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Después de participar en la última edición de FIBA, se estrena la segunda temporada de este romance telúrico surcado por la desgracia. Una fábula folklórica local entrecruzada con mitología de licántropos que aúllan a la luna llena. 

La historia de amor trunca de la rubia y el lobo se cuenta con música en vivo, despliegue de destreza física y belleza poética. Toto Castiñeiras, quien trabajó durante diez años en la Compañía del Cirque du Soleil y fue creador e intérprete de la parte cómica para la producción “Sép7imo Día”, centrada en la banda Soda Stereo, sabe lo que hace en su rol de autor y director.  

En una puesta con recursos originales y efectivos. Narra de a tres una historia de dos. Santiago Garcia Ibañez, Micaela Rey e Ignacio Torres protagonizan la obra con gran precisión técnica y entrega. 

Sin dejar de lado el humor, en el tono de la propuesta se mezclan inocencia, salvajismo, sensualidad, violencia, pureza y mentira. Nunca es demasiado dulce porque la crueldad acecha.  

Arrastrando un pasado de tragedia, se conocen la rubia -con su cabeza rococó, su testera de bucles, su pasión por la poesía y sus palabras filosas- y el chico peludo, el séptimo hijo. Nace así este amor litoraleño enrarecido. Entre noches de kermese, certamen de la Reina del mate, monte, laguna, viento, vaca y chajá, los enamorados salen a comerse el mundo bajo la luz brillante de la luna panzona.   

Por Paula Boente 

Dramaturgia y Dirección: Toto Castiñeiras  InterpretaciónSantiago Garcia Ibañez, Micaela Rey, Ignacio Torres. Nün Teatro-Bar, Juan Ramirez de Velasco 419; jueves a las 21; desde $350 

 

Sueña con lo verde. Todo lo que brota, lo bueno y lo malo. Azucena es una mujer en pleno brote. No es presa ni es del todo libre. No tiene dueño. A veces tiene alguien que la cuida, aunque no es la mejor opción. Deambula entre la lucidez extrema y la locura, cabalgando la épica del desamor.  

En la postal que oficia de programa se ve una casa hecha de masa, galletita o algún otro material efímero que da cuenta de todos los clichés del ícono: techo a dos aguas, chimenea, dos ventanas y un sendero que conduce a la fachada. De eso se trata Más acá: de la imagen que tenemos del hogar materno, de lo mucho que nos cuesta despedirnos y de cómo irracionalmente nos aferramos él. Pero también, y aunque nos cueste verlo, expone lo poco verosímil que es esa idílica e infantil representación que solemos hacer de nuestra primera cuna.   

Una maratón de canciones a cargo de tres cantantes, un pianista y algunos invitados. Un espectáculo para recorrer, a través de los lugares comunes del musical, el estado de situación contemporáneo: lenguaje inclusivo, política cultural, cupo femenino, paridad y hasta los modelos de producción -y representación- de los diferentes circuitos teatrales. Críticas explícitas al macrismo en una verborrágica puesta en escena a la que -quizás- le falten algunos silencios. Un devenir humorístico que se ríe de nuestra banal existencia: el primer planismo de la agenda multitasking a la que nos sometemos, cómo -creemos que- se comporta una familia tipo en Pinamar, a qué cima nos transporta la vejez y por qué la misoginia sigue encubierta.