UN VIAJE PERSONAL

En 2019 Llegás sigue entrevistando a mujeres que inspiran. Llegada a estas pampas hace doce años de la mano de un amor argentino, esta italiana de Milán es hoy la directora del Teatro Coliseo. Su camino hasta aquí esconde una historia rica no sólo en acontecimientos, sino que sus palabras adquieren una profundidad ligada a reflexiones sobre la extranjería, la territorialidad y la transformación personal. Vale la pena conocer el viaje.

Empecemos por el principio, ¿cómo eran tus circunstancias allá?

– Me crié en un contexto económicamente seguro, la Italia del norte de los años ‘70, ‘80, y las situaciones en las cuales se encontraban mis padres en ese momento, ellos no son de extracción alta, para nada, pero cuando yo llegué a la familia ya estaban con una casa grande, un jardín, mi papá con una buena posición de trabajo. Fue una oportunidad de acceder a muy buena educación, viajes, cuestiones que me enriquecieron, pero junto a eso mis padres me trasmitieron valores vinculados al esfuerzo, todo me lo tenía que ganar, lo tenía que conquistar aunque lo tuviera a mi alcance. También es parte de la cultura del lugar de donde soy, que tiene el valor del trabajo como un absoluto.

¿Cómo fuiste procesando eso?

– Fue entender, mirando un lugar donde todo estaba más o menos resuelto, que poseer todo eso no nutría algo que yo tenía: una necesidad de conocimiento de lo diferente. El elemento curiosidad siempre fue fuertísimo. Entonces, ¿me escapé de algo? No creo. ¿Me fui  hacia algo? Sí, siempre, siempre me interesó encontrarme incómoda, estar en un lugar donde al principio no entiendo nada, y empezar el proceso de aprendizaje. Decodificar lo que está alrededor me hace sentir viva. de adolescente no me parecía interesante irme a una playa a descansar todo el día, aburrido. ¿A ver qué puedo hacer este verano? Por ahí puedo trabajar en Inglaterra, mientras trabajo estudio, encuentro gente de Francia, de Alemania… nunca me importó que la comida no tuviera el sabor del parmesano o del risotto de mi mamá. Me parecía más interesante probar cosas distintas. Ésa curiosidad fue la fuerza que me llevó adelante toda mi vida, desde que tengo conciencia.

 ¿Qué encontraste en la extranjería?

– Tuve una vuelta en Londres que me marcó fuertísimo. Tenía 20 años, en Milán alguien me habla de sus excelentes escuelas del teatro. Luego de un curso de verano en la Royal Academy, entré en una academia de teatro, La Arts Educational. Londres representaba lo distinto, lo diverso, lo cosmopolita, tenía ese aspecto que me encantaba de tantas razas todas juntas, como tocar el mundo en un único lugar, pero por supuesto siempre en un contexto de primer mundo, todo lindo, todo top. Y después por mi camino se cruza un argentino. Honestamente, debo admitir que yo no sabía mucho de Argentina, no tenía ninguna historia de inmigración en la familia, tenía una enorme ignorancia. Y con el argentino que ama Argentina, llegó un nuevo idioma para aprender, había estudiado inglés, francés, alemán, me faltaba el español. Era muy extraño lo que él me contaba de su país, no era mi imaginario de Latinoamérica, me hablaba de teatro, de rock, de un tipo de reflexiones sociopolítico económicas que yo no entendía. Ahora, a distancia de años, lo entiendo. Tardé un montón para entender. Encontré algo muy inestable, imperfecto, complejo, que sin embargo me atrajo muchísimo.

Te sentiste cómoda en esa incomodidad.

– Acá descubrí una clave muy filosófica para aprender: la imperfección. Buenos Aires es maestra de eso. Empezó a hacerme reflexionar en términos más profundos, de tipo sociológico, por ejemplo entendiendo el nivel de lujo desproporcionado que se vive en el norte de Italia, en Europa. La convivencia de todos esos desequilibrios sociales empezaron a hacerme apreciar muchísimo ese rol de privilegiada que tenía en la vida. No era una cuestión de contentarse, pero sí de aprender profundamente, carnalmente, a apreciar lo que uno tiene.

Llegaste y ¿qué pasó?

– En Buenos Aires, a través de la persona que me había traído acá, encontré un lugar que me interesaba: el under. Encontré una manera de hacer teatro que me era afín. Actué, produje, también en el audiovisual, y empecé a ofrecer cursos de teatro en italiano. Y así, tuki-tuki, hormiguita, empecé a construirme mi realidad. No vine de la mano de un embajador ni de un gran empresario. Vine de la mano de un actor de teatro independiente. De a poco encontré a Italia acá, y empecé a acercarme a las instituciones. Que de a poco iban apoyando mis proyectos.  Quedaba muy fuerte en mi la dimensión del hacer, que cualquier cosa que me hubiera ganado era por mis propios esfuerzos.

