Tristán y los días por venir
Sección Cine y series - Revista Llegás
Cine y series - Reseñas

Tristán y los días por venir

3 de julio de 2026

Tristán y los días por venir es un documental y un documento de época. Al igual que la reciente soy Mika de Frankfurt la película de Martina Matzkin y Gabriela Uassouf narra la vida de una persona trans a lo largo de un largo periodo de tiempo que data de la era pandémica. La película austera desde lo formal y minimalista y atenta a los pequeños detalles conmueve sin necesidad de ningún tipo de golpe bajo. El protagonista exclusivo de la trama es Tristán Miranda, un joven trans que se encuentra atravesando un proceso de cambio de identidad de género. Siempre bien rodeadx de su madre y de sus amigos Tristán escapa conscientemente a la tristeza y en esa idea claramente definida por el protagonista se encuentra la potencia de este relato de iniciación. El documental sigue al joven desde el momento en el que llena el formulario para acceder al cambio de género hasta el momento en el que el mismo comienza a recibir las primeras inyecciones de hormonas. El encanto de la película se sostiene en la interpretación sensible y poética de Tristán que por momentos pareciera ser un personaje ficticio. La película pareciera recostarse en una mixtura entre un documental de iniciación y cierta zona ficcional en donde los personajes parecieran moverse con soltura produciendo un ambiente extrañado que beneficia a un relato que sin ese matiz podría caer en la simple toma de postura ideológica. Tristán y los días por venir también da cuenta del paso del tiempo y de las fluctuaciones que nuestro país viene transitando en relación a las políticas de género pasando de un paradigma inclusivo y reconocedor de las diversidades a una gestión a nivel nacional como la actual que milita activamente en el liso y llano negacionismo de cualquier tipo de diferencia sexual afectiva y emocional. Esa coyuntura permanece fuera de campo durante gran parte de la película haciendo foco en la amorosidad de los vínculos y erigiendo a ese posicionamiento ético como una toma de postura política. Así las directoras deciden mostrarnos todo el tiempo a la madre de Tristán acompañando el tránsito de su hijx con las dudas de cualquier madre ante el salto al vacío que implica la toma de una decisión trascendente. Esa zona de incertezas propia del género humano independientemente del género que sea o que elija es lo más interesante de la película porque ahí radica la elemental declaración de principios del film acerca de la idea de normalidad y anormalidad. Para Matzkin y Uassouf no hay diferencias entre las personas más allá de la elección sexual. La pedagogía de Tristán y sus seres queridos es la de la dulzura y el amor. El padre se erige en ese contexto en un personaje ambiguo al que se lo observa más distante en relación a esta situación transicional. No te hagas vegano, ya bastante difícil es cocinarle a una vegetariano le dice en un momento determinado a Tristán en una escena que simbólicamente representa muchas más cosas que una mirada sobre una elección alimenticia determinada. Sobre el final del relato aparece lo epocal y esa aparición es lo que termina de consolidar la potencia del film.

La película sitúa el presente hostil al colectivo trans como un escenario en donde todos los logros que consiguió Tristán a lo largo de los años serían imposibles de ser llevados a cabo. En esa decisión de llevar el drama íntimo al terreno de la tragedia colectiva se encuentra la clave de un relato que se potencia exponiendo los opuestos. De un lado la crueldad de un gobierno que arrasa con las subjetividades diferentes y del otro un grupo de personas empáticas y un chico que desea ser lo que es. En otras palabras, la batalla de toda la vida entre el bien y el mal.

Tristán y los días por venir. Argentina, 2026. Dirección y guión. Martina Matzkin y Gabriela Uassouf. Duración. 62 minutos

 

Juan Pablo Susel Autor
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