La artista Mayra Bonard presenta en mayo dos propuestas en el Centro Cultural Borges: Little beat, a la que define como una suerte de “obra hija”, y Tronco, un alter ego que se interroga respecto a un posible futuro vegetal. Estuvimos conversando con la autora sobre el cuerpo, el tiempo y la creación de estas piezas performáticas.
“Una vez tuve la idea de los vasos que me resultó muy potente y también muy versátil, cuando hicimos 0.0 en conmemoración de los 25 años de El Descueve”, relata Bonard al referirse a escenas de Litte beat que se desprenden de Mi fiesta. “Ahí estaba la peligrosidad de las imágenes y a la vez la peligrosidad del texto, porque yo me ataba, no era literal, pero había algo sensorial que acercaba esa emoción del riesgo” recuerda. Luego agrega sin gravedad: “cuando me llamó Adriana Barenstein para Experimenta #1, mi mamá se murió al otro día”.
En ese momento tan fuerte de la vida la propuesta de participar en el ciclo le pareció alentadora, pero después la dimensión de crear una obra en medio de un duelo fue otra. La presencia de Diego Vainer como dupla creativa resultó crucial. Sus años de experiencia trabajando juntos colaboraron para poder concretar el proyecto en dos meses. “Diego me acompañó para hacer un exorcismo, una liberación; usamos cosas del tintero de Mi fiesta, usamos voces de mi mamá”, explica Bonard señalando la metáfora de obra hija también en este sentido.
La pieza se transformó, Little bit pasó a llamarse Little beat, como un pasaje de las vivencias de la artista. De “un puntito, algo chiquito”, a la idea de golpe o latido, una reformulación que se produjo en el proceso vivo del duelo: “me di cuenta de que no quería usar la voz de mi mamá otra vez, todavía estoy en un duelo, lo que en ese momento me dio fuerza hoy me suena más melancólico”, explica Bonard.
Los procesos creativos son procesos de subjetivación en los que lxs artistas transforman sus situaciones de vida personales junto a lo que absorben del contexto, en piezas artísticas donde podemos empatizar o encontrar mundos que nos convoquen. Como expresa Bonard, “aparece lo que uno no es consciente y justamente eso es lo interesante con el cuerpo y la danza, que hace visible lo invisible, baja un inconsciente que no manejas, pero que está circulando”.
Ese recorrido propio que da a luz estas dos piezas nos permite pensar en la creación y en la presión que ronda implícita en las artes escénicas por crear algo nuevo. La intérprete señala que los artistas visuales trabajan series sobre un tema, mientras quienes hacen escénicas tienen que estar reinventando y produciendo sin parar. “Uno tiene un par de temas que lo obsesionan, no infinidad de temas, y dentro de esos temas cuando uno va cambiando los puede volver a traer, mismo los materiales. Ahora yo trabajo así, con total libertad sobre las obras, que se van transformando”, explica Bonard y no podemos dejar de preguntarle cuáles son aquellos temas que a ella la obsesionan: “Me gusta mucho la idea del body specific, cada persona en si misma es un mundo y cada cuerpo un lugar portador de toda una vida. Es lo que más me interesa en este momento. Y después, la exposición absoluta de la crisis de sentido de todo en la que estamos, la crisis climática también. Son cosas que yo nunca cito de modo literal, pero me atraviesan”, afirma.
El cuerpo se transforma atravesado por el tiempo y en sus obras body specific, se expresan quizás con otra exposición que la “mujer chancha” de El Descueve. Bonard recuerda aquellos tiempos señalando que ya no tiene ganas de someter al cuerpo a un impacto como ese. “Mi cuerpo está mucho más tranquilo, con menos ganas de verse exigido, forzado o en competencia consigo mismo; esa idea de ver hasta donde llego, no me pasa”, sostiene. Sin embargo, su entrenamiento diario y rutinas de yoga la mantienen en muy buen estado físico, además reconoce su fascinación por los cuerpos musculosos y cierta estética clásica, “pero desde que murió mi mama algo cambió con relación al cuerpo y al estado, estoy un poco más grave, la conciencia del paso del tiempo y de la muerte está presente”.
La artista asegura que siempre fue bastante tímida escénicamente, “mi manera de vencer esa timidez era darme vuelta completamente, ahora no me tengo que desesperar ni salir para afuera como una loca cuando estoy en escena”, afirma. Tronco, su alter ego, actualiza esas reflexiones en torno a la transformación del cuerpo a través del tiempo y de la finitud, ubicando la humanidad entre otras especies vivas. Allí se produce un corrimiento en la exposición de la desnudez de la intérprete, presente en otras piezas suyas. “Lo de la desnudez me apareció en Tronco con la idea de escultura viva, no tengo la cara y me ocurre otra cosa en el cuerpo”, dice Bonard.
La profundidad de estas propuestas invita a un estado de paisaje, donde el tiempo cotidiano puede quedar suspendido. La artista comparte el disfrute de la lentitud mínima, una temporalidad que estimula otros riesgos, porque como ella señala, tiene la intensidad de lo sostenido.
LITTLE BEAT - sábado 2 y 9 mayo - 20 h., viernes 8 mayo - 20 h.
TRONCO - viernes 15 y 29 mayo - 20 h., sábado16, 23 y 30 mayo- 20 h., miércoles 20 mayo - 20 h
Espacio Infinito – Centro Cultural Borges – Viamonte 525 - CABA
Entrada gratuita. Las entradas se retiran desde media hora antes de la función en mesa de Informes del 2do piso. Se entregan hasta dos entradas por persona