En abril vuelve una nueva edición de Experimenta al Espacio Infinito del Centro Cultural Borges. Bajo la curaduría de Adriana Barenstein, el ciclo convoca a duplas creativas con el objetivo de generar experimentación desde la danza en cruce con otras disciplinas. Esta vez se trata del vínculo con las artes visuales en un encuentro donde el tiempo y el espacio se vuelven materia viva, tal como anuncian desde la organización.
La propuesta está pensada a modo de laboratorio transdisciplinario con la idea de poner en tensión cuerpo, luz, sonido e imagen en un mismo campo de acción, y que el resultado sea un híbrido, una obra inclasificable e irrepetible.
El ciclo tuvo su inicio el año pasado con propuestas experimentales de danza y música realizadas en ese ambiente amplio y claro atravesado por columnas del Espacio Infinito (porque tiene infinitas posibilidades espaciales, como dice Barenstein). Las características del lugar lo posicionan a su vez, como una zona de creación de obras situadas, lo que también las vuelve irrepetibles. “Es un espacio que en cada obra se reconfigura, ya que el público y el diseño escénico espacial pueden transformarse continuamente y en este sentido abre los imaginarios de los artistas en sus múltiples asociaciones y esto provoca también una apertura sensorial en el público, activo y atento”.
La historia de la danza espectacular en occidente muestra un recorrido de esta disciplina hacia su autonomía de otras artes a las que estaba supeditada. Con su independencia aclarada y sin necesidad de relatar historias o seguir los ritmos musicales impuestos, la danza se posiciona ya hace años en un terreno de paridad para dialogar con las otras artes. ¿Acá se trata de experimentar desde la forma, la imagen, el ritmo, la línea, el color? ¿De qué manera se contaminan estas disciplinas para potenciarse?
“Experimenta #03 intenta, al poner en diálogo un/a artista visual con un/a coreógrafa, expandir los límites de cada poética y así abrirse al diálogo y a la fricción, al generar un espacio "entre" hecho de tiempo, cuerpo, materia, objetos, texturas, luz, energía, peso, gravedad”, señala Barenstein y agrega que en este diálogo la coreografía “organiza el tiempo desde la presencia y el desplazamiento”, mientras que la práctica visual “transforma el espacio en una superficie activa que responde, vibra y se altera con el movimiento”.
La curadora piensa en las obras como sistemas vivos que se encuentran en continua mutación. Desde allí sostiene que los artistas “crean quiebres que interrumpen la percepción habitual del espectador, en un estado de juego, duda, error y asombro permanente”. Se trata de un proceso de experimentación constante donde los materiales y los cuerpos discuten, abiertos a lo incierto, a lo inesperado, tal como expresan sus palabras.
A partir de ese interés como curadora, Barenstein convoca artistas que no hayan compartido colaboraciones previamente para provocar un quiebre en la experimentación: “Se trata de la ruptura y el desafío de poner en diálogo artistas que no hayan trabajado juntos antes, para generar esta conversación. Es un duelo entre los materiales, el movimiento, el espacio, los cuerpos, el tiempo, la sensorialidad”. Al ser convocados para experimentar y producir una obra nueva en el espacio, que se brinda para el proceso de investigación, surgen las chispas que alimentan el fuego creativo que Barenstein celebra. “Es interesante ver el proceso de ensayo y prueba de los artistas donde los materiales friccionan, dialogan, se enfrentan, chocan, discrepan y acuerdan. Hay algo explosivo y espasmódico, como también silencioso e introspectivo, en estos encuentros”.
Esta vez las duplas que ponen sus materiales a conversar están conformadas por Ana Gurbanov y Mariela Vita, Flor Werchowsky y Marcela Cabutti, Federico Fontán y Augusto Zanela, Gustavo Lesgart e Irina Kirchuk. “Observar los recorridos de los artistas es ser testigo del germen de una creación, del origen: cuando algo comienza a surgir de la nada, en este caso de una fricción entre dos artistas de diferentes disciplinas, entre impulsos que, así como fluyen, se interrumpen, se quiebran”.
La posibilidad de crear en un espacio que además de proponer y convocar, acompaña los procesos, es sumamente necesaria para el desarrollo del pensamiento artístico. En ese sentido las obras y ciclos de calidad, abiertos y gratuitos del Borges, son un aporte.
La sociedad profundiza su humanidad gracias a la existencia del arte con todas sus potencias. En este contexto distópico, es fundamental que los diálogos circulen entre las disciplinas y que tracen puentes entre escena y público, para generar atmósferas afectivas que abran el imaginario hacia otras maneras de habitar, coexistir y convivir que nos permitan experimentar un infinito feliz. Uno que nos incluya a todas y todos.
3 / 4 / 5 de abril - 20 hs. — Cruza koi de Ana Gurbanov / Mariela Vita
10 / 11 / 12 de abril - 20 hs. — Mueve montañas de Flor Werchowsky / Marcela Cabutti
17 / 18 / 19 de abril 20 hs.— Instalación Eléctrica #1 de Federico Fontán / Augusto Zanela
24 / 25 / 26 de abril - 20 hs. — formas breves de Gustavo Lesgart / Irina Kirchuk
Centro Cultural Borges - Viamonte 525