza una línea de trabajo para el desarrollo y generación de material, enfocada en la creación conjunta con lxs actorxs Una búsqueda distinta. Partiendo de una idea, generar en lo sucesivo materialidad teatral hasta llegar al objeto-obra-terminada.

Sin linealidad convencional, el espectáculo es provocador, sutil y efectivo. Su núcleo central hace foco en el peso que llevan los personajes en soportar situaciones que se pueden repetir a diario. Escenas hilvanadas con firmeza se enmarcan en lo cotidiano: padres, madres, hijxs: personajes anónimos que provocan identificación rápidamente en el espectador que tiene la posibilidad de completar la historia. El absurdo y la carencia sustancial –y no tanto- en las sucesivas discusiones y disputas de la obra provocan motivos para incomodar y hacer reir al público.

El relato se instala con precisión y se enraíza gracias a la capacidad interpretativa de Laura Névole, Pablo Chao y Lucas Crespi, quienes logran tensión rápidamente con el devenir de los diferentes cuadros, ya que, “cargan” con solida inspiración poética a esos personajes tan particulares.

Las cargas logra generar lenguaje, con profundidad, divierte sin ser banal, inyectando de potencia e innovación a la propuesta teatral para que nadie salga de la sala con el mismo estado con el que entró.

Por Ricardo Tamburrano

Pueden verla los sábados a las 22:30hs en CASA TEATRO ESTUDIO (Guardia Vieja 4257)

Dramaturgia y dirección: Christian Garcia / Actúan: Pablo Chao, Lucas Crespi, Laura Nevole / Vestuario: Lara Sol Gaudini / Escenografía: Darío Coronda Kartu / Diseño de luces: Ricardo Sica / Asistencia de dirección: Ignacio Arroyo / Producción: Casa Teatro Estudio

Después de participar en la última edición de FIBA, se estrena la segunda temporada de este romance telúrico surcado por la desgracia. Una fábula folklórica local entrecruzada con mitología de licántropos que aúllan a la luna llena. 

La historia de amor trunca de la rubia y el lobo se cuenta con música en vivo, despliegue de destreza física y belleza poética. Toto Castiñeiras, quien trabajó durante diez años en la Compañía del Cirque du Soleil y fue creador e intérprete de la parte cómica para la producción “Sép7imo Día”, centrada en la banda Soda Stereo, sabe lo que hace en su rol de autor y director.  

En una puesta con recursos originales y efectivos. Narra de a tres una historia de dos. Santiago Garcia Ibañez, Micaela Rey e Ignacio Torres protagonizan la obra con gran precisión técnica y entrega. 

Sin dejar de lado el humor, en el tono de la propuesta se mezclan inocencia, salvajismo, sensualidad, violencia, pureza y mentira. Nunca es demasiado dulce porque la crueldad acecha.  

Arrastrando un pasado de tragedia, se conocen la rubia -con su cabeza rococó, su testera de bucles, su pasión por la poesía y sus palabras filosas- y el chico peludo, el séptimo hijo. Nace así este amor litoraleño enrarecido. Entre noches de kermese, certamen de la Reina del mate, monte, laguna, viento, vaca y chajá, los enamorados salen a comerse el mundo bajo la luz brillante de la luna panzona.   

Por Paula Boente 

Dramaturgia y Dirección: Toto Castiñeiras  InterpretaciónSantiago Garcia Ibañez, Micaela Rey, Ignacio Torres. Nün Teatro-Bar, Juan Ramirez de Velasco 419; jueves a las 21; desde $350 

 

No faltan motivos para interesarse en Ametralladora. Con un trabajo brillante de Nicolás Goldschmidt y una propuesta creada por Laura Sbdar, una de las dramaturgas y directoras más interesantes del momento, este unipersonal se destaca dentro de la oferta de la cartelera porteña. 

Una criatura viaja en micro con su hermana. En algún punto del periplo rutero, tienen un accidente. Las dos nenas son internadas en un hospital. En los recintos desangelados del centro médico, se les inyecta suero como leche materna y les hacen radiografías para traslucir el desamparo. Junto a otras nenas, preparan una rebelión de juegos y ternura que se enfrenta en cada pasillo con el dolor y la muerte.  

