La actuación de Lorena Vega tiene tanta verdad que hasta el día de hoy varios espectadores de Envidiosa le piden turno para una sesión de terapia cuando se la cruzan por la calle. En la serie de Netflix ella interpreta a Fernanda, la psicóloga que atiende a la protagonista, Vicky, a cargo de Griselda Siciliani. La popularidad es un fenómeno reciente y muy merecido, pero Vega es una referente ineludible del circuito teatral independiente hace décadas. Es el mismo circuito en el que circula la revista que usted, querido lector, tiene ahora entre sus manos. El Festival Llegás incluye cuatro propuestas en las que participa Lorena: La vida extraordinaria, Las cautivas, Yo, Encarnación Ezcurra y Civilización.
Hace poco Vinilo Editora lanzó tres libros con obras de dramaturgos contemporáneos: una de ellas era La vida extraordinaria, de Mariano Tenconi Blanco. Ese texto ya había sido editado en un ejemplar que incluía otras piezas, pero esta edición tiene un plus: el prólogo escrito por la dupla de actrices que protagonizan la obra. Lorena Vega y Valeria Lois son amigas del teatro y amigas de la vida, que es lo mismo para gente que vive el oficio con tanta pasión. En ese prólogo ellas nombran a artistas como Bette Davis, Joan Crawford, Norma Aleandro, Chunchuna Villafañe, Marilyn Monroe, Jane Russell, Tina Turner, Cher, Las Gambas al Ajillo, los Melli, las Hermanas Nervio, Rita Cortese, Tina Serrano y Urdapilleta; también recuerdan la vez que se subieron a un auto que no era el Uber que habían pedido y un señor tuvo que echarlas porque no podían cortar una charla candente.
Cuando se le pregunta por la relación entre la actuación y la amistad, Lorena recurre a una analogía con la música y dice que quizás es más fácil entenderlo si pensamos cómo se juntan determinadas personas para formar una banda de rock a partir de una afinidad estilística. “A veces todo empieza con una yunta de amigos y otras veces te mueve el interés de querer ser amiga de una persona porque te gusta lo que hace. La combinación de instrumentos organiza determinada atmósfera; en este caso el instrumento es nuestro propio cuerpo. Esa intuición, ese deseo y esas ganas de estar con el otro es un motor súper poderoso; es un trabajo donde se comparte mucho tiempo y se pone en juego la esfera de lo sensible, hay lugares muy delicados y por eso hay que estar en confianza y generar condiciones para el arrojo. La amistad es un vector muy importante. Esa cosa de tribu o de banda para mí es una manera de pertenecer a este espacio y me estimula mucho”, asegura.
En las obras que se presentarán en el Festival, Lorena tiene distintos roles y dice que lo que más le atrae es “la diversidad estilística entre una pieza y otra” porque en cada una puede jugar expresivamente cosas diferentes. Puede “ser otra”. En La vida extraordinaria y Las cautivas, ambas de Tenconi Blanco, comparte escena con otras actrices: Valeria Lois en el primer caso y Laura Paredes en el segundo. Yo, Encarnación Ezcurra es un unipersonal escrito por Cristina Escofet y dirigido por Andrés Bazzalo en el que la música es protagonista porque construye climas y da vida a esos personajes que no aparecen. En Civilización dirige a un elenco integrado por Julieta Brito, Pablo Fusco, Andrea Nussembaum, María Inés Sancerni y Mariano Sayavedra. “Más allá de que estén estructuradas por largos bloques de monólogos, yo pienso las obras de Mariano como obras de grupo porque estoy con otras actrices. Con Encarnación siento una diferencia muy clara en el cuerpo porque la obra está totalmente sobre mis hombros, pero igual no estoy sola en escena y eso hace que la aventura sea más divertida, se me arma la fiesta con amigos: Victoria Tolosa y Martín Miconi (músicos en escena), Andrés Bazzalo (director) y Pablo Cusenza (asistente). Cada vez que nos movemos, vamos todos juntos”.
