Todxs sabemos que María Elena Walsh fue una de las artistas más populares de la cultura popular argentina, pero no todxs hemos escuchado hablar de Hecho a mano (1965), un poemario para público adulto donde lo fantástico y lo lúdico se mezclan con la denuncia política. Este poemario, marcado por las huellas de una Argentina atravesada por dictaduras, censura y desigualdad, proyecta en sus versos la sensibilidad y la conciencia crítica de una artista inolvidable.
En uno de los poemas que abre el poemario, “Vidalita”, aparece retratada una Buenos Aires opresiva, fatal, inhabitable, en un otoño que, más que estación pasajera, se instala como estado de ánimo:
Me da una tristeza
este olor a nadie,
tan antiguamente,
pobre Buenos Aires.
Modestos silencios
suben de la calle
y son parecidos
a los hospitales.
Ante una ventana
se vuelven cobardes
bastantes humanos
y hasta algunos ángeles.
En un cenicero
cabe una catástrofe.
Por ejemplo, un peine
representa cárcel.
Estas cosas pasan,
cualquiera lo sabe.
Los otoños son
unos criminales.
Aquí no hubo guerra,
sólo un homenaje
a frecuentes víctimas
del tango y el aire.
Hasta las paredes
se sienten culpables.
Nadie se imagina
lo que es Buenos Aires.
Buenos Aires se ha convertido en un espacio inimaginable, atestado por el silencio y la violencia. El mismo clima de época afecta otros poemas como “Objetos en soledad”:
Entrar en una casa, comer frío.
La ternura dejó sus zapatillas
debajo de una sombra. Desconfío
del sigilo de lámparas y sillas
y de algunas conductas amarillas.
Uno gana modales de sospecha,
envejece de tanto desconcierto.
No hay más remedio que una flor deshecha,
que vigilar un cigarrillo muerto.
Sociedad bien anónima, por cierto.
Resulta escalofriante lo contemporáneo de estos versos. La atmósfera que se respira es de peligro, de desconfianza, de desolación. Ya no hay lugar para la calidez como había antes, cuando “era siempre tan temprano / y tan segura la abundancia”, cuando “quizás el tiempo era como las frutas, / se regalaba a los vecinos”. Ahora Buenos Aires es un campo de batalla. Por eso la irónica juglaresa canta una curiosa “Canción de cuna”:
Duerme tranquilamente,
que viene un sable
a vigilar tu sueño
de gobernante.
Si te duermes de prisa
vamos a darte
un avioncito verde
que no te dañe.
Años después de esta publicación, muchas canciones de la poetisa como "La cigarra" y "Gilito de Barrio Norte" fueron censuradas por la dictadura militar del ‘76. Si bien tuvo que abandonar los escenarios por la persecución, sus temas se convirtieron en símbolo de la lucha por la democracia. Estos poemas de Hecho a mano sin duda comprueban que la semilla antimilitarista estaba sembrada en su poética desde hacía ya mucho tiempo atrás.
Pero, ¿quién dijo que todo está perdido? Hay momentos de liberación en esa ciudad opresiva que aparecen ligados a la lucha, a la ternura y a la fantasía. En “Cuatro fábulas urbanas”, sección de cuatro poemas, la angustia y la nostalgia se ven trastocadas por el disparate, lo maravilloso y lo dulce que irrumpe en la ciudad. Una mañana, en una oficina, los lápices se van con las palomas a la cornisa, las máquinas de escribir garabatean poesías, los tinteros derraman mariposas y las tijeras cortan guirnaldas, corazones y florcitas. Otro día, en la estación Miserere, en lugar de un tren llega un río, donde se zambullen los niños para jugar con peces, algas y caramelos. Una noche, en “un país todo de escarcha”, las estatuas de un parque se despiertan y van a pasear por Palermo, Caballito y San Telmo, juntando flores, libélulas y chocolatines.
También el romance y la infancia son durante el poemario formas posibles de subvertir la injusticia de la ciudad:
Me ocurres por amor, en Buenos Aires
precisamente y a la edad oscura
en que uno desconfía porque ha visto
garabatear pizarras a la muerte,
y acumula nociones de naugrafio
coraje en naftalina, días rotos,
dolor en pañuelitos y quién sabe.
Ambulo entre manías y escaleras
y de pronto me ocupas, desbaratas
peligros, soledad, desasosiego,
promueves hábito de la alegría
y desnudas inocentemente
hilos de tal desorden compartido
que yo me empiezo y canto porque estás.
La posición crítica, profundamente feminista, antimilitarista y revolucionaria de esta voz poética, instaló a Hecho a mano no sólo como un gran éxito editorial dentro de la comunidad lectora de la época sino también como un manifiesto, una declaración de principios, un grito que aún hoy hace eco y retumba, pudiendo resignificarlo para comprender mucho de nuestra realidad política actual. Será cuestión, entonces, de imitar a María Elena, reinventar su espíritu rebelde, alzarnos en contra de lo injusto, volver a imaginar nuestras poéticas, nuestras ciudades, nuestras artesanías.
Por Luciana Pino
Docente en @laapotecataller // Librera en @marialentejalibros