“Hay que salir de un discurso de la derrota”
Trabajando con un texto de Susana Torres Molina, Juan Pablo Gomez pone en escena un momento clave de la militancia en los 70 en el corazón del Teatro Oficial.

“Durante todo el lunes, Graciela Daleo (militante de Montoneros) se dedicó a llamar a una serie de radios, desde distintos teléfonos públicos. Y también a su teléfono de control:
-Digale a Tonutti que el Doctor Black dice que le tiene que llevar la televisión lo antes posible.
Tonutti era el nombre del militante que recibía el mensaje, doctor Black, la clave para el negro Quieto, y la palabra televisión en medio de cualquier mensaje significaba que había un problema grave.
Roberto Quieto había sido el líder histórico de las FAR y desde la fusión con los Montoneros solía aparecer como el segundo de Firmenich (…) En ese momento, Quieto era el responsable del aparato militar y era uno de los jefes con más historia y popularidad: era el único con más de 30 años y era muy querido y respetado por los militantes que contaban sus historias casi míticas sobre su pericia militar. Su pistola ametralladora, se decía, era un regalo de Fidel Castro.

(…)Ahí, Carlón le contó a Sergio Berlín que al Negro Quieto lo habían detenido unos policías de civil, la tarde anterior, en una playa de Olivos. La Organización se había puesto en emergencia: por un lado tenían que levantar una cantidad de lugares que Quieto conocía, por otro, dieron órdenes de empezar una campaña por su aparición.

-¿Cómo que el Negro Quieto? La puta Madre! ¿Qué pasó?¿Cómo fue? ¿No había instrucciones de no ir a ver a las familias en las fiestas para no arriesgarse?

-Sí, claro, había. Y encima que no se resistió, que se entregó sin intentar nada.

-Bueno, si el Negro lo hizo por algo debe ser. En principio no quiso arriesgar a la mujer y a las pibas. Y alguna otra razón debía tener…Es el negro Quieto, no un perejil cualquiera. ( Extracto de La Voluntad. Martin Caparrós. Eduardo Anguita)

La dramaturgia documental de Susana Torres Molina se despliega sobre este mito/diégesis/acontecimiento. Alternancia de discursos, impresiones, voces de la historia, problemas de militancia, palmas y bombos, “luche y vuelve”, puntos suspensivos sobre los 70 como eso “que no deja de escribirse”. Pentagrama coral donde la potencia de la Historia y sus requerimientos borran al Sujeto (revolucionario) que comprende su función en todo esto, pero sin embargo fracasa, en definitiva, por amor (a su familia en este caso). Coágulo de las Ideas-Verdad de ese momento. O se vivía como una Verdad o no hubiera sido posible para ninguno de los agentes comprometidos. Semántica pedagógica y necesaria por el registro de tragedia que propone Un domingo en familia según el filósofo Horacio Banega. La tragedia como eso que no se resuelve jamás.
Juan Pablo Gomez (Prueba y Error, Un Hueco) estaquea a Roberto “Negro” Quieto (Lautaro Delgado) en el medio de la arena y lo abruma con todas estas formas. Su creatividad a la hora de los procedimientos escénicos es inagotable:

“Pasan dos cosas con la recepción de la obra. Los de menos de 50 años están más consustanciados con lo procedimental. Pero eso también está en el texto que es muy fragmentario. Al principio se me apareció como un obstáculo, luego me permitió tener que desplegar muchas estrategias porque si no se agotaba rápido (por ejemplo las voces desencarnada de los actores). Entonces hubo que pensar mucho a la construcción de la Historia y la historia de la obra. Esto me iba empujando. En cambio la gente que vivió los 70 ven que el texto trabaja como un teatro de Tesis, que yo no me había dado cuenta: el texto va reponiendo los argumentos de la época, yo no terminaba de verlo porque es un periodo muy corto, esa gente me reveló que estaban todos los argumentos y el texto era muy parsimonioso. Por ejemplo qué pasa con la dicotomía ¿Héroe o Traidor? Bueno, se dijo tal o cual cosa. ¿Qué pasa con Perón? En ese sentido me parecía redundante pero era la síntesis que propone el texto. Convertir la puesta en una plataforma para decir ese texto y por otro lado como un dispositivo a público. En este sentido la gente más grande se sentía interpelada casi 1 a 1.”
En el tiempo de la obra, los Militantes (Anabella Bacigalupo, Juan De Rosa) van y vienen, sufren, proclaman y cantan (atención al diseño sonoro de Guillermina Etkin) y fundamentalmente no entienden. Son y no pueden ser Firmenich y Perón (José Mehrez) a través de unas simpáticas máscaras. Los imperativos y los discursos los desbordan. Luego serán juzgados por el discurso Amo sin fisuras que deviene en alienación.
“Plantea el tribunal revolucionario (Montoneros) (…) el extremo liberalismo de un jefe ( Quieto) que no asume los costos personales de la guerra revolucionaria y que luego no integra debidamente su vida familiar con la situación de clandestinidad que deriva de la lucha. Esto es absolutamente contradictorio con nuestra política para el pueblo”

¿Cómo trabajaste la encarnadura de esos seres casi mitológicos?

