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Grupo CABEZA es una colectiva de escribas y también, un agente político. Formada por Mariana De La Mata, Consuelo Iturraspe y Laura Sbdar, se autoproclama como feminista y lo demuestra, por ejemplo, en este proyecto escénico que se llama Un tiro cada uno y surge a partir de la investigación de casos de femicidio. A través de un proceso de hibridación entre lo real y los mecanismos de la ficción, la pieza -y la puesta- buscan operar sobre lo que nos rodea para, al calor de los movimientos de mujeres y disidencias locales, regionales e internacionales, visibilizar la violencia machista, derribar al patriarcado y convertir al feminismo en cosmovisión hegemónica.

Traslado y teatro pueden parecer dos entidades con nada en común. Pero si trasladarse hasta el teatro pudiera servir para destruir prejuicios, nada mejor que ir cualquier tarde de sábado a ver Carne y hueso para experimentar la caída del que inicia esta reseña.

Natalia Casielles nos cuenta su plan que la lleva a rendirle culto a la libertad en el tiempo en que habita, dispuesta a hacer algo de sí siempre.

De nena estaba obsesionada por no dejar de jugar, en mi tiempo libre jugaba, jugar me hacía sentir que hacia lo que quería con mi tiempo. Mi tiempo libre era cuando no estaba en la escuela o cuando no estaba haciendo la tarea de la escuela. No me gustaba la escuela. De las demás obligaciones se encargaban los adultos, pude ser una nena ocupándome de ser nena, salvo por las reiteradas visitas a hospitales, pero ese es otro tema. Jugaba mucho sola, con mis hermanes o con alguna amiga del barrio. No hablaba demasiado con otra gente, personalidad paralela, en casa extrovertida, en escuela retraída. En los recreos, junto al mástil de la bandera que me hacía sentir una especie de prócer, tuve mucho tiempo para idear un plan: de adulta mi tiempo libre sería todo el tiempo.

En el invierno implacable de Miramar, el mudo poeta de la hinchada del Club Atlético Once Unidos tiene un romance con la goleadora del equipo. Cargando  el sufrimiento de no poder gritar los goles de su enamorada y con la admiración que se le escapa por los ojos, el fan sin voz se dispone a ganar su mejor partido.

Andrés gallina (quien ya se había destacado con “La bestia rubia”) escribió una fábula bellísima de fútbol costero, trazada con capas de imágenes repletas de poesía y de ingenio popular, con la ocurrencia y la gracia del piropo. Una sucesión dehaikus criollosque estallan de sensaciones.

UN VIAJE PERSONAL

En 2019 Llegás sigue entrevistando a mujeres que inspiran. Llegada a estas pampas hace doce años de la mano de un amor argentino, esta italiana de Milán es hoy la directora del Teatro Coliseo. Su camino hasta aquí esconde una historia rica no sólo en acontecimientos, sino que sus palabras adquieren una profundidad ligada a reflexiones sobre la extranjería, la territorialidad y la transformación personal. Vale la pena conocer el viaje.

Empecemos por el principio, ¿cómo eran tus circunstancias allá?

– Me crié en un contexto económicamente seguro, la Italia del norte de los años ‘70, ‘80, y las situaciones en las cuales se encontraban mis padres en ese momento, ellos no son de extracción alta, para nada, pero cuando yo llegué a la familia ya estaban con una casa grande, un jardín, mi papá con una buena posición de trabajo. Fue una oportunidad de acceder a muy buena educación, viajes, cuestiones que me enriquecieron, pero junto a eso mis padres me trasmitieron valores vinculados al esfuerzo, todo me lo tenía que ganar, lo tenía que conquistar aunque lo tuviera a mi alcance. También es parte de la cultura del lugar de donde soy, que tiene el valor del trabajo como un absoluto.

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS

Una espléndida versión de Hamlet que prefiere la síntesis a lo espectacular, y la (falsa) levedad a la tentación de lo solemne.

