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Recuerdos del futuro

El teatro Payró es un emblema de creación y resistencia. Diego Kogan recuerda sus orígenes y anticipa cómo serán los festejos por los 70 años de su creación.

Soy Diego Kogan. Mi apellido está inevitablemente ligado al Teatro Payró y a su historia. Pero para hablar de historia, vamos a empezar por donde corresponde: por el futuro. Es que, además de una suerte de declaración de principios, viene como anillo al dedo ya que el Payró se acerca a sus setenta años. Y como el Teatro fue forjado por soñadores desde su creación, ya estamos soñando en cómo festejar en ese no tan lejano 2022.

Los muertos que entierran a los muertos.

La alienación es un extrañamiento de sí mismo. El trabajador pierde distancia entre él, sus deseos, sus afectos, su potencia y lo que produce para el mercado. Hay un efecto de inversión teológica: el hombre crea a Dios, se aliena con él y sostiene luego que es creado por esa entidad suprasensible. Lo venera; pone lo más propio de su subjetividad en manos de algo difuso, lejano y perfecto en contradicción con su auto-percepción humana y fallida. En los últimos 30 años el capitalismo en su forma “neoliberal” igualando todo a la doctrina del valor no solo borra sus capacidades de captura infame si no que propone desear estar dentro de ella. Estar por fuera es no estar, es no ser: sin trabajo no hay dinero, sin dinero no hay consumo, sin consumo no hay ser. Los empleados de esta funeraria están capturados en su forma de vida que gira en torno a su trabajo y sus pequeños gestos. La propuesta de Christian García gira en torno al tiempo viscoso de trabajadores zombies que están en contacto permanente con la muerte. No hay nada vital. Planillas inútiles, entre-dichos, protocolos neuróticos. Casa Linguee es una crítica (o sea una forma de aproximación) a la devastación que produce en nuestros cuerpos el dispositivo del mundo laboral. Son cuerpos impropios, encorsetados por pantalones de vestir, rudimentarios como piezas de una maquina sedentaria. Son cuerpos orgánicos sin su contraparte de intensidad ya que esta fue sustraída por la rutina de este ritual de la nada. Corderos de sacrificio al Dios del Salario. Hay un caminar debilitado: cada desplazamiento es un vía crucis individual. La obra acierta en correr el foco de una dramaturgia contenidista que se relamería en denunciar estos atropellos de la victoria del Capital sobre la vida. Es un naufragio de textos flotantes que se hunden en el intercambio. La obra impone dos Tiempos: el tiempo del personaje de García que viene recomendado y quiere trabajar allí, y el de los empleados abúlicos que lo ignoran sin culpa. No lo ven como un par, como alguien de su misma clase, como un “compañero” para futuras reivindicaciones si no como un cuerpo extraño que es portador de una peste incurable. Casa Linguee es el prólogo del velorio de alguien donde se cumple una máxima del cristianismo: “Sígueme, deja que los muertos entierren a sus muertos”, salvo que en esa casa sepelios, nadie podría seguir al profeta porque todos están muertos enterrados en sí mismos.

Juan Ignacio Crespo.

Casa Linguee

Dramaturgia y dirección: Christian Garcia

Actúan: Paula Aguirre, Ignacio Arroyo, Gustavo Barbeito, Natalio Bellíssima, Yamil Chadad, Darío Coronda Kartu, Lucas Crespi, Estefania D’Anna, Micaela Escandarani, Christian Garcia, Marigela Ginard, Pablo Lopez Barrios, Natalia Pardo, Germán Parmetler, Alejandro Pérez, Daniela Piemonte, Andrés Raiano, Julián Sortino, Ricardo Tamburrano, Martín Urruty

TEATRO HASTA TRILCE

Maza 177

Capital Federal – Buenos Aires – Argentina

Reservas: 4862-0655

Entrada: $ 300,00 / $ 200,00 – Miércoles – 21:30 hs – Hasta el 13/11/2019

Elsa, una mujer de sesenta y tantos, está hecha de la memoria que flota en nuestro tiempo y viene a nosotros para dejarnos clarito lo viva que está. Elsa revisa su pasado rodeada de plantas, conversando en línea directa con su imaginación, con la que establece un diálogo tan fantástico como palpable. Está habitada por personajes propios, y en vez de negarlos tiene la virtud de darles lugar para que se expresen y expresarse a través de ellos. Como si fueran, tal vez, los personajes del libro que nunca se animó a escribir. 