Para que estas obras sigan vigentes se cruzaron muchos factores. La actriz enumera “la solidez del grupo, el interés del público, la necesidad de trabajar y el orgullo de hacer materiales que son piezas artísticas muy bellas, muy sólidas y muy depuradas”; por todas estas razones, “es muy difícil soltarlas”. Lorena habla de la masividad que adquirió a partir de sus papeles en series audiovisuales como Envidiosa o En el barro y recuerda: “Me causaba gracia que muchos pensaran que el personaje de la psicóloga estaba hecho por una psicóloga real, en todo caso por una que hacía teatro. Eso habla de un verosímil donde la actuación quedaba vedada al ojo corriente, pero en realidad es todo lo contrario: cuando algo resulta muy verosímil es cuando más trabajo hay detrás”. Ella dice que el cariño de la gente y de sus propios colegas es “un tesoro infinito, el premio más grande”.
En algún momento entendió que, al contar su recorrido, de algún modo también estaba contando el recorrido de muchos otros artistas que habían tenido un viaje similar. “Gracias a ese foco que tuvo mi trabajo pude ser portadora de un relato que habla también de un movimiento muy fuerte que sucede en nuestro país, particularmente en nuestra ciudad: la actuación desde los márgenes, en espacios pequeños, no convencionales, la generación de lenguajes diferentes y la búsqueda estética. Todo eso está representado en las obras que hago”. Algo similar le ocurrió con el boom de Imprenteros, una obra que escribió y dirige. En ese biodrama –que también se transformó en un libro, en una película y en una instalación– actúa junto a sus hermanos, Sergio y Federico, y narra la biografía de una familia de gráficos: ahí también sintió que al contar la historia de su familia estaba contando la de muchas otras.
Vega dice que la tarea del artista siempre es “dar a conocer lo que hace” para que la gente llegue a las salas de teatro y las obras continúen. En el circuito alternativo muchas veces esa tarea queda en manos de los propios artistas que las llevan a cabo. “Quienes me conocen desde el inicio saben que siempre fui una de las personas que en los equipos pensaba estrategias de difusión y comunicación”, cuenta, y recuerda cuando iba a las puertas de las radios para entregar personalmente las gacetillas a los periodistas. Era un mundo distinto –los 90, la vida analógica–, no había celulares ni redes sociales y tener mail era una rareza. Lorena atravesó muchas etapas del quehacer teatral y puede dar cuenta de esas transformaciones; hoy son los medios de comunicación los que le piden entrevistas a ella y suele tener la agenda bastante cargada, pero siempre se la ve con una sonrisa, dispuesta a charlar sobre su trabajo, con la camiseta puesta para defender los proyectos en los que participa. Habla de ellos con la pasión de quien tiene una fe inquebrantable en lo que hace.
–Imprenteros es un proyecto que pone el foco en un oficio y me parece que esta es una dimensión que atraviesa toda tu biografía. ¿Qué mirada tenés sobre el oficio de actores y actrices en este contexto?
–Esta es una etapa cruda porque estamos totalmente solos. Hoy no hay un Estado que mire de manera plural y abierta entonces es difícil, pero el pensamiento sobre nuestra actividad estuvo siempre. A mí me gusta nombrar algunos hitos en los que el campo de las artes escénicas dio respuesta a diferentes crisis. Creo que la revista Llegás es una respuesta a una necesidad de tener encuentros, de visibilizar un oficio y un movimiento para saber quiénes pertenecen a este espacio y qué se está diciendo. También pienso en Teatro Abierto, Teatro x la Identidad, la creación de ESCENA y MECA. Con Gustavo Tarrío, Darío Levin y Claudio Mattos tuvimos una sala que se llamaba Abran Cancha. Gracias a ESCENA logramos una modificación en la Ley de Teatro que consideraba una reglamentación particular para salas de teatro no convencionales. Fue un trabajo largo, de mucho tiempo y mucha organización. En la post-pandemia, Club Paraíso es una gran expresión en un momento crítico: faltaban recursos para que los artistas pudiéramos crear obras nuevas y ahora llegamos a una situación extrema porque el INT atraviesa una crisis absoluta. ARTEI va a hacer una conferencia para poner sobre la mesa cuál es el estado de situación del Instituto y los problemas que hay con la nueva gestión de gobierno, pero ya veníamos con dificultades. Paraíso piensa también el vínculo con la comunidad: pone la lupa en los espectadores y hacedores de otras áreas, en el pensamiento sobre las artes escénicas y en una zona más experimental.
