Como suspendida en el tiempo, a la espera del próximo viaje, Sonia atiende los llamados en una de las últimas remiserías de la ciudad. Al otro lado de la radio, Caballo, el chofer, aguarda indicaciones. Mientras, se entretienen con juegos, confesiones y el misterio del dolor compartido por el suicidio de una compañera. Galopan la soledad de la noche urbana, repleta de estrellas y preguntas.
Consuelo Iturraspe (Un tiro cada uno) parte de un cuento de Chéjov de 1885 para crear una historia sensible, embriagada de melancolía y humor. En esa mezcla atractiva, el eco lejano del relato original llega hasta la Buenos Aires actual adoptando formas inesperadas.
Fernanda Bercovich despliega una actuación notable, se toma el tiempo para encontrar los estados y el humor ocurrente, lúdico. La obra no es del todo un unipersonal ya que cuenta con la voz de Caballo (Federico Liss): los audios son manipulados en vivo por Elisa Carli, la asistente de dirección y técnica en escena, casi una actriz más. Así, el recurso construye un relato íntimo y etéreo, como la propia emoción que lo inspira.
El vínculo entre padres e hijos y las penurias del trabajo -alivianadas por la complicidad de los grandes compañeros laborales que se vuelven amigos (confidentes como el caballo de Chéjov)- son temas en los que se detiene la obra en su deriva casi ensayística. Surgen irradiados por el brillo tornasolado del tono predominante: esa tristeza que es como un viaje con destino desconocido, una carga sin dirección de entrega.
Dramaturgia y Dirección: Consuelo Iturraspe Actúa: Fernanda Bercovich
Zelaya, Zelaya 3134; domingos a las 19; desde $25000