Necesitamos reexistir, ir hasta el final, defendiendo lo que creemos a pesar del miedo.

El 24 de septiembre de este año, el actor brasileño José Neto Barbosa fue apedreado por un grupo de personas que se encontraban entre el público, durante la función de su obra, La mujer monstruo, en Jaboatão dos Guararapes, Brasil. En ella se denuncia la situación política y social de su país, mostrando las diferentes caras de la intolerancia derechista y el odio, en boca de una mujer encerrada en una jaula.

En esta entrevista, José nos cuenta cómo vivió ese momento y el estado actual del arte en el escenario político que plantó el gobierno de Bolsonaro.

¿Podrías contarnos en detalle cómo fue la escalada de violencia que recibiste durante la función en Sesc Piedade?

Comencé la presentación normalmente en Jaboatão dos Guararapes / Pernambuco, en la región metropolitana de Recife. Ahí me di cuenta de que un grupo me estaba azuzando, desde el inicio, tratando de desestabilizarme con palabras groseras. A medida que el espectáculo avanzaba, percibí que los insultos aumentaban y pasaron a la agresión verbal, cada vez que criticaba duramente al presidente brasileño. Una persona, la más alterada, hizo cuestionamientos como: es absurdo, ¿esto es teatro o es política? Esta persona se levantó y se fue después de las discusiones mediadas por los asistentes de producción y por mí (aún como personaje) en medio del espectáculo. Se dice que es profesor de historia, alguien de la producción lo identificó. Mirá qué contradicción, un profesor de historia defendiendo el bolsonarismo. Intervine para que nadie se agrediese físicamente, ya que otras personas se levantaron para defenderme. Fui blanco de abusos verbales y de insultos durante toda la actuación. Pero me mantuve firme, en el personaje, entre ficción y realidad, algo que experimento a propósito en la puesta en escena. No pudieron desestabilizarme, terminaba por tener salidas para todas las situaciones, sin quedar como rehén ni paralizado en el progreso de las escenas. Los irritaba, era perceptible. Luego, cuando el escenario estaba con la luz baja, recibí una pedrada. La piedra fue arrojada hacia mí, a mi cabeza, pero golpeó la estructura metálica del escenario, que es una jaula, evitándome heridas. El riesgo de que explotara la iluminación fue grande. El autor de la pedrada no fue identificado. Logré terminar el espectáculo, lo hice completo. Fue difícil, pero el público que se quedó hasta el final amó nuestro trabajo.

 Sabemos que, además, tu obra fue censurada en el Festival de Curitiba a principio de año. ¿Viviste más formas de censura y agresión aparte de ésta y la de Sesc Piedade?

Mi espectáculo hace denuncias de la situación política y social de Brasil. Desde que Bolsonaro se candidateó, perdí dos patrocinios en Rio Grande do Norte, sociedades que tenía desde hace años. Uno de ellos afirmó que la foto publicitaria donde aparece el personaje con la cara pintada en verde y amarillo de forma irónica (colores elegidos para la campaña de la extrema derecha brasileña) iba en contra de la ideología de los clientes que votarían por el actual presidente. Hice presentaciones en Natal / Río Grande del Norte, el fin de semana de la segunda vuelta de las elecciones y recibí amenazas de propaganda electoral irregular, en un intento de que desistiese de las presentaciones. Siempre tachan el espectáculo de “comunista y petista”, esto me sucedió con un debatedor oficial de un festival en el sur del país que intentaba deslegitimar mi trabajo. En Curitiba fui vetado para presentarme en un espacio cultural del Ayuntamiento del municipio. Comencé a circular mucho menos en festivales y muestras teatrales, a tener dificultad para conseguir temporadas en otras regiones brasileñas, tuve cancelaciones en teatros ya pautados con argumentos mentirosos en el noreste, formas de censura velada también.

En otra nota decís, en relación a la pedrada: “Una parte de mí encontró la piedra algo humillante, no mentiré. Otra parte de mí dijo, ¡sigue adelante!” ¿Por qué hubieras querido que siga adelante?

