Etiqueta

ocio

Buscando

Anclada al presente, Pilar Gamboa, recorre su camino de aprendizaje con la curiosidad de una turista del tiempo.

Pensar y analizar el tiempo es algo que ronda en mi cabeza a menudo, a veces decido simplemente soltar la neurosis y dejar que todo sea como tenga que ser, una suerte de librarlo a la marchanta, a que suceda. Después de todo, a veces sólo se trata de eso.

Natalia Casielles nos cuenta su plan que la lleva a rendirle culto a la libertad en el tiempo en que habita, dispuesta a hacer algo de sí siempre.

De nena estaba obsesionada por no dejar de jugar, en mi tiempo libre jugaba, jugar me hacía sentir que hacia lo que quería con mi tiempo. Mi tiempo libre era cuando no estaba en la escuela o cuando no estaba haciendo la tarea de la escuela. No me gustaba la escuela. De las demás obligaciones se encargaban los adultos, pude ser una nena ocupándome de ser nena, salvo por las reiteradas visitas a hospitales, pero ese es otro tema. Jugaba mucho sola, con mis hermanes o con alguna amiga del barrio. No hablaba demasiado con otra gente, personalidad paralela, en casa extrovertida, en escuela retraída. En los recreos, junto al mástil de la bandera que me hacía sentir una especie de prócer, tuve mucho tiempo para idear un plan: de adulta mi tiempo libre sería todo el tiempo.

Un recorrido de Analía Couceyro por el universo del ocio donde nunca puede faltar un libro… ni a palos.

Digamos que me cuesta el ocio, me cuesta adaptarme cuando paso de períodos intensos de trabajo al tiempo libre. Y la medida inmediata del pasaje a la disponibilidad para ese placer suele ser el tamaño de los libros que elijo. Siempre tengo un libro en la mesa de luz, o varios, o pilas que voy moviendo desde encima de la mesa de luz a su interior y a la biblioteca, a veces leídos y a veces no, con culpa por su regreso virgen al estante. Nunca salgo de mi casa sin un libro en la mochila para los viajes en colectivo o subte, para las colas en bancos y médicos, para los cafés entre obligaciones. Es una de las cualidades positivas de vivir lejos del centro y de no manejar autos salvo en la ficción. Esos tiempos muertos entre sucesos y espacios agendados, habitados por la literatura. Los libros para el outdoor, los de la mochila, intento que sean pequeños y livianos y durante el año, cuando trabajo mucho, en la mesa de luz se acumulan en general un libro de poesía, algo relacionado con lo que estoy trabajando y cuentos o novelas cortas.

Un recorrido disciplinado y autentico de LAURA NEVOLE para conectar con el ocio, donde asoma una especie de motor que la impulsa a no deterse jamas.

A veces el trabajo artístico funciona como un cuenco donde una vuelca los resultados del ocio. El ocio es una experiencia que implica una elección y una acción. En mi tiempo libre salgo a correr. Lo hago  desde que tengo trece años, todos los días, de una a dos horas por día. El correr siempre fue un aliado. Antes, un aliado secreto y hasta vergonzante, no estaba bien visto salir a correr, era algo raro.

UN BRICOLAGE ANSIOLÍTICO

Es inexorable. Frente al compromiso de tener que escribir una pieza nueva, o que empezar un proceso de ensayos, el fantasma vidrioso del vacío me empieza a desvelar. El atávico impulso inútil de “tener ideas”, de intentar “idear” la obra fuera de sí misma, como si tal boludez fuera posible. De atrapar a esa anguila escurridiza de la cosa artística pensando en ella antes, en cambio de imaginarla durante; que es lo único que el bicho bendito suele permitirte. Entonces, cada vez que enfrento ese vacío; que vuelvo a comprender que no hay manera de inventar la cosa fuera de la cosa misma, -su escritura o sus ensayos- me pongo hacendosamente a hacer otra cosa para llegar hasta ella. Lo descubrí hace muchos años. Como un tilo metafísico esa otra cosa me calma, me ordena y me permite amasar una estética con la máquina ancestral y sublime de la parábola. Tablitas viejas, escofina, cola, sierra, berbiquí; y marcha camión.

Espadas y catanas

El ocio no es algo que abunde entre las personas que trabajamos supuestamente para el ocio ajeno. Nuestros horarios van a contrapelo del mundo normal y conozco pocas personas en el medio teatral o cinematográfico que realmente llamen ocio a ver películas u obras de teatro. Tal vez sea por ello que la búsqueda más o menos desesperada de hobby, una práctica más o menos adolescente que uno replica con más intensidad con los años, tal vez para seguir sintiéndose joven, suele venir acompañada de mutaciones y cambios bruscos de sentido. Ni siquiera me hubiera atrevido a considerar hobbies al tango, la natación o el fútbol, tres actividades que me tienen a veces de visita, porque los actores suponemos que todo trabajo que uno haga con el cuerpo es precisamente eso: trabajo.