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La producción de una obra debe llegar a su estreno. Cueste lo que cueste. Por mucho que en el camino se presenten dificultades –caprichostraumas infantiles apariciones sobrenaturales- el arte deberá avanzar sí o sí hasta su concreción en escena. Que no vengan con fantasmas, sigamos

Un barrio en Buenos Aires que es sinónimo de la extranjeridad; un teatro precedido por un portón que parece una fortaleza en un domingo de verano agobiante. Más adentro, un jardín silencioso y una pileta casi diminuta que parece ser la guarida de los dragones que custodian la sala. En la cocinita que la antecede dos amigos beben té, charlan, comparten el rato. Al fin entramos. El aire acondicionado nos alivia y la ambientación nos reconforta. Nos sentamos alineados, elevados con respecto a lo que vemos: esa distancia justa que nos brinda templanza y seguridad.  

¿Cuál es el límite de la cordura? ¿Y el de la dominación? ¿Cuán invisibles son las relaciones de poder que unen a cada persona con las instituciones y entre sí? ¿Hasta dónde es útil (y hasta dónde perverso) comprender los mínimos resquicios del funcionamiento del sistema? ¿Cómo dejar de reproducir la opresión de unos sobre otros? ¿Es posible des-alienarnos? 

Hugo llega de visita desde los paisajes gélidos y melancólicos de Noruega. Vive en Oslo y viene a Buenos Aires a quedarse unos días en la casa de Sergio. Son amigos de la infancia pero hace años que no se ven. Nelson, el compañero de piso, y su novia también serán parte de esa convivencia torpe en la que los cuatro comparten recuerdos, opiniones, cervezas y silencios. Lo extranjero enrarece lo cotidiano hasta volver a todos extraños para sí mismos.

Las encadenadas

Construcciones en ruinas, calles desdibujadas, sueños perdidos en el fondo del lago. La historia de Epecuén, el pueblo fantasma que supo deslumbrar como balneario de moda en una época y quedó sumergido completamente bajo el agua durante la trágica inundación de 1985, despierta aún curiosidad décadas después. Esa atracción, que hace que decenas de turistas acudan con sus cámaras cada fin de semana a visitar ese paraje misterioso y desolado, se transforma acá en inspiración para material teatral. Cae la noche y la tormenta acecha en el pueblo de Carhué, en el límite con Epecuén, en la provincia de Buenos Aires. Dos mujeres encargadas del crematorio del cementerio municipal se apuran a terminar las tareas de su jornada laboral. Mientras el
fuego refulge en el horno, una llamada aviva dolores del pasado y cambia los planes.