Mirá, no voy a mentir sobre que no pensé rápidamente en irme. Eso pasó por mi cabeza todo el tiempo durante la presentación porque a pesar de amar lo que hago, necesito pensar en mi integridad física, en mi seguridad. Si estos atacantes estuviesen con un arma de fuego o un cuchillo, sería mucho peor. Pero hay algo mayor en todo esto. ¿A qué punto llegamos? Fue un pasaje serio y humillante, pero he estado en este camino durante 16 años, soy artista, vivo de eso. Dejar de expresarme no es algo que vaya a suceder. Me inspiro en mujeres como Andreia Beltrão y Fernanda Montenegro, que fue atacada de manera irresponsable y dijo, con sus casi ochenta años de vida: “no me callarán”. También me gusta recordar una declaración de la actriz Carrie Fischer, ella dijo algo que llevo como una razón importante para la vida: “agarrá tu corazón partido y transformalo el arte”. Subvertir mis dolores forma parte de mi investigación y método de investigación como actor. La actriz Marieta Severo dijo en una entrevista que “el arte siempre renace”, incluso siendo directamente atacado en estos tiempos oscuros de nuestro país. Claro que en el momento de la pedrada no me detuve a reflexionar en todo esto, pero lo que quiero decir es que llevo esta fuerza en mí. Ellos no van a detenernos. El día siguiente a lo ocurrido no pude salir del cuarto hasta que decidí publicar en mis redes sociales. Necesitaba compartirlo y tomó grandes proporciones, como denuncia.

La obra fue creada en el 2015, cuando todavía Bolsonaro no estaba en el gobierno. ¿Podrías contarnos qué percibís que cambió (en la obra, en el público y en las instituciones) a partir de que aquél ganó?

El proceso de construcción de la pieza comenzó en 2015, junto con la polarización efervescente y la crisis política del país. Surgió ante las barbaridades siempre leídas y escuchadas tan abiertamente en el día a día y, ahora, acentuadas no solo en Internet. La escenificación expone formas de hablar reales, verdaderas monstruosidades dichas y practicadas. Son puestos variados tiempo-espacios en escena, denunciando expresiones y actitudes radicalistas, fundamentalistas y segregacionistas de la vida cotidiana. Aborda la discriminación social en tiempos de alienación e ira, como la defensa del militarismo, el armamentismo y la justicia con las propias manos. Las declaraciones de Bolsonaro siempre se incluyeron en el espectáculo, incluso antes de que asumiera el gobierno. Surgió antes del golpe sufrido por la ex-presidenta Dilma. Pero con la candidatura de él, decidí volver a montar el espectáculo. Necesitaba repensar lo que quería decir en ese momento. La evolución de la puesta en escena es genuinamente viva, las adaptaciones del texto ocurren según los titulares, los acontecimientos históricos y políticos. Cada sesión es pasible de modificaciones y de experimentación performática. El público  nos dice siempre que el espectáculo es necesario, que debería circular más, ser presentado en plazas públicas. Siempre con sala llena, estamos siendo bien recibidos, a pesar de las polémicas y de las censuras. Pero seguimos encontrando dificultades para circular, obtener temporadas y acuerdos con las instituciones. Después de la victoria de Bolsonaro, las instituciones culturales federales están haciendo análisis de contenido de proyectos culturales. Si abordan cuestiones de género y su diversidad, sexualidad o critican al Gobierno, ellos no lo permiten.

Contanos sobre la censura que recibiste en el Festival de Curitiba, ¿qué repercusiones tuvo en la obra? ¿Qué repercusiones tuvo en su difusión y acceso a otros festivales?