Lorena fue a su primera clase de teatro a los 15 años con una amiga. Después de ese flechazo, dedicó buena parte de su vida a la formación. Primero se enfocó en su disciplina para abarcar diversas técnicas y en los últimos años tomó clases de escritura (Imprenteros, por ejemplo, salió de un taller de biodrama con Vivi Tellas). “Mi formación no fue institucional sino con maestros y maestras particulares que me interesaban: a algunos llegué de modo intuitivo y a otros llegué de modo decidido, en otros casos fue una decisión grupal pero siempre me formé para crecer, tener herramientas y poder hacer una actuación dúctil. Cada vez que me encuentro con una propuesta nueva busco de qué manera encararla, muchas veces tengo que entrenar algo puntual. Ese proceso nunca está acabado, siempre sigue abierto”.
A lo largo de ese recorrido aparecen nombres como Mauricio Kartun –Vega actuó en Salomé de chacra, estrenada en 2011– o Adrián Suar, quien la dirigió en la película Mazel Tov y con quien ahora comparte escena en Sottovoce. Ese abanico amplio de trabajos y territorios de actuación sin dudas enriquece su experiencia. Alfredo Vega, su padre, solía preguntarle: “¿Para cuándo Suar?” En esa época, Suar era el apellido de referencia de un modo de producción y de un campo laboral ya extinto: la ficción televisiva que supo liderar el prime time. Hoy esas lógicas se han reconvertido y parte de esa producción pasó a las plataformas, donde Vega se luce como Fernanda en Envidiosa o La Zurda de En el barro, un desprendimiento del universo de El marginal protagonizado por mujeres talentosas como Ana Garibaldi, Verónica Llinás, Rita Cortese, Juana Molina, Camila Peralta o Inés Estévez, entre otras. “Aprendés muchísimo teniendo al lado a actores y actrices con tanta experiencia. Hoy me toca trabajar en contextos en los que nunca antes había trabajado. En Sottovoce actúo con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás; son brillantes. Cada uno tiene su estilo y siempre es muy importante el trabajo con el otro. Ellos tienen un recorrido en un universo artístico determinado y aprendo de eso. Actuar todos los días para mil personas para mí es algo alucinante: la gente se ríe al mismo tiempo y es maravilloso habitar eso, una fuerza energética muy grande”, explica.
Lorena dice que hacer una obra en el circuito comercial es “una experiencia nueva por el contexto y está re bueno transitarlo”. Y recuerda algo que le dijo Gonzalo Zapico, su pareja: “Si te llaman a jugar en River, ¿vos no vas?” Vega afirma: “Siempre actué como si jugara en primera, para mí no hay diferencia pero entiendo lo que me quiere decir porque es una cancha nueva y tengo mucho para aprender. No es que no haya tenido prejuicios, pero siempre me pareció que había que batallarlos. Por otro lado, creo que el teatro es para todo el mundo. Por eso siempre me interesó acercar gente a las obras, difundir los proyectos. El teatro popular es un fenómeno al que la gente quiere asistir, después sale satisfecha y vos sentís que se cumplió el cometido. Es muy linda esa ceremonia de habitar un relato que se hace en vivo, tracción a sangre, con los cuerpos transitando varios estados. Ahí se nos arma un entre que es único, algo que no se da casi en ningún otro lugar”.