Algo huele a podrido en Dinamarca. Quizás sea el fantasma que sobrevuela la torre del castillo, con la esencia relumbrante sobre una piedra torcida. Pero no. Los fantasmas no huelen. Y los padres no se pudren. Podrán pudrirse los reyes y los estadistas, pero los padres no. Nunca. Se pudren los cuerpos que cometieron crímenes. Hamlet se pudrirá también, y deberá reconocer que su padre también está podrido cuando clama venganza por su asesinato y no por los asesinatos que cometió durante su reinado. Graciosamente absurdo entonces. Los muertos no hablan ni piden venganza, aunque sus cadáveres griten y exijan justicia. ¿Justicia por qué? ¿Para qué la justicia? ¿Por sí mismos, para limpiar su honra? Pues nada más podrido que el ser individual, que es el que efectivamente se pudre cuando está muerto y enterrado, cuando los gusanos se hacen un festín con su carne inerme. Sin embargo el desvarío de lo justo pierde sentido cuando el suelo se riega con los restos de los hombres muertos de forma insensata, arropados por el inmediato sosiego que reemplaza al ruido y la furia.

Pegadito al abasto aparece reciclado “el nuevo” Teatro Monteviejo que invita a escuchar grandes artistas del rock nacional y saborear ricos vinos de su propia bodega.

Entre la sombra de los viejos mercados y los nuevos mercados del Abasto, entre crisoles de inmigrantes de todos los tiempos y cada vez más lugares se respira el arte y la cultura. Se escuchan todavía acompañamientos de viejos tangos pero ahora tienen un sabor a rock, vino y teatro. Se escuchan los nuevos actores que invocan sin saberlo a sus ancestros juglares de acento español e italiano. Hoy entre esa lengua variada que cambia día a día, aparece el lenguaje de los nuevos artistas sobre nuestro escenario.

La desarticulación del tiempo

Anabella Bacigalupo explica como es y que hace de su libertad en su otro tiempo mientras ensaya para estrenar este mes “Un domingo en familia” en el Teatro Cervantes

                La gente lo llama “tiempo libre”, yo lo llamo “mi otro tiempo”. Cuando tengo mi otro tiempo, cuando me salgo de mis obligaciones, de la agenda de ensayos, de los textos a memorizar y de los horarios pre establecidos, me pongo en estado-aguaviva: ahí mi tiempo se desarticula, se suspende, se desarma y en esos momentos algo en mí se relaja, se estira, se contrae, se confunde, algo se contacta con mi Anabella más primitiva, más rústica. Es un estado que tiene que ver con una búsqueda de libertad, con salirme de mí misma.

MARIA ABADI se abre a la posibilidad de jugar con el tiempo libre… donde pinta su universo de color con los mitos griegos.

Todo un desafío escribir sobre mi “tiempo libre”. ¿Qué hago cuando no hago lo que hago? Porque a veces tengo la sensación de que  siempre estoy haciendo algo de lo que hago, en tanto que me cuesta separar mi actriz de mi ser humana, con todo lo que eso trae (Sí, claro que pierdo el tiempo con el celular y todas esas cosas, mucho más del que me gustaría.) Cuando era chica lo que más me gustaba hacer en mi tiempo libre ( ese en el que no iba al colegio ni a todas las actividades extra en las que me metía/n ) era leer mitología griega.

El salto del viejo

Hablamos con Fernando Ferrer autor y director de la obra La fiesta del viejo del fenómeno de llevar el espectáculo al teatro comercial

Un Rey Lear desprejuiciado barrial y amplio, que traslada la Galia al Barrio, a un club de un barrio de Almagro y a su Rey (el presi del club) en un polaco sobreviviente del exterminio de la segunda guerra, que se hizo desde muy abajo, a un timorato y traidor en un rati, a las legiones reales en barras bravas y a un concepto del teatro independiente a la calle Corrientes al Metropolitan Sura, un lugar que cuenta con su propio público. Logra jugar incluso con la propia escena que representa (las simpatías o rivalidades humanas), se inquiere e ironiza sobre la actitud y complicidad social francesa aquélla de la segunda guerra y la actual que contempla el espectáculo y que quizá se ría nerviosamente.