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Ladran Sancho, señal que cabalgamos. Dando señales como una jauría potente en medio de la emergencia cultural, se lanza al camino el equipo de la Cooperativa del Teatro del Perro para realizar la primera edición del Festival Internacional Jaurías del mundo. Una propuesta más de autogestión que sucede debido al cierre de los espacios culturales independientes de la ciudad y la suspensión de las actividades que los sustentan. Frente a la situación económica extrema, no queda otra alternativa.

Durante el fin de semana del 7 de agosto se realizó el Primer Foro Federal Interregional del Movimiento Federal de Danza (MFD), organizado por las regiones Centro y Provincia de Buenos Aires. En el encuentro se expusieron la Ley Nacional de Danza, el proyecto de jubilación para bailarinxs y la situación de emergencia, entre otras cosas. Contó con invitados como el presidente del Instituto Nacional de la Música (INAMU), Diego Boris, que dio todo su apoyo al MFD y el bailarín Julio Bocca, quien destacó la unión, la confianza y participación de las diferentes personas que integran el movimiento, y señaló que los legisladores “deben entender que somos un sector que es parte de la economía de la cultura”.

Este año comienza con una economía en jaque pero con esperanzas. La pandemia desatada a nivel mundial nos lleva, desde marzo, a cuidarnos en una cuarentena estricta que se fue alargando, endureciendo la situación. Hoy en día, las ayudas recibidas desde el Estado aún resultan insuficientes para que la cultura se sostenga, el contexto es realmente angustiante.

La danza, como otros sectores, sufre el cierre de teatros, la cancelación de festivales y la dificultad para dar clases presenciales, que lleva a que academias y espacios de formación, también deban cerrar. La danza está atravesando una crisis profunda que se ve agravada por la cuarentena pero que afecta al sector desde hace años, debido a que no cuenta con una Ley Nacional que regule la actividad, ni con un Instituto Nacional que la articule e impulse, tal como sí ocurre con el cine, la música y el teatro.

La cuarentena se alarga mientras el cuerpo resiste como puede. El aislamiento del encierro repercute en subjetividades que necesitan alimentarse del contacto con otrxs.  A raíz de esta situación nace Ciudad Moviente, una alternativa que plantea nuevas formas de estar, utilizando las redes de comunicación actual. Desde la pausa hasta el movimiento, la idea es hacer circular vínculos y sentidos.

Desde que la UNESCO eligió el 29 de Abril para festejar el día internacional de la danza, este mes es cada vez más esperado por la comunidad dancística de nuestro país. El 29A es una celebración que además sirve de excusa para visibilizar la situación de un sector que crece exponencialmente generando identidad cultural, fortalecimiento social, salud integral y riqueza económica, pero que, sin embargo, continúa como actividad lúdica precarizada. Por eso, cada abril, la comunidad se reúne para hacer visible esta situación y volver a presentar el proyecto de ley nacional en el Congreso.

La danza avanza con sus propios movimientos como disciplina, como arte, como forma de estar en el mundo y habitar desde las diferentes corporalidades. La danza crece como pregunta que interpela territorios y subjetividades, y ahora la pensamos desde la propuesta de este Festival.

Desde este lunes 9 hasta el 21 de marzo va a transformarse la ciudad de La plata con la VII edición del Festival Internacional Danzafuera. Un festival que creció exponencialmente desde su inicio en 2013 como edición local, con intervenciones que tenían lugar en la calle durante un solo fin de semana.

Danzafuera impulsa que la danza tome el espacio público y se encuentre con la gente. Sus ideólogas iniciales son Constanza Copello, Mariana Saez, Jorgelina Mongan y Julieta Scanferla, bailarinas y gestoras culturales que un día se plantearon la necesidad de “poder salir de los espacios teatrales que de alguna manera siempre están un poco en crisis, muchas veces no tenemos lugares para mostrar lo que hacemos”. Desde la pregunta sobre qué tipo de intervención querían hacer, cómo relacionarse con lo que ya estaba, el espacio, la gente, comenzaron a pensar que el afuera no era necesariamente espacial, “no tiene que ver con la calle sino con poder encontrar el afuera de la danza que muchas veces tiene que ver con pensarle otra vuelta, la danza es quizás otra cosa de lo que nos habían enseñado” como expresa Constanza en comunicación con Llegás.

