
Me es difícil imaginar que en una obra de teatro vayan a subir una montaña. Pienso esto mientras camino las cuadras que separan el auto de la puerta del Dumont. El frío de la noche me hace acelerar el paso y llego pronto al teatro que me da refugio, sin saber que adentro me aguarda una tormenta de nieve.
Una sombra voraz me atrapa, se come cualquier pensamiento con el que yo vengo, desde la primera letra hasta la última me mantiene atenta. Julián Vidal es montañista, esta es su historia, la historia de cómo hacen una película de su vida. Su vida y la de su padre.
Nos espera un camino escarpado. Entreverados por el texto y estas actuaciones (Aramburu/ Velázquez) nosotros también seremos invitados a repensar nuestro vínculo paterno. Cuáles fueron los legados que nos dejaron discontinuos, qué nos persigue al punto de no poder desatender su llamado anacrónico.
Grupo Marea hace cima en Buenos Aires con esta obra veinte años después de su formación. Mariano Pensotti su director y autor apuesta una vez más al retrato del doble, a la pantalla partida de la ficción y la realidad. Si no fuera porque sabemos que es su marca de estilo estaríamos tentados de poner en el buscador: “Julián Vidal alpinista”. Es tal el artificio de la verosimilitud que parece construirse un falso biodrama.
Mientras de un lado se cuenta la vida que se quiere retratar en el cine, del otro se cuenta la vida del actor que la va a interpretar. Diego Velázquez asume ese rol, su carrera está en decadencia, está enfermo, su hija no le habla, pero un director pensó en él y quiere que sea el principal de la película sobre el montañista. Del otro lado, Julíán Vidal, ya casi retirado del alpinismo, nos cuenta cómo tomó la decisión de retomar la ruta que su padre intentaba trazar en el Annapurna (Himalaya) antes de morir en dicha tarea. La película pretende narrar esa proeza. Es una película comercial, el desfasaje entre el relato hollywoodense y el relato biográfico le dan posibilidad al humor.
Existe un elemento real en el imaginario de esta construcción que opera como soporte de la narración y la obra: “La ascensión del Mont Ventoux” de Francesco Petrarca (1304-1374). Este libro es la clave que abre paso a la acción, ya que esconde las anotaciones que el padre de Julián Vidal había hecho para inaugurar esa nueva ruta en el Annapurna. Y para la historia de la humanidad es el primer libro en retratar la ascensión a una montaña. Petrarca, que con su afamado Cancionero replicó y trascendió el Dolce stil novo - movimiento poético que da comienzo a temas no religiosos- oficia en esta oportunidad también de humanista y geógrafo. Hace entrar en la literatura y en la línea histórica el primer ascenso sin fines políticos ni militares y se inaugura una nueva percepción sobre el paisaje ( Ahora también un objeto estético). El goce de la observación de la naturaleza ha sido puesto de manifiesto y con ello surge, en este acto, la metáfora de la montaña. No hay nada de arbitrario en este libro- elemento elegido por Pensotti. Cuando de escalar cimas reales y aparentes se trata, la potencia de la metáfora se expresa y se cuenta a sí misma esquivando el lugar común.
Caminatas activas, una montaña que se sube y es un espejo para todos los que la vemos, mosquetones y actores suspendidos de cuerdas son la apuesta minimalista pero sobrada en imaginarios que propone la escenografía de Mariana Tirantte. Inmensas actuaciones y un texto depurado al que no le sobra ni le falta ni una sola palabra convierten a “Una sombra voraz” en una obra infalible. Marea, el grupo que la soñó, en tierras extranjeras, sin dudas se sorprenderá del impacto que tendrá en el país que le dio origen.
Lilian Sprovieri
ph: Sebastián Arpesella
Una sombra voraz
Actúan
Patricio Aramburu, Diego Velázquez
Dramaturgia y dirección
Mariano Pensotti
Idea
Grupo Marea
Dumont4040 - Santos Dumont 4040
Sábados 20 h
Domingos 18 h