La obra de Sbdar sorprende y descoloca desde el comienzo. Con una puesta sencilla pero fuera de lo común y un texto de enorme potencia poética, plasma un relato de marginalidad contado desde los márgenes. El discurso se va enrareciendo progresivamente, es lúdico y, de a ratos, sigue la lógica delirante y aleatoria de los juegos de niños. Las imágenes son precisas y sugerentes, las palabras despliegan su musicalidad en la onomatopeya.  

En su rol como la niña protagonista, Goldschmidt deslumbra y conmueve. El actor, a quien próximamente se lo verá como joven Maradona en una serie, muestra un carisma arrollador y una gran sutileza para atravesar los estados.  

Entre pestes de risas, corazones que laten como el beat bolichero de una rave y ametralladoras que disparan narcóticos como palabras, las nenas hacen su manifiesto. Afuera somos ojos que reclaman amor o muerte.   

Por Paula Boente 

 Podes verla en Espacio Callejón (Humahuaca 3759) los viernes 22:30, entradas desde $320 

Dramaturgia y Dirección: Laura Sbdar Interpretación: Nicolás Goldschmidt 

Adela respira y se recompone, toma fuerzas, y habla, es decir, reconsidera, pide, aclara, atempera, comprende…, pero se queja, exige, reta, reclama y vuelve a respirar. Aunque pudiera no parecerlo, ese torbellino de acciones tiene un tempo, y está encarnado en un cuerpo muy dispuesto, el de Laura López Moyano, hábilmente abierto a que lo atraviesen esas acciones, que también son emociones del rostro, un rostro limpio, y un oscilar de los tonos, de la voz, que transita las formas de la calma impostada, la desesperación, el llanto.

La danza independiente, no oficial, rema con fuerza por sus espacios, mientras genera modos de estar en el mundo. Arte del movimiento y la quietud, que toma el cuerpo por asalto, vibra en esta obra que interpela al público.

Esta vez desde un escenario del Metropolitan Sura, en plena avenida Corrientes, centro neurálgico de las propuestas habitualmente más comerciales de la ciudad, donde no suelen verse obras de danza que no sean las de la compañía del Teatro San Martín.

Se cuenta que, cuando un sevillano mandaba labrar una casa, pedía a su arquitecto: “Hágame en este solar un gran patio y buenos corredores; si terreno queda, hágame habitaciones”.  Y cuanto España llevó a América, dice el crítico e historiador andaluz Joaquín Hazañas, participó de cierto sabor sevillano muy marcado, por ejemplo, por los patios. Estamos hablando del siglo XVI, aproximadamente.  Unos siglos después, Borges dirá que el patio es “el declive por el cual se derrama el cielo en la casa” y Alfonsina lo hará paseo de la luna, por cuya fascinación la poeta interroga a su madre: “Si cuando me gestaste fue la luna testigo, por los oscuros patios en flor, paseándose”. Para ambos, también, esta invención hispánica es un emblema de resistencia y nostalgia ante el acelerado proceso de urbanización que transformó a Buenos Aires entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

También frente a un patio estamos en No estoy, la obra que escribió Germán Montenero y que dirige Diego Croci en el Espacio callejón. Un patio del Conurbano Sur, de Bernal, concretamente, en Quilmes. Un patio con parrilla y enredadera, con medianera que se puede saltar (algo que sabemos bien quienes hemos crecido en una casa con patio). La obra está en su segunda temporada, y su director escribió y montó, también, Amnesia-corte al bies (2014) en el Piccolino e Hipermnesia (2017/8) en el Kowalski.

Gabriel vive solo. Es su último día en la casa de infancia. Allí llega Alejandro, el hermano, a quien ¿espera? para ultimar preparativos y entregar la propiedad al comprador. En ese patio caótico y desordenado, algo decadente, asistiremos a una ceremonia montada sobre el imaginario de las atracciones ilusionistas y circenses que poblaban la televisión de los años ochenta (Tusam, René Lavand). El encuentro  terminará en una serie de revelaciones familiares sobre una madre muerta, un padre ausente y la vida de estos dos hermanos, y será a través de una historia que se revelará bajo la forma de una ficción dentro de la ficción.