El equipo trabaja todo el año para darle forma en cuanto a la producción general, financiamiento, etc. Cerca de la fecha de apertura se suman Delfina Serra en producción y Daniela Camezzama en comunicación, además de Dani Lorenzo como diseñador. Y finalmente, un grupo grande de personas y equipo técnico que asisten en tareas específicas para el seguimiento de las obras.

Esta edición en particular cuenta con un conversatorio para discutir sobre gestión y producción y otro sobre trabajo en relación a cuestiones de género; talleres de fotografía sobre danza y de montaje; obras en espacios cerrados que este año son centros independientes de la ciudad. También residencias específicas para el festival en la calle con apertura al público durante el último día, una intervención en el tren universitario, una invitación a realizar una caminata juntes haciendo recorridos por lugares de la ciudad, llevando la atención al encuentro de la danza en la calle: movimientos de pájaros, autos, gente, para abrir el campo de la atención y la concentración.

Las productoras buscan que el tipo de propuestas seleccionadas tengan el foco en los procesos creativos, la investigación en relación al lenguaje de la danza, los cruces, las preguntas que se plantean, y realizan la curaduría a lo largo del año mediante diferentes convocatorias. “Recibimos un montón de propuestas. El festival es como una obra y pensamos qué piezas necesita esa gran obra que es Danzafuera”, subraya Constanza. Participan en esta edición unos 150 artistas  entre bailarines, coreógrafes y obras latinoamericanas de Brasil, Bolivia y Uruguay, además de las nacionales de La Plata y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Dos ideas fuertes sostienen esta gran producción en la ciudad de las diagonales: una es llegar a la máxima cantidad de personas y acercar a que sean futuros espectadores de danza, “hay intervenciones para el público casual que está ahí circulando, que no se acerca a los teatros”. Para esto es importante que sea un festival gratuito que posibilite un mayor acceso a los bienes y productos culturales.

La otra idea detrás, asociada a la lucha por una Ley Nacional de Danza que organice y apoye esta actividad, es la gran premisa de entender el valor del trabajo en relación a la danza, que tiene que ser remunerado. En el festival, todas las personas cobran por su labor, por lo que es una fuente de trabajo para muches artistas y gestores. Cuestión posible gracias a los apoyos, subsidios, becas que sostienen el festival, que esta vez vienen de la mano de Iberescena, del Consejo Provincial de Teatro Independiente y de la Universidad Nacional de La Plata. Pero que no es algo fijo, como afirma Constanza: “cada año buscamos nuevos recursos de financiamiento, es un desafío que se renueva en cada edición”.

El desafío de otra forma de afecto, de estar con les otres y de habitar las múltiples corporalidades y el mundo. Danzafuera nos invita a pensar la danza por fuera de la danza.

Por Dulcinea Segura

Informes y espacios en:

Web: https://danzafuera.wixsite.com/festival

Mail: danzafuera@gmail.com

Encontrá y seguí el Festival en las Redes en: Facebook: /DanzafueraFestival   Instagram: @festival_danzafuera

La danza independiente, no oficial, rema con fuerza por sus espacios, mientras genera modos de estar en el mundo. Arte del movimiento y la quietud, que toma el cuerpo por asalto, vibra en esta obra que interpela al público.

Esta vez desde un escenario del Metropolitan Sura, en plena avenida Corrientes, centro neurálgico de las propuestas habitualmente más comerciales de la ciudad, donde no suelen verse obras de danza que no sean las de la compañía del Teatro San Martín.