CHEGA DE SAUDADE

Sobre Sueño Florianópolis, de Ana Katz, notable estudio sobre nuestro veleidoso espíritu 

Lucrecia y Pedro ya estuvieron en Florianópolis hace diez años. Entonces vieron un entorno natural que se les clavó en el corazón como la espina de una rosa, esa belleza que de tan encantadora duele y no puede ser nombrada (más que en el título de un libro para leer panza al sol sin prestarle atención a las frases en latín). Por eso siempre quisieron volver, más ahora que los chicos son grandes y los dos quieren que vivencien el mar, los morros, la arena de la playa, las cosas verdaderamente importantes que uno se guarda de las vacaciones para siempre. Que ellos, Lucrecia y Pedro, se estén separando, es francamente anecdótico; pueden convivir con el tema sin pudores ni ocultamientos, y a la vez se pueden permitir despedir a los chicos que están a un trance de hacerse adultos. Hay quienes pueden llamarlos “modernos” por esa convivencia abstrusa, sin embargo estamos en los ‘90 y la vida, hoy, es una constante evolución y un imperioso salir al mundo.

Pero papá no cargó nafta y come camarones, a mamá la tienta la sunga de Marco, Julián se quiere ir solo a Bombas y Bombinhas, y Florencia presenta una compulsiva necesidad de roce con el sexo opuesto, con el de Lautaro o con el de César, no viene al caso. Entonces Lucrecia y Pedro (que la pifiaron de entrada cuando arreglaron alquilar por teléfono una pocilga a dueño directo) sienten que algo se escapa del control que presumieron ejercer. Se les escapa el control de ellos mismos, eso que son psicólogos. Porque Brasil será un país maravilhoso, sus playas las mais lindas do mundo, su gente legal, direta e desinibida, pero de ahí a que cada cual quiera hacer la suya y sentirse libre… ¿Quién puede darse cuenta de cómo esa vida prevista se les escapa de las manos? ¿Lucrecia, que vuelve a la casa a buscar un paraguas porque seguro que se largar a llover y se tropieza con una gambá? Tal vez, porque pareciera que nadie puede resolver los conflictos si no es a los gritos, y a lo mejor todo se arregle con comprender al otro o con soñar despiertos, así de fácil.

Todos estos años nos costó y nos cuesta a los argentinos razonar que las cosas son así de fáciles, y de aceptar el trabajo que nos cuesta que así sea. Esa constante de querer darle una curva dramática a nuestra propia vida nos impidió crecer entonces y nos impide darnos cuenta ahora que aún es posible cambiar las ilusiones. De eso trata SUEÑO FLORIANÓPOLIS, de la ilusión de la felicidad más que de una vida ilusoria, de saborear el momento y disfrutar la borrachera, de cruzar a pie los ríos, de dejarse ganar por el mar y el cielo aunque no sepamos nadar ni tengamos alas, de ver, con una sonrisa luminosa, cómo bucean juntas dos tortugas cerca de nosotros. De eso trata esta película, de nosotros, de lo que fuimos, de lo que somos. De cómo se desplazan los recuerdos, de cómo analizamos la utopía de la libertad, de cómo somos hombres y mujeres, de cómo podemos ser grandes cuando la niñez no se ha ido tan lejos.

Por Carlos Diviesti

SUEÑO FLORIANÓPOLIS (Argentina/Brasil/Francia, 2018). Dirigida por Ana Katz. Escrita por Ana y Daniel Katz. Intérpretes: Mercedes Morán, Gustavo Garzón, Manuela Martínez, Garza Garzón, Marco Ricca, Andrea Beltrao, Caio Horowicz. 106 min.

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