Gabriel tiene convulsiones, toma antipsicóticos, niega lo que habrá de ocurrir, se fuga de este final inventando un teatro de atracciones, simulando ser el ilusionista Kieslowski (como el director polaco, a quien menciona, porque comparte nacionalidad con el abuelo). Aquella vieja treta de la representación para mostrar la “verdad”, que conocemos por Hamlet, pero, más cerca, por Kartún (Chau, Misterix, 1980),  que resuena en esta obra con treinta años de intemezzo. Si Kartun crea un mundo en los cincuenta para contar el drama de Rubén, quien acude a un superhéroe para matar la infancia y entrar con dolor a otra etapa, con alusiones y evocaciones a Villa Ballester y San Andrés, el de Montenero y Croci es el mundo de los ochenta, del ilusionismo, de los dibujos animados, de las enciclopedias televisivas a lo Animal Planet, pero sin las aspiraciones heroicas del superhéroe vencedor del mundo, sino con un anhelo tan viejo como la humanidad: volverse invisible, desaparecer.

Con argumentaciones vivaces y potentes, en diálogos sólidamente construidos que tienen algo del delirio de Don Quijote ante Sancho, la apuesta de Croci conforma un espacio para el despliegue físico de Montenero, blando en un cuerpo que transita formas algo Tai Chi, los arrebatos del circo, y las piruetas vocales y faciales de la televisión ochentosa: doblajes, falsetes, voces de superhéroes.

A lo largo de la obra, Montenero dibuja una partitura de movimiento regular que alcanzará destellos cuando el juego haya absorbido a estos dos hermanos, uno de los cuales (Diego Rivas) acompaña a transitar los caminos de la enfermedad en la que él refleja, también, sus miserias de amor y su fracaso como hijo. El resultado es una explosión de hastío que, sin embargo, terminará en una emotiva comunión de intimidad en la que todo será juego, ficción, teatro de atracciones. Y, sobre todo, reencuentro con aquello que se perdió y que regresa iluminado por la sabiduría de la adultez y la proximidad del fin.

Por Diego Di Vincenzo

Actúan: Diego Rivas y Germán Montenero / Dramaturgia: Germán Montenero / Asistencia de dirección:  Hernán Sebastiani / Escenografía: Edgar Ocampo Orozco y Yanina Moroni / Vestuario: Florencia Huergo / Coreografía: Lara Croci / Iluminación: Diego Croci / Diseño sonoro: Diego Rivas / Producción: Germán Montenero / Dirección: Diego Croci
Martes a las 21hs en Espacio Callejon (Humahuaca 3759) Entrada General $400

 

El verano se presta a propuestas más relajadas que las habituales. Ropa ligera, algún trago fresco y de postre, helado. En ese contexto Tranquimanso – Ensayos Completos, el último espectáculo del grupo de teatro y humor Los Bla Bla, encaja perfecto. Sin demandas al espectador, con la energía enfocada en la risa y el pasatiempo, transcurre durante un poco más de una hora tras la cual uno siente más liviano. Como si algo de todo lo que somos se hubiera quedado en la sala: podría ser un prejuicio, un malentendido o, incluso, un pensamiento oscuro. Al salir, esa contundente sensación de que la risa libera. 

Que no falte la bebida para los chicos, que la torta no se aplaste en la heladera, que el abuelo no se pierda. Paula intenta festejar el cumpleaños de su pequeño hijo. Pero nada sale del todo como estaba planeado. Un aleteo de reclamos, amoressecretos y confesiones se suelta en el nido del núcleo familiar congregado.  

En tetas y a los gritos

¿Cómo no putear contra el teatro al que le damos todo y devuelve tan poco? ¿Por qué no exigir, con espuma en la boca y lágrimas en los ojos, actuar en la Martín Coronado? ¿Cómo seguir de pie cuando te das cuenta que Tolcachir nunca te va a dirigir? ¿Por qué no gritar, en tetas y embarrada, cuando la sensación de injusticia no entra en el cuerpo? Nos mintieron, nos mentimos, creímos que si trabajábamos duro, que si nos esforzábamos íbamos a poder vivir (dignamente) del teatro, pero ahora tenemos que conformarnos con una casa devenida sala, tres lamentables luminarias y la eterna mugre del teatro independiente… de esto habla “Hijas” y, si sos del palo, difícil no sentirse identificadx.