La savia tiene la preciosa singularidad de visitar a un personaje de una generación que hoy ya no es protagonista, le “saca la foto“ a un arquetipo claramente reconocible. La obra es una excusa para dar forma a un poético jardín interior en el que se reproduce lo que pasa por la mente de alguien que vivió su vida, y que ahora tiene todo el tiempo para sí. 

Elsa late en el cuerpo de Busnelli encendida como una refulgente lamparita, más brillante aún que su pelo colorado. Liviana y a la vez profunda, la actriz va trazando el recorrido con el timing perfecto: el de “las señoras“ dueñas de una cierta irreverencia y de una asociación caprichosa con la que enlazan temas, con los límites algo borroneados entre lo que es correcto o no decir, y que dicen lisa y llanamente aquello que les pasa por la cabeza. Hay en su trabajo una familiaridad inevitable, su simpatía produce una empatía con sabor a déjà vu; en La savia pasamos de visita y la vemos, pero ese personaje existe, todos conocemos a alguna Elsa por ahí. 

Si lo que dice la protagonista puede sonar caprichoso, la obra y la puesta no lo son. Sanchez Mestre entiende que más que una construcción de relato lineal, el trabajo consiste en generar una temperatura escénica que permita espiar a Elsa por dentro. Le ofrece entonces un interlocutor fresco y espontáneo, El Chino, y a Mariel, la chica que limpia su casa, quizás un nexo entre su mundo interior y la vida real. Y enmarca este pequeño universo con una escenografía inusual hecha de tantas plantas como quepan en el ambiente. La naturaleza se convierte en metáfora: son plantas en macetas en las que late una vida potencialmente más salvaje, pero que, con todas sus limitaciones, hoy brillan luminosas por la savia que las recorre. Como la protagonista, alguien que es, con sus alegrías y tristezas a cuestas, la escritora en potencia que no fue, y a la vez una persona, qué duda cabe, con mucho para contarnos y por decir.  

por Vera Czemerinski 

 Autor y director: Ignacio Sánchez Mestre  / Actúan: Mirta Busnelli, Agustin García Moreno y Constanza Herrera. / Viernes 20:30 hs.  / Santos 4040 (Santos Dumont 4040). 

Cumplimos 15 años y siempre es tediosa la instancia de poner en palabras lo que hacemos, sí es emoción y amor por hacer Llegás.

Hacer Llegás es estar en movimiento.

Hacer Llegás es poner la lupa en lo que sucede con la cultura de la Ciudad.

Hacer Llegás es hacer e ir más allá.

Hacer Llegás es generar ganas de hacer en libertad, de imaginar, de comunicar y poner en el centro lo alternativo.

Hacer Llegás es romper con la masa, con la obviedad, con lo repetido que nos ofrecen cotidianamente los medios de comunicación.

Hacer Llegás es salir de lo fatal que nos reduce al costumbrismo y sorprenderse con creación geniuna: ver una obra en un sótano, en un club de barrio o en un galpón abandonado, en sitios que siendo intervenidos por la cultura proponen otro sentido.

Hacer Llegas es estar en la calle. Llegás está en la calle e intenta mezclarse y generar un cambio en la subjetividad, tanto en sus lectores, como en l@s que hacemos Llegas y en l@s artistas.

Hacer Llegás es generar lazos y compartir los beneficios y las dificultades del sector, por eso queremos agradecer a todas las revistas y personas que componen ARECIA (Asociación de Revistas Culturales Independientes de la Argentina) que es fundamental para que Llegás como otros tantos medios independientes sigan saliendo.