Puro acto.

Acá encontré una expresión muy linda de Arlt que resumía mi manera de ser. “prepotenica de trabajo” y la hice mía. Y fue así que viéndome trabajar me invitaron a ser parte del Consejo Directivo de la Fundación Cultural Coliseum, que gestiona el Teatro Coliseo. Ese teatro no lo tenía en mi mapa. Yo conocía el mundo del Camarín de las Musas, el Konex, el San Martín… En el año 2011 fue la primera charla con mi “padrino” Marcelo Apicella, el entonces número dos de la embajada. Me invitó a almorzar. La sensación era “me hicieron una propuesta que no puedo rechazar”, Digo padrino en el sentido más luminoso del término, porque después fue la persona que me guió en todo ese período. Yo decía “pero yo no sé hacerlo, ¿cómo hago?, no sé trabajar en un teatro de semejante magnitud”, y me decía: “Entrás, y después hacés la revolución”.

Tenía su espíritu el tipo…

– Habrá visto algo que yo no veía en ese momento. Y después todo siguió desde la prepotencia de trabajo, la pasión y la locura, y evidentemente un mínimo de capacidad organizativa para llevarlo adelante. Nunca tuve la ambición de ser directora de un teatro… sucedió. No es que sucedió’ “vení a dirigir este teatro que está estupendo y tenés un millón de dólares al año de presupuesto”. ¡Para nada! Está este muerto, lo queremos renovar y no hay plata, y tampoco para vos, no te vamos a pagar, ¡todo mal! No sé por qué acepté…

Tenía que ver con las condiciones que viniste a buscar acá, no te estaban dando todo servido, otra vez, era un lugar de cierta incomodidad.

– Incomodidad, ésa es la palabra. Además, estaba embarazada en ese almuerzo con Apicella, encima tenía esta gran incógnita de la maternidad… Pero bueno, de ahí a pocos meses, puérpera, con las tetas que me explotaban, vine a la primera reunión de consejo, medio vestida de entrecasa, me senté a una mesa con 14 hombres. Había que firmar algo, todos sacaron la Montblanc y yo miré en mi bolso, tenía una BIC toda mordida, dije no voy a sacarla, voy a pedir prestada la birome al que está al lado mío. Hubo toda una etapa de “no me siento a la altura”. Nunca pensé que era porque soy mujer, en ese momento creía que era más una cuestión de extracción social, no tenía ningún nombre, no era nadie. Pero yo tenía algo que era el conocimiento interno. Cuando vi el escenario del Coliseo me desmayo casi por la magnitud… y me encendió la pasión. Ahí yo no vi el peligro – ése es un problema mío-, no medí la dificultad, me pareció todo tan fascinante, una oportunidad tan grande que no podía desaprovecharla.

Fuiste tu propio padrino… o ya podemos cambiar el lenguaje y decir tu propia madrina.

Marta, “la otra chica” con la cual llevamos adelante la primera etapa de relanzamiento,  me alertaba sobre ciertos patrones machistas que yo no quería ver. Empecé a verlos cuando devine vicepresidente y no me dirigían la palabra, hablaban sólo entre hombres, ni me miraban a la cara. Yo lo reconducía más a una ganas de expulsarme porque era lo nuevo, pero evidentemente había un tema generacional y de género. Pero después vino la embajadora Teresa Castaldo, que era el poder femenino a la máxima potencia. Bajo su ala de mujer me sentí muy inspirada por ella y su poder. La palabra poder, muy importante, el poder en el sentido transitivo del termino, como verbo, poder hacer, no el poder como algo que uno posee. El poder, cuando empezás a ver que se abren puertas, que empezás a poder hacer cosas. Fue un cambio crucial de conceptos… Yo tenía toda una serie de connotaciones negativas acerca del liderazgo, creía que “teníamos que ser todos iguales”. Ahora sé que es sumamente importante generar organigramas, articular. Uno puede ejercer el poder oprimiendo, no escuchando, o de otra manera. Todo un terreno de conocimiento nuevo: articular el ejercicio del poder con un contexto que ya no eran mis amistades cómodas del under. Tenía unos superiores de un rango altísimo, embajadores, ministros, presidentes de empresas. En ese momento yo sentía que no pertenecía a ese mundo. me veía un poco tirada  a transformarme en eso que no era para que me acepten, -desde la vestimenta hasta llegar a como pienso, pero después decía “no, a mí me eligieron por esto que soy”.

Una suerte de encrucijada.

– Sí. El desafío era: cómo me afirmo yo acá, cómo voy a entrar en este círculo al cual claramente no pertenezco?

¿Y?

