LO MÁS HONDO DEL ALMA 

La nueva película del director de La noche es una incómoda pero ineludible mirada sobre la obligación de no estar solos, aun cuando la soledad se haya instalado en la vida. 

 Edgardo se corta el pelo rebajadito en la nuca. Le queda prolijo, le sienta bien. Emprende el camino a casa en auto; en un recodo del camino le prende una vela y le deja un cigarrillo al Gauchito Gil, se come un bife en un parador de la ruta, duerme en una habitación rutera pintada de equidistante celeste y blanco. Llega a casa al otro día, o al siguiente, qué apuro hay. La casa de la familia está en Comodoro Rivadavia; adivinamos la distancia de Buenos Aires por los molinos de viento que en la actualidad propulsan la energía eólica. Cuando llega a casa Magda, la hermana, le hace un café. Magda está medio dormida. Edgardo se va a tirar un rato hasta que mamá se levante. El día tiene un color lívido, como la lividez de la Patagonia al borde del Atlántico. 

Mamá se levanta de la mesa para ver “El sultán” en el televisor del living, pero está encandilada con el Candy Crush, que no larga, literalmente, ni cuando va al baño. Papá está sordo, aunque escucha y hasta comenta ciertos pormenores relativos a la muerte de Débora Pérez Volpin. Magda hace los ñoquis. Edgardo se encarga de la salsa; pero como no tiene la mano de Magda para prepararla, Magda no sabe decirle con qué otra especia debiera mejorarle el gusto. De todas formas a papá los ñoquis de Magda le parecen pedazos de masa cocidos. ¿Será que campea el mal humor porque llega Navidad? Las fiestas son así de insoportables. ¿Mejorará el clima con la presencia del hermano que se accidentó con la moto aunque iba despacio, a 150? ¿Con los sobrinos? ¿Con los fuegos artificiales? 

El desamparo es la herencia que se recibe por haber nacido en la Patagonia. La desolación patagónica se imprime en la mirada. Los ojos se cargan de imágenes que de tan amplias se vuelven vacías. Tal vez la distancia con la que Edgardo Castro observa a una familia (la suya, aunque puesta frente a una cámara) en los días previos a ese acontecer ineludible que es el ritual de las fiestas, no sea la distancia del desapego sino la que desasosiega cuando se ha perdido la cotidianidad, cuando aprendimos a estar solos y eso nos basta. Es una distancia incómoda para una película aunque es la distancia que más fácil se quiebra: una vez que se la aprecia en pantalla todo adquiere una nueva dimensión, nada deja de ser interesante. Y algo tan simple como festejar un cumpleaños adquiere una relevancia inusitada porque uno entiende que la soledad no es estar solo físicamente, sino sentirse solo en lo más hondo del alma. 

Por Carlos Diviesti 

 

FAMILIA (Argentina, 2019). Escrita y dirigida por Edgardo Castro. Intérpretes: Edgardo Castro, Alicia Mabel Pepa, Félix Agustín Castro, Magda Castro. 98 minutos. 

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