Hay historias que se conservan en una vitrina y otras que necesitan ponerse en movimiento una y otra vez. En el Museo Argentino del Títere, en San Telmo, conviven ambas. Más de 500 títeres forman parte de una colección que reúne piezas provenientes de distintos intercambios y adquisiciones, nacionales y del mundo, pero también hay una sala de teatro, una biblioteca, un centro de documentación y, sobre todo, una historia que continúa.
¿Es un buen modo de empezar? Rebobinemos, tal vez, más de un lector en este momento se esté preguntando de qué hablamos. La comunidad titiritera en nuestro país es grande, a ella no hay que contarle de qué va el museo, pero muchos otros lectores/espectadores tal vez no conozcan la existencia de este museo así que, con el acontecimiento de la llegada de un nuevo director, Emiliano Romero, al que entrevistamos aquí aprovechamos para reconstruir un poquito de la historia y proyectar algo del futuro que se avecina.
Romero es director y productor de cine, conoció y entabló vínculo con una Sarah Bianchi octogenaria, una de las figuras fundamentales de la historia del teatro de títeres argentino. Filmó un precioso documental y por ahí empezamos a preguntar.
¿Cómo conociste a Sarah?¿ Qué significó para vos esa relación y cómo esa experiencia te ligó con el museo hoy?
Soy parte del ecosistema del barrio de San Telmo ya desde mi época de estudiante secundario. Una vez que terminé 6°año en el colegio Industrial Huergo comencé a estudiar en la Universidad del Cine. Mis padres tenían su escuela de Teatro en Cochabamba y Defensa. En 2003 mi padre, Néstor Romero, decidió presentarme a una vecina ilustre del barrio, así conocí a Sarah Bianchi. Ella tenía 83 años y yo 23. Me fascinó su modo de vivir y le propuse filmar una película. Durante dos años registré su trabajo cotidiano: un documental de observación.
En aquel momento Sarah estaba realizando la puesta de su último espectáculo teatral de títeres para adultos. Me dediqué a filmarla en los ensayos, preparando títeres, recibiendo premios y distinciones por su increíble trayectoria artística. También registré sus palabras en relación con Mane Bernardo, su socia y compañera con la que fundaron el Museo Argentino del Títere.
Cuando se estrenó en cines la película me convocaron a formar parte del Consejo de la Fundación del Museo, fui vocal durante un tiempo, luego secretario general y este año fui electo presidente. Ser director artístico del museo me permite seguir el legado de Sarah y de Mane, ese es mi horizonte.
¿Cómo le contarías a alguien que desconoce el mundo de los títeres de qué se trata este Museo tan particular? ¿Por qué vale la pena ir a visitarlo?
El Museo Argentino del Títere es un lugar de referencia para el arte titiritero mundial. Fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Es único en su tipo en América Latina puesto que cuenta en exhibición con una colección que supera los 500 títeres. Por otra parte, existen ahí cantidad y variedad de documentos en soportes diferentes que provienen de distintos lugares del mundo y que fueron reunidos a lo largo de los años por sus fundadoras. Hay una biblioteca de temática titiritera, teatro y literatura para infancias y una colección de afiches relacionados con estos temas provenientes de diversas partes del mundo además de fotografías de la actividad titiritera mundial.
La Fundación Mane Bernardo-Sarah Bianchi fue creada por estas artistas en 1983 con la idea de que tuviera bajo su órbita un museo dedicado al arte de los títeres que contara entre sus propósitos con el objetivo de “propiciar la investigación, la tarea docente, artística y literaria en el campo del teatro de títeres en todas sus técnicas y posibilidades de aplicación”.
Podríamos contarles también que el museo tiene tres salas: la sala Serguei Obrastzov, en la que se exhiben títeres de África, Europa, Asia y Oceanía. La sala Moneo Sanz, dedicada a los titiriteros argentinos y la sala latinoamericana, en homenaje a Lola y Mireya Cueto.
Además, hay una sala de teatro que lleva el nombre de Federico García Lorca donde se realizan exposiciones, se dan charlas y se hacen funciones para niños y para adultos.
¿Podés contar algo sobre las fundadoras de este museo?
