“¿Cuánto tiempo duran los moretones en el cuerpo?”, se pregunta Mona una y otra vez en la tercera y última novela de Pola Oloixarac, bautizada con el nombre de pila de su protagonista. Este leitmotiv, esta suerte de mantra, va a desplegarse durante todo el libro y es, además de una advertencia, la pista de un enigma que solo se resolverá en las páginas finales. Una de las primeras cosas que sabemos de Mona es que se mueve lenta, como flotante, gracias a cuartitos de Valium contrabandeado, sucesivas pitadas al veip cargado de la mejor marihuana californiana y su pésima vista (“la única marca visible de que se trataba de una escritora”). Tal vez a eso se deba la torpeza de reflejos que la hace chocar con la realidad, en este caso en l forma de un carro de equipaje en pleno aeropuerto, y formularse otra vez el mentado interrogante. A simple vista el incidente puede ser tan superficial como los mismos moretones. Pero Oloixarac, al igual que Valery, sabe que no hay nada más profundo que la piel, mientras Mona tranquilamente podría recitar a su compatriota César Vallejo y decir: “Hay golpes en la vida tan fuertes… ¡Yo no sé!”.  Esta tensión entre profundidad y superficie, entre lo virtual y lo real, entre el cuerpo y las ideas, entre marca y evanescencia, recorre toda la novela.

Escritora limeña radicada en Stanford, Mona viaja a Suecia a participar de un festival donde se dará a conocer el ganador del Basske-Wortz, prestigioso y apócrifo premio al cual está nominada. Con Mona, Oloixarac se carga de un plumazo certero varias de las tendencias que inundan el zeitgeist literario.  Por un lado la mal llamada literatura del yo. Pola bien podría haber sido Mona, sin embargo, y más allá de las coincidencias -sobre todo de la resonancia explícita de sus respectivos nombres- demuestra una fe inquebrantable en los principios básicos de la ficción y, clásica, en lugar de hacer de sí misma un personaje prefiere inventarlo. Por otro, el no tan nuevo fenómeno de la world-lit y los escritores en viaje por festivales y residencias alrededor del mundo, algo que desde su exitoso debut con Las teorías salvajes Oloixarac conoce de primera mano. Pero en Mona la Meeting (el festival literario de la novela) es menos una excusa para la descripción sarcástica de un ambiente que un dispositivo para traficar ideas. Oloixarac ama a sus personajes y se nota. Al igual que ya lo hizo en Las teorías con la academia y en Las constelaciones oscuras con la comunidad científica, los escritores de Mona son portavoces de inquietantes ideas en constante colisión: “lo que vemos como anorexia a nivel de la cultura son ejercicios sociales sobre cómo sobrevivir como raza cuando ya no haya comida, cómo darle las mejores chances de sobrevivir a nuestra especie”, “Son tus modos árabes, tus maneras árabes, lo que los europeos tienen que empezar a aprender y a asimilar. Porque… ¡Europa está embarazada! Somos millones viviendo en Europa ahora y millones más están llegando, “Google es la contranovela de la novela humana (…) Somos los personajes que llenan la novela omnisciente que se indexa y organiza la lectura para otros lectores, que no son humanos”. Por último, el feminismo. Si bien existen tantos feminismos como mujeres -y hombres- hay en el mundo, el de Oloixarac destaca, además de por su incorrección y lucidez, por su falta de ingenuidad. Mona puede burlarse del #MeToo -“quería decir literalmente pound-me-too, lo que en español de las colonias sería dame masa a mí también, rompeme toda, cogeme a mí también”-  y al mismo tiempo seguir, mientras se desliza anestesiada por la Meeting,  el caso de una niña desaparecida en Lima con la misma regularidad y preocupación que se pregunta por sus moretones. Pola Oloixarac es de los pocos escritores que se divierten en nuestro país. Y esa diversión nunca es en demérito de la sofisticación estilística ni de la agudeza de conceptos. Al contrario, son su condición de posibilidad.  Mona pareciera decirnos que cuando las papas queman no hay lugar para las poses. Frente a ciertos golpes -y entre ellos también cuentan los literarios- todas las puestas en escenas tales como la de la Meeting pueden sucumbir tan solo en un instante.

 

 

 

Autor

Escribir comentario