La sensibilidad política 

Diego Sztulwark propone un análisis personal de los acontecimientos políticos de los últimos 20 años en La ofensiva sensible. Posestructuralismo y plebeyismo como formas de fuga. 

Todas las épocas tienen conceptos en pugna. Los últimos 4 años Neoliberalismo y Populismo ( o progresismo, o voluntad de inclusión) se acusaban mutuamente de los peores crímenes y pecados: corrupción y derroche, ajuste y represión. Una vez finalizado en 2019 el breve ciclo macrista quedan puntos suspensivos: ¿Qué encubren finalmente estos dos términos? ¿Cómo fue posible que el neoliberalismo del cual nuestra región solo tenía pesadillas pudiera retornar por vía democrática? ¿Por qué fracasó el populismo siendo una lógica de poder que incluye en las dinámicas de consumo y derechos a los olvidados? ¿Puede volver a fracasar en su retorno? En La ofensiva sensible, el sociólogo Diego Sztulwark, intenta teorizar sobre los devenires de la política argentina escapando de las tradiciones rígidas. Sintetizando nociones de DeleuzeGuattari, Foucault, Spinoza, León Rozitchner entre otros la política deja de ser una lengua técnica y  se vuelve un virus que coloniza lo sensible. El libro editado por Caja negra propone una lectura del capitalismo y sus constantes mutaciones: “ Deleuze y Guattari concibieron el funcionamiento del capitalismo como un mecanismo de conjunción de flujos descodificados que tiende hacia sus límites (crisis) para desplazarlos ( relanzamiento)”, “Walter Benjamin concebía el capitalismo como una religión basada en la universalización de la culpa y la deuda y en la conversión del mundo en consumo”, “En el capitalismo contemporáneo las empresas no producen solo mercancías, sino también el mundo en el que estas mercancías funcionan como realización del deseo”.  De fuerte tradición militante (agrupación El Mate, colectivo Situaciones) y teórica Sztulwark busca líneas de fuga a la imposición de tediosos modos de existencia neoliberales: “En el año 79 hubo un encuentro entre representantes de Alemania, Estados Unidos y  Japón¿Qué pasaba? Los estados tenían una sobrecarga de demandas sociales que no podían contener. A partir de ahí el neoliberalismo se organiza para liberar al Estado de estas demandas y que estas vayan directamente al mercado. Y fue un éxito.  Neoliberal es la dinámica de reestructuración de las relaciones sociales que otorgó aún más fuerza al capital por sobre el trabajo, al punto de incluir a la vida entera en la esfera de su valorización. El capitalismo siempre fue eso, pero tuvo ciertos momentos de reformismo, por ejemplo, con el New Deal de Roosevelt posterior a la revolución de Octubre. Si hay una clase obrera que se puede autonomizar: hay que incluirla.  

Hablamos de inclusión. ¿Cómo fue posible que en el 2015 el Kirchnerismo haya perdido las elecciones frente a Macri siendo esta una fuerza que tenía en cuenta la inclusión al consumo de las clases populares cosa que podría advertirse que la nueva administración no iba a contemplar? 

 Cuando ganó Macri todos teníamos una sorpresa. Desde la teoría populista todo estaba dado para una reproducción al infinito, o sea, un pueblo que votaba mayoritariamente a un gobierno que lo beneficiaba y unas condiciones democráticas de resolución de conflictos, más una región que acompañaba ese movimientos, más la soja a buen precio, uno decía es difícil imaginar que por la vía democrática un pueblo que se autosatisface vaya a ser derrotado por vía electoral. Yo creo, como Álvaro García Linera, ex presidente de Bolivia que estos gobiernos incluyen a amplios sectores que habían sido excluidos del consumo y en esa inclusión nacen aspiraciones de tipo de clase media entonces terminan votando como si fueran sujetos de clase media. Lo que nos faltó – sostiene Linera- fue una pedagogía más clara y ahí empieza mi discusión. ¿Realmente es un problema de pedagogía política? ¿De enseñarle a la gente? La idea de que una persona hablándole al pueblo va a educarla es lo que no funcionó, es una teoría inocente de cómo se maneja el deseo de las personas. ¿Por qué no pensamos mejor el consumo? Si nosotros detectamos que el hecho de incluirse en el consumo produce una subjetividad metámonos ahí. El problema no es que aumente el consumo, yo estoy a favor que las clases populares entren en el mayor consumo posible porque es distribución de la riqueza, pero tenemos que pensar que eso viene asociado a un modelo de felicidad, de subjetividad que podemos discutir. Cuando grandes masas entran al mercado alguien vende un montón de mercancías. Hay que pensar de manera más interesante. Hay que politizar el consumo, tomarlo como momento político, no es algo que desde afuera tiene que ser explicado 