– Siempre me fui para adentro, en el sentido de que hago lo que siento que es auténtico y creo que es justo. Obviamente preparándome, informándome, estudiando. Pero a su vez confiando en mí, porque si no confiaba en mí, no iba a ningún lado. Entonces no modifiqué mi estilo de vida, ni de mi vestimenta, ni nada… seguí tuki-tuki, suavecito, viendo como aprendía el arte de la negociación, de la diplomacia.

Hoy hay decisiones que ya parecen haber sido tomadas, te vestís como querés, decidiste ser fiel a tu naturaleza. ¿Cómo convive eso con el puesto? No necesariamente funciona solo.

– Es todo dinámico. Y una enorme constante de negociación, tenés una cantidad de factores en la mesa a la hora de tomar decisiones, es muy importante ponderarlos todos, sobre todo a la luz del objetivo. Lo que ayuda muchísimo es tener claros los objetivos. tanto del trabajo, como de la vida. En todo momento hay que reajustar eso, concretamente, afuera, e internamente también. Qué deja uno en el camino?,Porque indudablemente todo esto implicó una cantidad enorme de renuncias.

¿Como ser?

– La vida privada, las coordinadas espacio-temporal son las mismas para todos, y todo no entra. En el todo está uno, su relación con sí mismo, con el tiempo de soledad que uno tiene, que dedica a su higiene personal, desde el deporte, a la meditación, a comer; el tiempo con el otro, el hijo, el marido, el tiempo social de las amistades; y el tiempo laboral. En esta ecuación yo estaba muy consciente que se había desbalanceado con un porcentaje elevadísimo para el trabajo, sin embargo sentí que era una oportunidad que no podía dejar de pasar, que era temporaria y valía la pena hacer. Siempre con mucho cuidado y conciencia de decir bueno, estoy dejando de lado eso. Y después cada X meses, rever, … todo sigue dinámico. No tengo formula. Por momentos hubo desbalances que hubo que recuperar. La única cosa que sí me funcionó fue intentar no perderme nunca. La única cosa cierta que tengo en la vida, de toda la vida, es vivir conmigo misma. Me voy a querer mirar al espejo serena todos los días de mi vida. Mi sistema de valores no podía entrar en jaque.

¿Como apreciás desde tu lugar lo que están haciendo los movimientos de mujeres?

– Me lo pregunto siempre, me digo debería militar más, hacer más, hacer menos… Y después entiendo que cada uno tiene su rol en el mundo. Así como no todos nos estamos ocupando de lo mismo, como mujeres no todas estamos en el mismo frente. Y tiene que ver con la naturaleza de cada uno. Veo que hay mujeres militantes por naturaleza, que son capaces de ir al extremo o luchar para cuestiones muy límites. Yo entendí que eso no es mi rol, no me siento cómoda con eso, y agradezco que haya ese tipo de mujer, me encantan las extremistas porque permiten que el motor se mueva en una dirección. Yo sé que mi rol en el contexto social es otro, soy más para la negociación, para los entendimientos recíprocos, entro en juego en otro momento, tengo otro rol en el feminismo, y que tiene que ver también el rol de madre/mujer que trabaja, con un tema de cotidianeidad y circuito íntimo en el cual uno puede fomentar que las mujeres se respeten mucho a sí mismas. Salir del modelo de la generación anterior que hacía todo para los demás, para el marido, los hijos. Pero también, ¿dónde te realizas, haciendo muffins? ¡Bárbaro! Pero no lo hagas porque quedás bien, porque tenés culpa. Lo que puede generar un muffin horneado con amor es lo mismo -y no lo digo con falsa retórica- que puede generar salir a un escenario a actuar. El tema es cuál es nuestro lugar. Yo entendí que mi lugar no era actuar, y lo creí durante toda mi vida, después entendí que estoy mucho mejor si no lo hago, o fue por una parte de mi vida y ahora ya no. Es de fundamental importancia que cada mujer encuentre cuál es su lugar. Y me encanta lo que está pasando. Hay un tema delicadísimo, que es el tema de los abusos que estén surgiendo tanto a la luz, y parece que ahora el ser humano se volvió loco y todos están violando. No, siempre hubo. Y me hace temblar, me parece de un coraje que se me caen las lágrimas cuando veo los relatos de abusos. Las mujeres estamos pisando un terreno muy delicado gracias a las que están en la primera línea, realmente les agradezco porque yo no habría tenido el coraje de hacerlo.

Por Vera Czemerinski

Además de la programación en su propia sede, este año el teatro Coliseo trabaja en conjunto con el Complejo Teatral Buenos Aires y la Bienal de Perfomance, en el marco del programa de intercambio cultural Italia XXI, creado e impulsado por Elisabetta Riva.

 

 

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