La obra había sido pautada y divulgada para presentarse en un equipamiento cultural del Ayuntamiento de Curitiba. Días antes de la presentación, después de que tuviésemos invertido una gran cantidad de dinero para difundir y cruzar el país, el alcalde vetó nuestra presentación en el espacio. Este hombre es un apoyador y defensor de Bolsonaro. El Festival tuvo que reubicarnos, y opté por hacerlo en la misma calle, en una plaza pública. Ellos siempre inventan justificaciones sin sentido. El Festival me informó que el Ayuntamiento incumplió un acuerdo contractual, y el mío me dio su apoyo. Yo lo denuncié en las redes sociales y el caso tomó proporciones gigantes a nivel nacional. Siempre recibí críticas en Internet cuando promocionaba la pieza. Pero después de esta repercusión, incluso antes de las presentaciones, me amenazaban de muerte. Algo serio. Hubo muchas amenazas de muerte. Curitiba es una ciudad donde hay mucho amor flotando, pero también mucho odio. Además de ser el lugar en donde el ex presidente Lula está preso. De donde surge el falso juez y actual ministro de Justicia de Bolsonaro, Sergio Moro. En las fechas de mi presentación también se cumplía un año del arresto de Lula. Entonces, el sindicato de Banqueros de Curitiba y de la Región, al ver el peligro inminente y tantas amenazas, puso seguridad privada para cuidar de mí en la ciudad. Andaba escoltado, parece surrealista que un artista de teatro tenga que ser escoltado. Me presenté con seguridad frente al escenario. La policía militar rondaba el lugar con las sirenas altas, a propósito, con la intención de molestar e intimidarme. La policía militarizada en Brasil es entrenada para aterrorizar a las minorías, principalmente en las periferias. La policía brasileña mata, un horror. Y yo seguía firme, incluso así. Fueron tres días de presentaciones con más de tres mil doscientas personas, una de las mayores audiencias en la historia del Festival en la calle. Fue un acto político. Recibí mucho cariño, mucho apoyo, el público me pide que regrese allí siempre, semanalmente, a través de Instagram. Pero yo le digo a la gente que no romantice el hecho de que soy conocido por estos problemas. En mi intimidad, sufro y sufrí mucho con todo esto. En Curitiba, fuera del escenario, sólo lloraba sin control, pasaba horas hablando por teléfono con mi madre, tuve ataques de pánico y ansiedad. Todos los días decidía abandonar, por miedo, y al mismo tiempo era convencido de presentarme. Fue horrible, no conseguía controlarme. Pero gané esta etapa, yo y el equipo fuimos firmes. Sin embargo, después de toda esta repercusión nos enfrentamos a otras formas de censura.

En tu Instagram hablás de una censura institucionalizada, ¿podrías contarnos un poco más de esta situación?

Es sobre la censura velada. El miedo que productores, curadores y programadores tienen de montar una obra que habla directamente de política y relaciones sociales. Aunque no sea sólo de eso de lo que mi pieza trate. La máxima de todo esto es que Funarte, una institución del gobierno federal, persigue a los artistas, por ejemplo, donando teatros para que sean sólo de “público cristiano evangélico” (como se está planeando para el Teatro Glauce Rocha en Río de Janeiro). Los teatros impiden presentaciones sin motivos claros, especialmente. Esta censura ha acontecido en muchos lugares. Se torna cada vez más difícil, por no decir imposible, estar en festivales, muestras, proyectos de circulación, ocupando teatros patrocinados o instituciones. Difícil salir del estado de origen, difícil continuar llegando a otras ciudades. Ahora el problema está en el teatro que dice, en la temática. Es un absurdo. Y, por lo general, estas personas también son las mismas que dicen estas frases que nacen de la izquierda, que gritan palabras de orden, pero que en el fondo, se preocupan por no perder el trabajo, por no buscar nada que sea “polémico”. Permanecen en silencio en la práctica, omisos. Los curadores y programadores brasileños temen perder dinero. La salida, para ellos, es, apenas, vender un teatro inventado del noreste. Aquí, en el noreste, se diseñó un teatro marrón, rimado, con colores tierra, de mala calidad, que habla de la sequía del agua, con música regional, divertidísmo y basado en el sufrimiento del sertanejo. No es que quiera cuestionar a los que eligen hacer este teatro, lo encuentro legítimo y súper luchador. Pero sólo se pauta lo aceptable, ya autorizado por la masa y por la televisión. Por ejemplo, sólo venden en Argentina, creo yo, que Brasil es carnaval, mujer bonita, fútbol, alegría y samba. Hay un Brasil diverso, hay un noroeste diverso, hay un teatro diverso que precisa circular. Ahora yo logro entender algo que siempre me pregunté al estudiar el período de la dictadura militar brasileña, años que no viví: ¿cómo es que el país pasó tantos años viviendo aquel infierno? Está ahí la respuesta. La omisión también tiene la mano sucia de sangre. Legalmente deberíamos tener la libertad de expresión asegurada, pero eso está siendo violado. Que puedan pautar las obras por sus singularidades, autenticidad y atributos artísticos, no por su tema o por carecer de críticas políticas.

Credito de la foto Brunno Martins
¿Cómo vivís el actuar la obra en estos tiempos donde gobierna la derecha? ¿Sentís miedo? ¿O te dan más ganas todavía de seguir haciéndola, como acto de resistencia?

Caetano Veloso y Gilberto Gil compusieron en la dictadura brasileña, en 1968, la canción “Divino Maravilhoso” y ella dice: “Debemos estar alertas y fuertes, no tenemos tiempo para temer a la muerte”. Entonces nosotrxs, lxs artistas jóvenes, debemos hacer justicia a aquellos que luchan y lucharon para que este intento de redemocratización brasileña suceda. Y yo no iría y no voy a negociar mi arte en este proceso. Debemos ir hasta el final, defendiendo lo que creemos a pesar del miedo.

