Sería una pena que se marchitaran las plantas
Sección Teatro - Revista Llegás
Teatro - Notas

Sería una pena que se marchitaran las plantas

Cacace y Martinic vuelven a encontrarse en un espectáculo que poco tiene que ver con "Mi hijo camina solo un poco mas lento". Un escritor, un actor y una actriz intentan decir algo nuevo sobre el amor en una propuesta que agujerea todas las certezas.

11 de julio de 2024

La única información con la que una va a ver esta obra (además del nombre del equipo artístico, fecha y lugar) es una serie de advertencias: plumas en escena, puff antialérgicos, espectáculo no apto para menores de 19 años. La última, para mí, continúa siendo un interrogante y decido dejarla como tal: terminar de entender las cosas vuelve rígida la mente.

La verdad que a esta altura yo no necesito más que el significante “Cacace” para tirarme de cabeza.

En esta oportunidad, Apacheta nos recibe con música electrónica, humo en el ambiente, una cama en el centro que promete y tres jóvenes intérpretes que ya están en la fiesta hace un rato. Cuando la gente se siente en sus butacas, y casi sin transición, todo será quietud.

Esta obra va de alguien que escribe y dos que actúan una separación amorosa. A cada momento se hacen cargo de la imposibilidad de estas actividades: de escribir, de actuar y de romper un vínculo. 

Todo está lleno de agujeros y nosotrxs, como turistas en Kuwait, disfrutamos el desoriente. El espacio no sirve como mapa, más bien todo lo contrario. Quizás funciona sólo como camilla de disección de los recuerdos de lo que ya no es.

A pesar de la temática que invitaría a llorarlo todo, el extrañamiento en la actuación impide la empatía. La parejita (Denisse Van der Ploeg y Esteban Kukuriczka) no dejan de ser actuantes esperando la indicación del escritor/director (Fernando Contigiani Garcia). Pero hay algo más, una tensión, una especie de aturdimiento (sobre todo en ella) que da un trasfondo turbio a todo este asunto: una mujer y dos hombres en una cama en el medio de la nada… y muchos ojos que los miran. 

Lo que nos saca de lo que podría ser una peli de Von Trier es el texto que expone de modo liviano, y con algunas estocadas, lo patético de la ruptura amorosa: la preocupación por las plantas, los recuerdos a medias, la destrucción del yo ante un otro que ya no espeja.

Ivan Martinic, el croata responsable de la dramaturgia, ya cruzó su camino con el director en la mítica “Mi hijo sólo camina un poco más lento”, espectáculo que estuvo 10 años en cartel y que terminó su camino este año con funciones en el teatro Alvear.

Su dramaturgia, muy inteligente, navega en el melodrama propio de la ruptura de la ilusión amorosa, pero con el salvavidas de que todo es obra de un escritor que se sabe incompetente: “hay muchas cosas que como autor debería saber”, dice. El chiste está en que ese autor que parece no haber dicho nada nuevo sobre el amor, sino más bien una serie de clichés superpuestos, atraviesa a cualquiera que haya vivido una separación con frasecitas como “Cuando te deje, se muere todo lo que sabés de mí”.

El espacio, la iluminación, y ese humo que lo envuelve todo, abonan la tesis de un no lugar. La cama, sola en el centro, iluminada por todos lados, se convierte en un ring de boxeo, en un rincón de la memoria, en un pedazo de ficción. Las relaciones entre estos pocos elementos son explotados, explorados, de manera tal que esas cinco escenas que tiene la obra,  y que se anticipan desde el principio, sean todas diferentes. Los cruces entre los tres cuerpos sobrepasan por mucho la fábula del texto y aportan muchas capas de sentidos posibles.

El montaje entre las escenas es cinematográfico y el sonido juega aquí un papel protagónico. Hay un momento, sutil, donde me dieron ganas de rebobinar y ver de nuevo mil veces. La actriz, parada fuera de la cama, arrastra hacia sí muy lentamente el acolchado, ese movimiento coincide con un sonido ambiental de lluvia que nos lleva a la siguiente escena. Así contado, parece un boludez, pero en ese detalle está contenida la sensibilidad del director en la exploración con los elementos, y su capacidad de producir afectos que no tienen nombre.     

Al igual que en “Gaviota”, esta obra modifica la densidad del aire, el tiempo se alenta y los finales se demoran con un público que no consigue iniciar el aplauso de cierre.

---

Actúan: Fernando Contigiani Garcia, Esteban Kukuriczka, Romina Padoan y Denisse Van Der Ploeg.
Traducción: Nikolina Zidek
Dramaturgia: Ivor Martinic
Dirección: Guillermo Cacace

APACHETA SALA ESTUDIO
Dr. Enrique Finochietto 483
Sábados a las 21 h

Agustina Soler Autor
+
ver más notas