El teatro es para todos y por eso es importante –sobre todo en momentos de crisis– facilitar el acceso a las salas. Vega dice que Imprenteros es la obra que más recorrido hizo en ese aspecto: fueron a lugares diferentes y tuvieron experiencias muy disímiles; hicieron funciones populares, gratuitas, a beneficio de distintos espacios comunitarios y organizaciones. Ahora van a hacer tres funciones en septiembre (sábado 19, sábado 26 y domingo 27) en el Teatro Picadero a las 11 de la mañana. “Pedimos que con la entrada traigan un alimento no perecedero y eso es para la agrupación Ningún Pibe con Hambre, que sostiene un montón de comedores en CABA y el conurbano. Son referentes cartoneros, Natalia Zaracho es de ahí. Son los que organizan la cena de Navidad en Congreso. En estos años creció muchísimo la cantidad de gente que se acerca a esos espacios a pedir comida. Las obras de teatro son puentes, lazos entre las personas”, remarca la actriz.
También menciona un programa de intercambio con escuelas de sectores populares que Club Paraíso inició como parte de las iniciativas para pensar el vínculo con los espectadores y ampliar la comunidad de las artes escénicas: los chicos van a ver algunas obras y después charlan sobre lo que les pasó viéndolas. Generar un hábito a edad temprana es importante para plantar la semilla del deseo. “Ver teatro es un ejercicio, hay que entrenarse –dice la actriz–. Es importante asistir a esa ceremonia para construir una mirada. A veces vemos cosas que al principio quizás no entendemos pero después te enganchás con algo. A mí me pasó muchísimo: a veces iba a ver cosas que sentía que no entendía pero igual me fascinaban, entraba por un tipo de movimiento, por la sonoridad de una voz, por un gesto. Las obras de teatro son maquinarias fascinantes”.
Todos los teatreros podemos recordar alguna obra que dejó una huella imborrable en nosotros, algún espectáculo que vimos durante la infancia o la adolescencia y causó una impresión que durará toda la vida. La charla vuelve al inicio con el nombre de Valeria Lois. Lorena cuenta que su amiga está ensayando una obra de Silvina Ocampo dirigida por Marilú Marini en el Teatro San Martín, La lluvia de fuego. Manuel Attwell, a cargo de la coreografía, vio la primera obra que hicieron juntas en 1998: Capítulo XV. Un rato después de la charla esta cronista recibirá por WhatsApp una foto de aquel programa de mano: ahí aparecen Lorena, Valeria, Juan Pablo Garaventa y un mini Martín Piroyansky. “El otro día Vale ayudó a una persona ciega a cruzar la calle y Manu le dijo un texto de esa obra. En un momento mi personaje pedía como deseo de cumpleaños no quedarse ciega y en el último acto, por supuesto, se quedaba ciega. Manu dijo el texto tal cual y pasaron casi 30 años”. Que alguien te pida turno para una consulta terapéutica o que alguien reproduzca con exactitud un parlamento que lanzaste sobre un escenario hace tres décadas: consecuencias de una actuación poderosa, arrasadora, eso a lo que Lorena Vega nos tiene acostumbrados.
*Funciones dentro del Festival Llegás, con entradas al 50%: La vida extraordinaria (martes 1 de septiembre a las 20 en Teatro Picadero), Civilización (martes 1 de septiembre a las 20 en Galpón de Guevara), Las cautivas (domingo 6 de septiembre a las 16 en Teatro Metropolitan) y Yo, Encarnación Ezcurra (domingo 6 de septiembre a las 12 en Galpón de Guevara).
*Precoz se presenta los lunes a las 20 en Timbre 4. Imprenteros tendrá tres funciones: sábado 19, sábado 26 y domingo 27 a las 11 (con la entrada, piden sumar un alimento no perecedero para la campaña solidaria). Sottovoce puede verse de jueves a domingos en Teatro El Nacional.
*Novedades audiovisuales: se estrena Lu y Pau (película dirigida por Nicanor Loreti) y la serie Cautiva (TNT y Flow); se proyectará Fotos nuestras (cortometraje de Emilia Herbst) en el Festival La mujer y el Cine; se estrenará el videoclip de Hilda Lizarazu con la canción “Los ejecutivos”, de María Elena Walsh (parte del disco La impostora), con dirección de Gonzalo Zapico, producción de Vega, Lizarazu y Natalia Videla Pena. Además, está filmando la nueva temporada de En el barro.