-En ese sentido el que inventó todo fue Pasollini. En su Edipo Rey, por ejemplo, él hace unas cosas muy raras, unos raros tonos trágicos, unos tonos inexistentes. Pienso que esto es más trágico que Alfredo Alcón desgarrándose las vestiduras. Esto es una cosa “inencarnable”. Si para nosotros los militantes son mitos, pensarlos desde ese lugar, significa que hay un cuerpo epocal que no se puede encarnar. La imposibilidad de los actores de encarnar a esos personajes está en la mascaras, los militantes no pueden encarnar esas máximas: yo encarno este discurso y encarno lo que puedo.

¿Cómo dialoga este trabajo y tu propia militancia?

-Para mí hay un hilo que dialoga con la militancia presente. Nosotros tenemos que salir de un discurso de la derrota. Dejar el relato lastimoso, buscar una atmosfera afirmativa. Hay en esta época una suerte de “política de la antipolítica” como discurso que propone algo más de cercanía. Yo pienso que el cambio social es posible y tengo que dedicarle algo de mi tiempo a eso.
Haciendo “entrismo” en el Teatro Oficial.

La jugada es arriesgada por la cantidad de supuestos que rodean al Teatro Nacional Cervantes: su arquitectura, su historia, su ubicación geográfica y su “público modelo” que siempre es grato imaginar vetusto, burgués y estéticamente conformista (y es realmente un prejuicio porque esos tres ítems le caben perfecto a muchos espectadores de muchas otras zonas. Digamos de todas las zonas) Plantear los tópicos de Un Domingo en familia en este espacio no parece ser inocente, sino más bien una declaración de guerra, una provocación. La historia de un “Monto” llega al Teatro Oficial en plena gestión Macrista. Juan Pablo Gomez siente que este gesto de Alejandro Tantanian, Director General de Cervantes, es una recuperación del carácter polémico del Teatro.
“Las preocupaciones políticas me llevaron a aceptar la obra para hacerla desde un teatro oficial Hagamos una pieza de militancia en un teatro público. Pensé: Autora consagrada, gestión Macrista, me cerraba por todos lados. Tantanian lo hace a propósito para que se levante polvareda; cuando presentó la programación dijo: “…y Juan Pablo Gomez va a hacer un texto de Susana Torres Molina. Vamos a quemar algunas iglesias”. Él reivindica ese carácter polémico de lo teatral. A mí me daba cosa, pero lo ví como un caballo de Troya para discutir en época de elecciones estos temas: discutamos las contradicciones del Peronismo, pero discutamos el Peronismo. Dejemos de discutir las estrategias de Durán Barba. Yo con Macri liberal discuto, es uno de los grandes antagonismos de este país: modelo agroexportador, sustitución de importaciones, etc. Eso es para discutir. Yo no acepto que el campo de la discusión sea amigarnos, tirar todo para el mismo lado. Durante una primavera Macrista de un año y medio parecía que algo había cambiado. Si logramos dejar de lado los conflictos…no, no!…Vayamos a los conflictos y que gane el que mejor argumente. Para mí el enemigo es ese: Che! Tenemos que dejar de lado la pelea! No, porque si no retrocedo y no puedo llegar a discutir lo que tengo que discutir. Entonces en ese sentido es una buena estrategia en un teatro público que se arme cierto quilombo para hablar de esto temas. Me dan muchas ganas de hablar de esto en este año más que, por ejemplo, de un niño que tiene asperger en una comedia agridulce. Yo este año no quería hablar de eso, pienso mucho en el tema eleccionario, adónde va a ir el país, por eso con herramientas teatrales me parece bien que la discusión pase más por estos temas y cómo los encaramos. Creo que pasó mucho con el feminismo, también con la cuestión de género, pero pienso que ahora hay que darle a estos temas.

“Por todo lo dicho este Tribunal Revolucionario ha encontrado culpable a Roberto Quieto de los delitos de Deserción y Delación (…) y propone las penas de Degradación y Muerte a ser aplicadas en el modo y oportunidad a determinar”
Juan Ignacio Crespo.

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