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Grupo CABEZA es una colectiva de escribas y también, un agente político. Formada por Mariana De La Mata, Consuelo Iturraspe y Laura Sbdar, se autoproclama como feminista y lo demuestra, por ejemplo, en este proyecto escénico que se llama Un tiro cada uno y surge a partir de la investigación de casos de femicidio. A través de un proceso de hibridación entre lo real y los mecanismos de la ficción, la pieza -y la puesta- buscan operar sobre lo que nos rodea para, al calor de los movimientos de mujeres y disidencias locales, regionales e internacionales, visibilizar la violencia machista, derribar al patriarcado y convertir al feminismo en cosmovisión hegemónica.

Traslado y teatro pueden parecer dos entidades con nada en común. Pero si trasladarse hasta el teatro pudiera servir para destruir prejuicios, nada mejor que ir cualquier tarde de sábado a ver Carne y hueso para experimentar la caída del que inicia esta reseña.

En el invierno implacable de Miramar, el mudo poeta de la hinchada del Club Atlético Once Unidos tiene un romance con la goleadora del equipo. Cargando  el sufrimiento de no poder gritar los goles de su enamorada y con la admiración que se le escapa por los ojos, el fan sin voz se dispone a ganar su mejor partido.

Andrés gallina (quien ya se había destacado con “La bestia rubia”) escribió una fábula bellísima de fútbol costero, trazada con capas de imágenes repletas de poesía y de ingenio popular, con la ocurrencia y la gracia del piropo. Una sucesión dehaikus criollosque estallan de sensaciones.

Una parodia. Un musical unipersonal. Un ir y venir en el tiempo: entre el éxito y el olvido. ¿Cómo cambia lo que somos según cómo nos ven? Sobre esa cuestión versa Brillanteens, la nueva obra de Juan Faerman (guionista de TV y autor de Faceboom), que dirige Julieta Otero (Según Roxi) y protagoniza, como si llevara un traje a medida, Juan Martín Zubiri.

Un triángulo amoroso-parental que forman un hijo adolescente, su madre soltera y su abuelo. Un gallo que desaparece del rancho rural en el que viven. Un hogar aislado, en el que se reproducen habladurías, prejuicios y leyendas, y en el que amor es “la peste”. Los vecinos de enfrente: con más dinero, mejores costumbres y, según parece, poca solidaridad. Pero los chicos (Julián y Marcos) se llevan bien. Tanto, que vuelven juntos de la escuela, aprenden a cazar en el monte, se confiesan sueños y hasta fantasean con irse a Mendoza cuando terminen la escuela.

Manuela creció sola como la hierba mala. Regentea con su madre un hotel junto al río, ese río que ruge a diario desde que una planta industrial se instaló en sus orillas. El padre se fue y el hermano también, en busca de mejor suerte. En ese paisaje desolado de naturaleza alterada y vegetación que trepa con sed de venganza, madre e hija sufren el castigo de mantenerse vivas donde todo muere. Pero con la llegada de dos nuevos huéspedes, el verdadero negocio del hotel se revela y algo vuelve a agitar las aguas.

Una maratón de canciones a cargo de tres cantantes, un pianista y algunos invitados. Un espectáculo para recorrer, a través de los lugares comunes del musical, el estado de situación contemporáneo: lenguaje inclusivo, política cultural, cupo femenino, paridad y hasta los modelos de producción -y representación- de los diferentes circuitos teatrales. Críticas explícitas al macrismo en una verborrágica puesta en escena a la que -quizás- le falten algunos silencios. Un devenir humorístico que se ríe de nuestra banal existencia: el primer planismo de la agenda multitasking a la que nos sometemos, cómo -creemos que- se comporta una familia tipo en Pinamar, a qué cima nos transporta la vejez y por qué la misoginia sigue encubierta.

Él le saca jugo a la fruta, recostado sobre el pasto bajo el sol abrasador. Ve pasar las vacas sin nombre y los caballos con nombre. Ella no ve, pero escucha el arrullo del río, el canto lastimoso del chajá y la voz de él que le habla del campo que se pierde en el horizonte. Ella también contará después, mucho después, sobre ese tiempo de amor rural.

Enrique vuelve de la guerra y nada es lo mismo. En El casamiento, como en la vida, volver de la guerra es un oxímoron, un imposible. No hay regreso después de la brutalidad, de la violencia, del asesinato. Nada ni nadie son lo que eran. A partir de allí, el desparpajo de andar sin filtros ni caretas. Un sinfín de situaciones que, traición y engaño mediante, no pueden más que terminar en tragedia.

Daniel vive con su hermana Magui y está enamorado de su mejor amigo Eliseo, con quien trabaja en un jardín de infantes. Magui vive con su hermano Daniel y está enamorada de su novio Álvaro; o tal vez ya no tanto. La cabeza da vueltas y vueltas. La tragedia merodea hasta caer en picada agitando los vínculos. Todo cambia, todo puede pasar.