Hacer Llegás es una forma de buscar y encontrar “valor agregado” por fuera de los beneficios que impone el mercado a las expresiones artísticas. Hacemos Llegas porque creemos que es un valor simbólico y real para la sociedad. En eso estamos, difundiendo cultura independiente hace 15 años.

Sigue firme nuestro espíritu de comunicación, nuestra política de sostener un medio que llega a la gente de forma gratuita a través de una revista estéticamente cuidada e impresa en papel.

Somos un medio independiente, esa es nuestra resistencia. Con la crisis sacamos fuerza y más fuerza, nos agrupamos y renacimos para llegar a más lector@s con más presencia en los teatros: más ejemplares y más puntos de distribución.

Estamos contentos con nuestra tarea de difundir, sin embargo, nos ampliamos y festejamos estos 15 años con un festival de teatro gratuito en el emblemático Centro Cultural 25 de Mayo, agradecemos infinitamente a todas las obras y artistas que participan del festival con el mismo espíritu nuestro:  ser un puente entre la cultura y la gente.

El agradecimiento sincero a los que hoy estamos haciendo Llegás: Daniela Sawicki en  diseño, Juan Crespo, Julieta Bilik, Paula Boente, Vera Czemerinski, Carlos Diviesti, Martin Caamaño en redacción de notas, Sabrina Lara (en diseño y comercial) y Nahuel Saa (comercial, redes y producción de contenidos), a sus fundadores Mariano Hamilton, Alejandro Caravario, Pablo de Biase, Horacio Barisani, Antolin Magallanes, especial mención a Gustavo Gaona y a tod@s l@s que han participado en hacer los 239 números, ya que, son parte fundamental de esta gesta heroica que es hacer una revista gratuita en papel.

Creemos en la grupalidad y en las formas de construcción colectiva. Somos un virus positivo, un contra poder que genera alegría y resistencia al intento de vaciarlo todo, hacer Llegás es una acción política.

Ricardo Tamburrano

¿A la felicidad se la encuentra o se la alcanza? ¿Qué es lo que usted hace mejor? ¿Entregaría su mascota a cambio de tener éxito? Como en un test de revista desquiciado o un interrogatorio policial, las preguntas se suceden acorralando a los protagonistas a la autodefinición. Hiperventilados por el mandato del hacer constante, se entregan al juego, al ruido, al movimiento.  

La directora del suceso IMPRENTEROS, afirma que el tiempo libre después de un hijo, es tiempo completo y lo completa entre afectos, creatividad y risas por reír.

Tuve que preguntar en mi casa ¿Qué hago yo en mi tiempo libre? Gonza me contestò “no tenés mucho tiempo libre” y Dante, nuestro hijo, dijo “a veces sì tenés y si tenés invitás a un amigo y yo también”.

¿Es posible representar la captura, la pérdida de la identidad, el sometimiento sexual o la tortura? Y si fuera posible, ¿tendría sentido? A partir de la conciencia de esa condición infigurable, Gabriela Cabezón Cámara logra un relato crudo y poético sobre la trata de mujeres, que escribe en segunda persona. Así como ella se hace cargo de lo inefable del tema al evitar la posición yoica, la osada puesta en escena de Victoria Roland redobla la jugada.  

Al ingresar por el pasillo, el teatro español con nombre de mujer no solo tiene invertido su escenario sino que más que sala teatral parece una rave. Sí, esas fiestas de música electrónica al palo y luces intermitentes en las que se baila rítmica y alocadamente. En lo alto, una dj embelesada por lo que suena. Parece inerte, desconectada del resto: una chirolita de la música. Pero entonces se presenta la palabra y el personaje de Beya, interpretado por una energética y poderosa Carla Crespo, introduce el texto de Cabezón Cámara con una contundencia irrefutable.  

