MARIA ABADI se abre a la posibilidad de jugar con el tiempo libre… donde pinta su universo de color con los mitos griegos.

Todo un desafío escribir sobre mi “tiempo libre”. ¿Qué hago cuando no hago lo que hago? Porque a veces tengo la sensación de que  siempre estoy haciendo algo de lo que hago, en tanto que me cuesta separar mi actriz de mi ser humana, con todo lo que eso trae (Sí, claro que pierdo el tiempo con el celular y todas esas cosas, mucho más del que me gustaría.) Cuando era chica lo que más me gustaba hacer en mi tiempo libre ( ese en el que no iba al colegio ni a todas las actividades extra en las que me metía/n ) era leer mitología griega.

Pasé de los relatos para niñxs escritos por Graciela Montes (recomiendo fuertemente), a los libros de Robert Graves que había encontrado en la biblioteca de mi abuelo. Los leía, los estudiaba y jugaba con ellos también. Imaginaba nuevos mitos posibles donde los lugares de los dioses estuvieran intercambiados. A veces era por sorteo: escribía los nombres de los dioses en papelitos por un lado y en otro montoncito ponía sus poderes/funciones. Sorteo mediante,  Hera podía terminar siendo la diosa de los mares y Hades el de la belleza y ahí arrancaba mi momento de escribir la nueva historia/mito. Cuando no recurría al azar elegía siempre que Atenea  fuera la más poderosa, que tomara el lugar de Zeus porque era mi preferida, era mi “ídola”, como podía serlo también de una banda pop adolescente o del galancito del momento. Cuando me acuerdo de este juego que tenía pienso que algo de querer romper las lógicas establecidas ya circulaba en mí.  Ojalá.

Hago esta introducción porque siento que pocas cosas me constituyen más que este tipo de anécdotas y mi fascinación con el mundo griego. Y si pienso en el tiempo, se me vienen ellxs.

Los griegos  tenían tres dioses  distintos para pensar el tiempo.  Cronos, el maduro, que representa el tiempo lineal, secuencial, el que pasa inevitablemente. Es el tiempo de las metas, los objetivos, los planes de acción.

Cronos era hijo de Gea (la tierra) y Urano (el cielo) y en el mito será quien los separe (por justas razones en la que no me voy a detener ahora), pero lo traigo porque me encanta la frase que aparece diciendo esto: “El Cielo y la Tierra fueron separados por el Tiempo”.

Otro de los dioses del tiempo es Aión , que es niño y anciano a la vez y está asociado a la eternidad. Es el dios que nos invita a que la acción tenga sentido en sí misma, más allá de planes y objetivos. El objetivo del camino es recorrerlo y cada paso tiene sentido, sin que importe tanto a donde llegamos.  Aión no nace, siempre existe, es el tiempo circular, la serpiente que se muerde la cola.

Y por último está Kairos,  un dios al que se descibe como un joven calvo con un mechón de pelo muy largo en la frente. Un excéntrico, sin dudas. Este dios representa el tiempo del imprevisto, el que no se puede agarrar, el que cuando intentás nombrar  es tarde porque ya pasó. El instante, el rayo, la electricidad.

Podría explayarme en todas las cosas que me resuenan nombrando estos tres conceptos, pero los caracteres permitidos por Cronos son acotados. Se me acelera el corazón mientras lo escribo (buena señal).

Volviendo al foco de la cuestión, creo que en mi tiempo Cronos hago la mayor parte de las cosas, porque para qué negarlo, amo las listas de objetivos y metas. Entonces hago gimnasia muchas veces por semana, leo libros de toda índole sobre los temas que me interesan, busco ofertas en los supermercados, planeo salidas con novio, familia, amigxs.

Y  entre tanto Cronos aparecen mis momentos de Aion (porque quien dijo que eran secuenciales, pueden aparecer uno dentro del otro todo el tiempo, como las mamushka,  como un juego de cajas chinas) y entonces una charla con mi hermana toma una dimensión de presencia desconocida,  una escapada a Córdoba para mirar la sierra puede volverse eterna porque me quedo a vivir en esa contemplación, o la lectura de un texto que me gusta hace que se me pasen los fideos.

Y también, claro que sí, aparece Kairos. Cuando me acuerdo de un sueño varias horas después de haber despertado y descubro (o redescubro) algo, o cuando me senté a escribir este texto y me di cuenta de que no iba a hablar de mis actividades cronológicas de ocio sino de otra cosa que me moviliza más y algo dentro de mí cuerpo se ablandó.

El tiempo en todas sus formas. Libre, circular, inatrapable, como nosotrxs, como la vida… y como la muerte, porque claro, no existe una sin la otra.

Maria Abadi

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