ELLA:   Nos encontramos en la esquina de siempre, el café de siempre. Nos sonreímos. Nos regalamos una de esas sonrisas formales, como para empezar.

EL:       ¿Adentro o afuera?

ELLA:   Él prefiere adentro, yo afuera. Vamos adentro.

EL:       ¿La mesa del fondo o por el centro?

ELLA:   Él prefiere la mesa que está en el centro, yo prefiero la mesa retirada al fondo. Al fondo es más fácil hablar. Nos terminamos sentando adentro en la mesa del centro. No estoy cómoda, pasa la moza todo el tiempo. Me da fobia que me pasen por al lado todo el tiempo, no me puedo concentrar…Ya estamos en la mesa del centro. Se raja el aire cada vez que dejamos un mínimo silencio. Hay que hablar. Decimos algo del clima, algo así como que el clima está muy loco últimamente. Estamos de acuerdo en eso. La moza avisa que no quedaron las tostadas que pedí. Cambio de planes: medialunas. Café con leche con medialunas. Se va la moza. La criticamos. Corrijo, criticamos la falta de mercadería. Él me dice que es domingo, seguro por eso no tienen ni lo básico. Digo que sí, seguro es por eso. Nos esforzamos para que el silencio no se instale. Palabras de un lado a otro. Me cuenta que empezó un trabajo nuevo. Me pongo contenta, le pregunto algunos detalles. Me cuenta detalles y llega el café. Escupimos palabras, mientras ponemos azúcar al café. Me cuenta de un lugar hermoso en Córdoba. Le digo que parece realmente hermoso, que me encantaría ir. Me dice que vaya, que me va a gustar. La mínima posibilidad de que el silencio se sumerja en el café, hace que se llene todo con el cuento de una amiga. Decimos cosas de nuestra amiga y cuanto más opinamos de su vida, menos hablamos. Comemos media lunas. A mí se me hace una bola de harina en la boca. Se vuelve difícil de tragar. Con las tostadas, no tendría ésta bola atorada en mi boca, eso pienso. La culpa es de la media luna. La bola me traba la lengua, obstruye las palabras y me hace pensar que qué hago en ese lugar. Está enfrente mío, la mesa separa nuestros cuerpos y sus pupilas pasan rápido por las mías. O mis pupilas pasan rápido por las suyas. No lo sé. Qué difícil volver a mirar eso que fue tan mirado, casi auscultado. Hay que hablar.

EL:       ¿Qué?

ELLA:   Nada…Llegamos justo…ya se ocuparon todas las mesas.

EL:       No sé cómo van a hacer….

ELLA:   No sé…si están escasos de todo…

EL:       Excepto de café.

ELLA:   Menos mal…

EL:       Todavía estás enojada porque querías tostadas.

ELLA:   Si.

EL:       El café esta bueno.

ELLA:   La moza pasa de un lado a otro y nos mira en cada trayectoria. A mi derecha hay una mesa con una pareja feliz, que también nos mira. Y del otro lado, un grupo de amigas felices que cada tanto miran.  Quiero que nuestra mesa, esa mesa en el medio del café, se caiga en un agujero sin fin. Hay que hablar.

-¿Dónde me dijiste que quedaba esa posada?

EL:       En Córdoba

ELLA:   ¿En qué parte?

EL:       Cerca de San Marcos. Después te paso la data, por si querés ir.

ELLA:   Me encantaría, pero no creo que pueda.

EL:       No es cara.

ELLA:   Estoy con mucho trabajo.

EL:       Más adelante, quizás.

ELLA:   No creo. Pero dale, pasame la data.

EL:       Te pintaste los labios

ELLA:   Si…Para que el domingo no sea tan domingo.

Se ríe. Disimula, pero yo me doy cuenta que se ríe. Se le aflojan los músculos de la cara por primera vez y deja sus pupilas sobre las mías por primera vez. Tengo ganas de salir corriendo.

-Y vos…esa remera es nueva.

EL:       No tan nueva.

ELLA:   Ah…para mi es nueva.

EL:       Si…para vos, sí.

ELLA:   Esta buena, te queda bien. ¿Vamos?

EL:       ¿A dónde?

ELLA:   No sé…no me gusta este café.

EL:       Siempre venimos a éste café.

ELLA:   Quería tostadas…hay mucha gente.

EL:       ¿Querés ir a una mesa afuera?

ELLA:   Puede ser.

EL:       Pasa que está nublado, hace frío…parece que va a llover.

ELLA:   Es un día tan domingo.

EL:       ¿Querés ir a otro café?

ELLA:   Puede ser.

EL:       Vamos a tener que tomar otro café. No sé si puedo tomar dos cafés seguidos.

ELLA:   Me río, ésta vez yo me río. ¿Cuánta cafeína puede soportar un cuerpo un domingo?, pienso eso y lo digo.

-¿Cuánta cafeína puede soportar un cuerpo un domingo?

ELLA:   Me río y él también se ríe. Parece que ahora reímos juntos, ¿se puede soportar una risa compartida un domingo nublado de invierno? Me quedo pensando eso y él debe haber pensado lo mismo, porque sin darnos cuenta se esfuma la risa y finalmente se nos instala ese silencio que todo lo agrieta.

-¿Qué te iba a decir?

EL:       ¿Qué te iba a decir?

ELLA:   No sé… Pido la cuenta.

EL:       ¿Nos vamos a otro café?

ELLA:   No sé…yo me voy.

EL:       Bueno, vamos.

ELLA:   Yo me voy.

ELLA:   Abro la cartera, saco la billetera y dejo dinero sobre la mesa.

– No me gusta más éste café.

ELLA:   Me levanto de la silla casi involuntariamente. Algo me hace llevara el dorso de la mano a mis labios y borrar el lápiz labial.

-Seguro que en un rato llueve. Va a ser un perfecto domingo de invierno.

ELLA:   Me dirijo hacia la puerta. Escucho que él algo me dice, pero me deja ir.
Salgo del café, camino dos cuadras y se larga a llover.

 

Pilar Ruiz es Profesora egresada de la UNA. Actriz,directora y dramaturga. Entre sus trabajos se destacan: En el fondo, Creerás en este poema y Descansa.

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