En tu instagram decís que tu obra es resistente y luego agregás “Necesitamos una reexistencia.” ¿Podrías desarrollar a qué te referís con esa frase?

Necesitamos existir y recomenzar  todos los días, renovar nuestra capacidad de lidiar, no sólo de lucha. Ya no bastan todas las dificultades de hacer teatro sin apoyos, sin valorización, ahora los artistas tienen que saberse posicionar delante de tanto desgobierno. La política de cultura e la democracia están siendo desmontadas. Eso influencia nuestro día a día. Son tentativas de exterminio. Necesitamos estar juntos, creando redes y territorios de afecto para no temblar hasta el punto de parar, rendirnos, callarnos. Cuando digo que mi trabajo es resistente es porque no negocio mi teatro, mi modo de hacer teatro. Nosotros debemos continuar presentándonos en plazas, en espacios independientes, donde nos acojan, escuchar más y hablar para más personas. Los opresores dominarán las redes sociales, los algoritmos de internet, con eso nos aíslan para atacarnos por diversos lados (medioambiente, educación, creencias, cultura y arte, cuestiones de género, raza, color y sexualidades) para dejarnos inertes. Hoy, si miramos las redes sociales, inmediatamente surgen diversos asuntos urgentes, repugnantes, que atraen nuestra atención por diversos lados para dejarnos quietos. Como diversas cuerdas en diversas direcciones, quedamos atados, parados. Y mi generación ha sido muy apática, Las famosas fakes news también forman parte de esto y son gravísimas. Como dice Marcio Abreu, ellas resultan ser la ausencia de los cuerpos. Y el teatro precisa re-existir en ese avance de la globalización, para afirmarse. Nosotros somos necesarios. Simone Ordonnes, del Grupo del galpón, una vez dijo, en una clase, que en un futuro próximo el teatro será extremadamente necesario. Yo creo en eso. Las personas no se miran más a los ojos, los celulares representan nuestras emociones y sentimientos con meros emoticones, siglas, abreviaturas. La humanidad necesita encuentros. El teatro es el arte del encuentro. Esa es una frase muy usada en Brasil, y es muy verdadera. Necesitamos renovaciones de fuerza colectiva, profunda y también particular, diría hasta individual, para mantenernos vivos. Duele todo lo que estamos viviendo en Brasil, cualquier persona con un mínimo de empatía siente ese dolor.

¿Por qué elegiste crear este personaje? ¿Qué te motivó?

Estudio a Caio Fernando Abreu desde hace algunos buenos años. La pieza está inspirada en el cuento “Creme de alface”, que es de él, escrita en plena dictadura militar, sólo publicada después, durante la tentativa de redemocratización brasileña. Aún tan actual, Caio realizó una única posición y registro encontrado sobre la obra antes de fallecer. “Lo que me aterroriza en este cuento de 1975 es su actualidad. Con la censura de la época, sería imposible publicarlo. Después, cada vez que lo releía, acababa por rechazarlo con un temblor de rechazo por su absoluta violencia. Así, durante veinte años, escondí incluso de mí mismo el personaje de esa mujer monstruo fabricada por las grandes ciudades. No es exactamente una buena sensación, hoy, percibir que las ciudades están aún peor, y que personas así son incluso más comunes”. Percibí que cuarenta años después esos monstruos estaban sueltos por ahí, algunos peores, y multiplicándose cada vez más a través de internet, en ese proceso frenético de la globailzación. Está inspirada también en la Mujer Monga, también conocida como Konga, de los parques y circos nordestinos de un pasado reciente, aún presente en el imaginario popular. Esa fue mi primera experiencia como público de algo genuinamente teatral, allá donde fui criado, en el interior de Rio Grande del Norte, en una pequeña ciudad llamada Santo Antônio do Salto da Onça. Fue una forma poética de transponer lo que realmente debe ser considerado como monstruoso. No sólo atrapada metafóricamente, ella arguye las más variadas caras de la intolerancia: xenofobia, racismo, sexismo, gordofobia, homolesbotransfocia e incluso machismo. La dramaturgia impacta posiciones de opresión, asedio, egoísmo y miedo, tocando cuestiones urgentes de género, su diversidad y el papel de la mujer en la sociedad. Una mujer que incluso siendo reproductora del machismo, incluso así, es su mayor víctima. Se trata de un personaje que por ignorancia se opone al feminismo e a los pensamientos progresistas. La feminidad fue el camino más poético para hablar de violencia y empatía sin caer en lo obvio. No quería meramente reproducir el machismo estructural, colocar el mal en escena de la forma más esperada o cómoda. Es un personaje, una imagen, como punto de partida para muchos cuestionamientos. Ella es mucha gente de mi convivio personal. Inserto en la obra memorias personales como subversión de mis dolores y de mi depresión, en un proceso que documenta también situaciones personales. Al ser esa mujer teatralmente nunca más tuve episodios depresivos mayores. No quiero entrar en el asunto de si eso es terapia o no. Si lo fuera, óptimo. Pero es técnica, es mi trabajo, mi forma de ser y de hacer poesía.

