ENCUENTROS CERCANOS CON AMIGOS LUMINOSOS

¿Podrán los seres vivos, así no hayan nacido en esta Tierra, prescindir del amor? Es una pregunta amplia y difusa pues quién conoce un extraterrestre para afirmarlo. Pero la abuela de Tania quizás sí lo sabe. Mejor dicho, lo supo. Ella fue la amante protectora de una criatura de color frío e indefinido, a quien le dio cobijo cuando la criatura quedó perdida en este páramo al fin del mundo, y que lo fue mientras le duró la vida.

Si lo supo, la abuela se llevó a la tumba el secreto de a qué planeta pertenecía la criatura, sin embargo eso es una nimiedad. Hay dos cosas fundamentales en este asunto: que la criatura agoniza sin la abuela, y que la abuela se murió. Por eso Tania vuelve a ese pueblo del que se fue aún siendo Octavio. Hay que salvar a ese ser al que de otro modo se lo llevará la nostalgia de no pertenecerle a nadie. Esa es la misión de Tania, quien con sus inseparables amigos Daniela (una mesera a quien se le caen los chopps de cerveza en el camino y quiere desesperadamente ser madre) y Pedro (un muchacho a quien el sonido de la música lo impulsa a bailar hasta en mitad de una balacera), habrá de recorrer el interior de muchos bosques de ñires cubiertos con barba de viejo para hallar el punto exacto donde haya comunión entre los mundos, y donde finalmente pueda ser ella misma con todo lo que ella ha sido.

Con una historia así, ¿interesa tanto saber si estamos frente a un drama o una comedia? ¿Interesa mucho saber si Tania es mujer u hombre, si Daniela está capacitada para ser madre, si Pedro es puto, si la abuela mantuvo relaciones sexuales con un marciano? Ay, amigos, no, eso nunca resulta significativo, jamás lo ha sido en la historia del mundo ni en la historia del cine. ¿Vieron que las plantas, cuando uno les acerca la mano, se embozan hasta acomodarse a nuestra palma? ¿Y uno se pregunta por las elecciones íntimas de las plantas en esos momentos, o se deja llevar por una sensibilidad compartida? En esta, la mejor película de su filmografía, Santiago Loza consigue la proeza de aunar a la hermosura habitual de sus imágenes, la emoción de observar el esplendor de lo distinto. Hace muchos años que el cine argentino no visita otros mundos, y en contadas ocasiones el cine internacional se decidió a narrar el que habitamos en toda su diversa dimensión. BREVE HISTORIA DEL PLANETA VERDE, también, es un homenaje al cine de la infancia de los que nacimos en cierta época, una época en la que sentirse diferente a los demás daba mucho miedo, un miedo que a veces se nos pasaba en una sala a oscuras junto a esos amigos de luz, amigos que nunca en la vida nos preguntarían de qué carajo estamos hechos, porque de corazón que no hace falta preguntarlo.

 Por Carlos Diviesti

BREVE HISTORIA DEL PLANETA VERDE (Argentina, 2019). Escrita y dirigida por Santiago Loza. Intérpretes: Romina Escobar, Paula Grinspan, Luis Soda, Elvira Onetto. 75 minutos.

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