Mane Bernardo y Sarah Bianchi fueron pioneras del gran movimiento titiritero nacional. Mane, profesora de dibujo, grabado y escultura, funda en 1944 el Teatro Nacional de Títeres del Instituto Nacional de Estudios de Teatro. Sarah, profesora de letras y artista plástica, se incorpora poco tiempo después. Juntas se dedican a la adaptación y puesta de clásicos y experimentan variedad de técnicas y posibilidades del teatro de títeres que, a través del tiempo, las lleva a recorrer el mundo y a compartir experiencias con muchos colegas. También incursionó en terrenos del cine y la televisión. Por otra parte, demuestran que los títeres tienen infinitas posibilidades por ejemplo en relación con un eje terapéutico. Es fundamental que convivan la experimentación con el arte milenario. Mane y Sarah han formado una dupla inquebrantable y dejaron una larga estela detrás suyo, una gran escuela dentro del oficio. Un gran aporte a la educación y a la pedagogía, formaron docentes en el área de títeres y demostraron el amplio valor que este arte tiene como herramienta pedagógica.
¿Cómo llevás adelante la curaduría para los espectáculos, cómo conviven las instancias sala/museo ¿trabajan este vínculo de algún modo en particular?
Un museo vivo, eso podría responder. Como director del museo me comprometí a avanzar con diversos proyectos en paralelo que apuntan a la vinculación con la comunidad, su presente y su futuro. Aunque normalmente se asocie un museo a un pasado estancado, el museo en realidad trabaja para motivar la formación de nuevas generaciones de artistas y espectadores.
La curaduría de la programación de espectáculos se basa en la diversidad. Nos propusimos no repetir obras para darle la oportunidad a una variedad enorme de compañías titiriteras que ofrecen sus distintas particularidades y estilos.
Durante los días hábiles recibimos visitas de colegios y jardines de infantes en donde los niños además de recorrer el museo con una guía y ver una obra, se les explica y muestra los diferentes tipos de títeres y su manejo. Los niños tienen la posibilidad de tocar diferentes muñecos para que perciban personalmente en sus manos la sensación de tenerlos y manejarlos.
Además tenemos un proyecto de formación para 2027 que consiste en un plan de talleres presenciales y virtuales para infancias y adultos de realización y manipulación de títeres y marionetas.
¿Qué están haciendo con el patrimonio?
En el museo existe un acervo inmenso de títeres, marionetas, libros, afiches, películas, fotos y diapositivas. Para poder catalogar, fichar y digitalizar tenemos un proyecto en marcha desde hace varios años llamado “Riqueza del Museo Argentino del Títere” en donde estamos llevando adelante alianzas con instituciones especializadas. Como el Museo del Cine, CONICET, UNSAM, UNA Dramáticas, Proteatro, Instituto Nacional del Teatro, CIAP, Centro de Investigaciones en Arte y Patrimonio, STAN, Servicios Tecnológicos de Alto Nivel.
Es tan particular este material, tan variado que es necesario el trabajo común por parte de muchos especialistas.
Contame cómo se pueden acercar al museo y qué pueden encontrarse allí.
Actualmente se puede visitar los días sábados y domingos de 15 a 19hs, con funciones de títeres y marionetas para infancias a las 16hs. Los sábados a la noche se realizan funciones para adultos. Se puede encontrar la grilla de programación cada mes en las redes sociales del Museo. @museodeltitere.ar
La conversación termina, pero luego de ver Sarah, la película de Emiliano, quiero sumar dos cosas: a la titiritera en primer plano (los primeros planos son tan pero tan bellos) preguntando “¿Te imaginás todas las cosas que uno ha hecho en 60 años? A veces cosas que uno ni se acuerda, te olvidás. Porque son 60 años continuos, no es que vos decís este año hago uno y dentro de cinco hago otro. No: todo, todo, todo, seguido, seguido, seguido”.
Pensar en esa vida de tantas cosas hechas y algunas olvidadas. Verla en movimiento, subiendo escaleras, proponiendo cosas, ordenando filas de sillas en la sala, dialogando con los pequeños, preguntándoles si la mano está dentro o fuera de acuerdo con el títere que porta.
O cuando cuenta del nacimiento de la pantomima de manos: cómo se puede ser tan experimental a partir del vaciar, de poner en primer plano la función.
El documental cierra con una frase que señala que Sarah se fue con Mane en 2010. Pero es evidente que la historia no termina. Tal vez, Sara haya olvidado muchas de las cosas que hizo, pero por suerte quedan quienes las recuerdan y las continúan.
Quizás el mejor modo de pensar un museo de títeres sea justamente desde esa paradoja: conservar algo que fue hecho para moverse.