Credito de la foto Jorge Farias
¿Cuál crees que es la importancia de que tu obra siga en cartel hoy en día en este contexto sociopolítico?

Vivimos el inicio de un nuevo proceso dictatorial con nuevas vestimentas y los mismos comportamientos. Bolsonaro ataca las instituciones, no respeta la laicicidad del Estado, persigue artistas y adversarios, ataca a la prensa, beneficia parientes con su poder. Esto es el comportamiento de un dictador. Nuestro objetivo con este espectáculo es que las personas se vean en el personaje, con la ambivalencia de ser humana y monstruo. Que puedan repensar sus actitudes, las palabras que usan cotidianamente, en una cena familiar, en las expresiones de la cultura popular, en las redes sociales. Las palabras pueden matar a alguien por dentro. Este espectáculo es un grito de socorro. Es un espectáculo que incomoda incluso, y no es fácil para quien asiste y mucho menos para quien lo hace. Para esos monstruos, duele verse podrido, duele verse pudriendo, duele verse en una jaula, duele verse en un personaje, duele. Queda desnudo, expuesto. No subestimamos ni disminuimos el dolor de esas personas. Ser de la clase trabajadora y defender a la extrema derecha radical en este país es algo degradante. Hablo por el oprimido, muchos son pobres, víctimas de un sistema, que defiende de manera ignorante a los burgueses. Esas personas sufren y para ellas nos cabe emanar buenos pensamientos. Es inquietante y desesperante para algunas personas que se identifican a tal punto con el personaje. Algunas aguantan quedarse hasta el final, otras no, huyen. Pero huyen reflexivas, en el fondo, tengo la certeza. Otras se quedan riendo nerviosas, vías de escape, otras lloran y veo lágrimas tan silenciosas que sólo yo que estoy en el escenario y de frente las puedo registrar. Hay personas que no admiten que toquen sus heridas, o que se los critique por tamaña alienación. Y como un animal salvaje, incluso herido, tienden a morder. Sólo con el hecho de que se incomoden tanto, el arte cumple su objetivo. En paralelo a eso, hemos ganado muchos admiradores, seguidores y cariño del público. Aplausos siempre calurosos y extensos.

¿Mostraste alguna vez la obra por fuera de Brasil? ¿Crees que hacerlo contribuiría a generar conciencia sobre la situación actual de Brasil?

Sueño con conocer otro país, nunca salí de Brasil. Quiero mucho tener esa oportunidad en mi vida. Vivir del arte en el Brasil es una batalla, una guerra diaria. Es difícil sobrevivir, falta incentivo. Ser artista independiente por aquí es muy difícil, las leyes de incentivo a la cultura de acá, en su mayoría, transfieren la responsabilidad del Estado de fomentar la diversidad de las expresiones culturales y artísticas a los departamentos de marketing y directorios de grandes empresas a través de incentivos fiscales decididos en favor de publicidad. Pensamiento caracterizado por promover sólo una cultura que esté directamente ligada a un mercado capitalista. Nunca tuve patrocinadores para circular en otros países. Pero recientemente el espectáculo fue investigado a través de la Universidad de Coimbra, Portugal, con publicación en el 50º RCL / Cambridge Scientific Abstract. Sí, creo que presentar en el extranjero aumentará la conciencia no sólo sobre la situación actual en Brasil, sino también sobre sus actuales países. A grosso modo, hay un avance gigantesco del militarismo, del radicalismo, de la extrema derecha conservadora disfrazada de religiosa en todo el mundo. Las relaciones de opresión y la reproducción de este lenguaje y de las actitudes de falta de respeto por el ser humano están latentes en este comienzo del nuevo siglo.

Por Belen Datwiler

Traducción: Fernando Bonfiglio

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