Etiqueta

Luis Ziembrowski

Buscando

La emoción estética es más revolucionaria que la emoción política

Daniel Veronese afirma su potencia como director y defiende la intuición como única guía de sus procesos creativos en dos experiencias concebidas como laboratorios escénicos.

¿Puede ser un director de teatro un militante de la fenomenología? ¿Puede tomar los “entes”, las “cosas” que aparecen en la escena como datos de la conciencia y argumentar solo con eso su trabajo? “Yo trato de no teorizar sobre mis procedimientos a la hora de la creación porque me da miedo plagiarme o copiarme. Entro en una obra y no sé qué voy a hacer. Lo verdaderamente revolucionario pasa ahí: cuando me encuentro con los actores. Y necesito que ellos tampoco tengan idea, por ejemplo que si vamos a hacer Chejov no me digan que lo conocen porque no vamos a hacer eso. Vamos a hacer teatro” – dice Daniel Veronese en su defensa a la intuición como centro de su trabajo.

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS

Una espléndida versión de Hamlet que prefiere la síntesis a lo espectacular, y la (falsa) levedad a la tentación de lo solemne.

Algo huele a podrido en Dinamarca. Quizás sea el fantasma que sobrevuela la torre del castillo, con la esencia relumbrante sobre una piedra torcida. Pero no. Los fantasmas no huelen. Y los padres no se pudren. Podrán pudrirse los reyes y los estadistas, pero los padres no. Nunca. Se pudren los cuerpos que cometieron crímenes. Hamlet se pudrirá también, y deberá reconocer que su padre también está podrido cuando clama venganza por su asesinato y no por los asesinatos que cometió durante su reinado. Graciosamente absurdo entonces. Los muertos no hablan ni piden venganza, aunque sus cadáveres griten y exijan justicia. ¿Justicia por qué? ¿Para qué la justicia? ¿Por sí mismos, para limpiar su honra? Pues nada más podrido que el ser individual, que es el que efectivamente se pudre cuando está muerto y enterrado, cuando los gusanos se hacen un festín con su carne inerme. Sin embargo el desvarío de lo justo pierde sentido cuando el suelo se riega con los restos de los hombres muertos de forma insensata, arropados por el inmediato sosiego que reemplaza al ruido y la furia.