El gesto plebeyo. 

La ofensiva sensible surge de una recopilación y corrección de textos publicados en el blog del autor lobosuelto.com (donde también hay entradas de Diego Valeriano y Silvio Lang, entre otros) y se plantea como eje central sobre la posibilidad transformadora de la política, partiendo de una lectura micro-política de la coyuntura argentina entre los años 2001 y 2019. Hay una acción de desmontaje de los hechos más relevantes comprendidos en esos años pero la crítica apunta a cómo los diversas estructuras políticas están sostenidas sobre los modos de existencia: “el comando neoliberal se configura partir del conjunto de estos dispositivos individualizadores (mecanismos de endeudamiento, racionalidad seguritista, representación política y mediatización de la existencia) por medio de los cuales se articulan los modos de vida con la producción del capital” escribe Sztulwark. Sin embargo no se plantea un neonihilismo (“atravesar la decepción, renunciar al discurso utópico, desplazarse del moralismo a la estrategia”) si no que el autor postula un elemento que es fuerza de choque y que se vuelve  incapturable en su complejidad: el plebeyismo.  

Es que hay dos grandes secuencias de gobierno: las populistas, y hay otra tradición llamada neoliberal-conservadora; el capitalismo consiste en una ondulación entre ambos polos. Con respecto a lo plebeyo ocupa un papel totalmente desplazado, porque lo plebeyo no es una forma de poder o gobierno, y actúa como reverso tanto del polo neoliberal en las economías informales, atravesando el mercado, opera también en la forma estatal o política del populismo, bajo las formas de un plebeyismo que no se amolda a las formas tradicionales más estructuradas del populismo que reducen lo popular a lo nacional y a lo estatal. Hay una larga tradición dentro del peronismo revolucionario desde John William Cooke de ser más fiel al plebeyismo que las formas más ordenancistas desde el catolicismo y muy estructurada desde el orden social y la jerarquía. Creo que lo interesante del reverso plebeyo es un gesto irónico, irreverente, igualitarista y libertario que se da tanto como trama del neoliberalismo y del populismo. Es una dinámica de contrapoder que por el momento no es capaz de generar movimientos políticos. Son momentos de contrapoder, toma de la calle, de fiesta desaforado. Es la frase: “no quiero trabajar bajo estas condiciones de precarización y esto puede dar lugar a formas de organización espectaculares o formas más oscuras como el robo o el narco. Yo no festejo eso, tiene una deriva oscura que no me atrae. Si vos seguís la historia del plebeyismo entendés mejor a la clase trabajadora en sus componentes y rebeldíashitos como el 2001, tal vez el Cordobazo, o el 17 de octubre serían pruebas de esto. Mi impresión es que para relanzar un proyecto político o una estética habría que estar atento a esos momentos plebeyos, eso que yo llamo el reverso de lo político: lo que ocurre más allá de esa gestión, lo que ocurre en una suerte de interioridad sumisa, pero que tampoco tiene un horizonte político definido. Negocia con cualquier partido, y tiene un pragmatismo con el Estado, con el mercado, el peronismo. No es del todo recuperable, no hay ninguna política que lo logre agotar. Desborda o se sustrae. Es muy pragmático. 

Correr al pensamiento político de la discusión “teológica”. Tomarlo como un espacio de creatividad es el residuo que deja impregnado La ofensiva sensible de Diego Sztulwark; una creatividad de los afectos: afectos de los que nuestros cuerpos aún no saben nada. 

Por  Juan Ignacio Crespo. 

CREDITO DE FOTOGRAFIA: Moro Anghileri

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