“Hijas” nos presenta a dos actrices desesperadas por actuar, por que las llamen, por ser vistas. De-ses-pe-ra-das. Con toda la adrenalina, la impotencia, la rabia, el despecho que implica la desesperanza. Dos actrices que sin su vocación quedaron repitiendo textos de Lorca o de Tennesse como si fueran los remos de un bote que quizás las haga llegar a alguna orilla.

Dos actrices (Leticia Coronel y Federico Pereyra) que imprimen una intensidad, una fe, un destino claro a su actuación que hace que unx no pueda zafar y quede prendadx de esos cuerpos que emanan líbido. Eso le regala “Hijas” a su público: la posibilidad de ser testigos de cuerpos presentes, potentes, entregados, estallados, comprometidos con el juego, el humor y la denuncia.

La puesta de Carla Di Grazia y Hugo Martínez nos brinda las condiciones para que aparezca el teatro en su expresión más original: el teatro primitivo, el teatro de encuentro, del sonido y de las formas, del canto y de la danza, de la construcción de ficción a partir del cuerpo y la palabra. Donde el texto de Sofía Badia, Leticia Coronel y Federico Pereyra se presenta como un chorro de imágenes, que evocan más de lo que significan y que permite hacernos viajar por una narración que causa risa, ternura, empatía, reflexión, bronca y ganas de actuar. La hermosa ejecución sonora en vivo de Mantrixa es lo que permite que este dispositivo se mantenga en pie, aportando el clima necesario para construir cada situación dramática sin cerrar el sentido.

Este espectáculo fue producido dentro del marco de la Bienal de Arte Joven y se presenta en el Abasto Social Club hasta el 07 de Diciembre. El miércoles 04 de Diciembre formará parte del Festival Aura en el Teatro de la Universidad Nacional de La Plata. El año entrante tendrá una única función en Timbre 4 (México 3554) el 20 de Febrero y retomará las funciones en el Abasto Social Club los viernes a las 21hrs. desde el mes de Marzo. Les recomiendo que no se lo pierdan.

Por Agustina Soler

Intérpretes: Leticia Coronel y Federico Pereyra / Dirección de arte y diseño de vestuario: Uriel Cistaro / Realización de vestuario: Uriel Cistaro y Adriana Baldani / Tocados, Asistencia de arte y vestuario: Luisa Vega / Diseño y realización de maquillaje: Joseph Elias Attieh Bello / Fotos: Meninas Colectivo, Alfonso Bató y Federico Lehman / Registro audiovisual: Federico Lehman / Diseño gráfico: Ancherama / Redes:Federico Pereyra y Leticia Coronel / Diseño, composición y realización sonora en vivo: Mantrixa / Entrenamiento corporal y asistencia musical: Romina Trigo / Diseño de iluminación: Lucía Freijoó / Co-autoría de obra originaria: Leticia Coronel y Lourdes Hijano Sol / Textos: Leticia Coronel y Federico Pereyra / Dramaturgia: Sofía Badia, Leticia Coronel y Federico Pereyra / Producción: Leticia Coronel / Asistencia de producción: Uriel Cistaro, Federico Pereyra y Yamila Seco / Asesoriamiento artístico: Juan Coulasso / Asistencia de dirección: Yamila Seco

Las vidas probables y sus verdades provisorias

Dirigir un proyecto de graduación de la U.N.A supone un desafío mayor al de montar cualquier otro espectáculo, incluso en el circuito independiente: 14 estudiantes-actores/actrices que no fueron seleccionadxs por lx directorx, sino que se anotaron en una cátedra y sólo un cuatrimestre para armar un espectáculo donde cada unx debe tener su lugar de protagonismo. Cualquier directorx podría sentirse sobrepasadx por estas circunstancias, y que eso se vea en el resultado del espectáculo. Por suerte, esto no es lo que sucede en “Las vidas probables”.