De a poco, la historia se va volviendo carne. A fuerza de repeticiones y mantras, y aunque la puesta en escena esté lo más alejado posible del intento de naturalismo (porque, como se ha dicho, es imposible de representar) y las palabras describen algo que se ve y pasa -pero no vemos ni nos pasa-, las tortuosas peripecias de Beya se convierten en acto verosímil y emotivo. Incluso a pesar de estar en un teatro que se confunde con una rave 

Por Julieta Bilik 

 

BEYA DURMIENTE (Dj Beya) 

Basado en la nouvelle Le viste la cara a dios de Gabriela Cabezón Cámara. Dirección: Victoria Roland. Interpretación: Carla Crespo. Xirgu UNTREF, Chacabuco 875; domingos, a las 18; $300. 

 

La partida se revive en sueños: hombres que se despiden de sus hijos y prometen que van a volver. El padre de ella se fue y juró regresar algún día. Desde entonces, ella imagina ese momento. La espera es una habitación amueblada con bloques de recuerdos y fantasías que fluyen, que se derraman como el agua. 

Paula Fernandez Mbarak protagoniza este unipersonal repleto de poesía y sensibilidad actoral. Trabaja desde lo mínimo, el gesto pequeño y significativo. Construye una intimidad susurrada para este relato desarmado, sinuoso, tironeado entre la expectativa y el recuerdo.   

Se siente como hachazos en la cabeza. Algo amenaza con alterar lo establecido, por quebrar lo permanente. Una madre desvelada busca a su hijo. Desparrama su angustia por la mansión familiar mientras toca el piano. Todos gritan. Un desliz del pasado ensombrece el presente. Hay un baúl a mano para guardar lo que se prefiere ocultar. 

Con esta versión libre de El Pasado, de Florencio Sánchez, Pompeyo Audivert completa un tríptico de trabajos sobre piezas de autores rioplatenses, buscando retomar el rastro de nuestro valioso pasado teatral.  Las anteriores fueron “La farza de kis ausentes” (a partir de “El desierto entra en la ciudad” de Roberto Arlt) y “Después de muñeca” (original de Discépolo). Las tres tienen en común temáticas vinculadas a la identidad y la pertenencia. 

Audivert protagoniza la obra -imperdible en el rol de esa madre de la alta burguesía atormentada y manipuladora- y está además a cargo de la dirección junto a Andrés Mangone. Acompaña al actor un elenco brillante.  

Con un texto encarrilado en el grotesco, en esta puesta el melodrama gana terreno: fue bautizada culebrón metafísico. El relato se construye con elementos disonantes, hay un corrimiento. Las reacciones son exageradas o a veces llegan tarde, como si los sentimientos se separaran de los personajes o los desbordaranSe pone en evidencia la máscara y el artificio 

 En ese universo de oligarquía y escándalo social, de mentiras y rechazo, algunos buscan amoldar la realidad a sus deseos. Pero, como dice Pompeyo, a veces el destino empecinado teje redes confusas, de pasado, de presente y de futuro. Entonces la tragedia se avecina. 

Paula Boente 

Trastorno 

Dramaturgia: Pompeyo Audivert sobre textos de Florencio Sánchez Dirección: Pompeyo Audivert y Andrés Mangone Interpretación: Pompeyo Audivert, Julieta Carrera, Juan Manuel Correa, Pablo Díaz, Fernando Claudio Khabie, Fernando Naval e Ivana Zacharski Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543; viernes y sábados a las 20; desde $400 

Teatro El Popular

El 7 de Mayo de 2012, en coincidencia con el aniversario número noventa y tres del nacimiento de Eva Perón, y luego de tres años de construcción, un garaje se transformaba en teatro, a contramano de los vientos noventistas donde los teatros se convertían en garaje. Con el coraje, la valentía y el ímpetu  de Jorge Valencia, asesorado por Héctor Calmet y el arquitecto Marcelo López, con la convicción y el deseo de difundir promover, promocionar, producir y enseñar teatro argentino surgió “Teatro El Popular”.