Una experiencia de la nostalgia.

Partiendo de la versión de Alberto Ure, Cristina Banegas propone una versión canónica de Edipo Rey. Incesto, parricidio y un documental vivo de las Formas.

Edipo: convención de las paradojas en la trama/mythos perfecta. Corrosión en la cadena Significante (psicosis): hijos que son hermanos del propio padre siendo este quien mató a su Padre primordial heredando un trono por su inteligencia y habilidades retóricas que lo convertiría en Rey y Tirano y en Hijo y Esposo al mismo tiempo de una Madre temerosa, gedienta  y abandónica. Deconstrucción de la familia sanguínea y burguesa.  Hybris. Ceguera. Incesto. Fantasía inconsciente kitsch del occidente freudiano.

Flujo de designios hostiles de los oráculos ortivas cayendo sobre los mortales como capitales que circulan a cuenta  de deuda por sobre las economías precarias alentando las pestes. Linajes malditos: hijas que heredan errores antiguos o 4 millones de dólares. Lo mismo da. Folletín sangriento prestigioso, Edipo Rey de Sófocles es una fantasía de totalización de lo Humano. Como cualquier clásico circula entre los actantes y los concurrentes como propiedad fálico-semántica de todos. Crisis de la figura autoral. Innovador Sófocles quien incluyera un tercer personaje a la tragedia y la escenografía, queda él mismo convertido en mito.  Y es suplantado por el “Mito Ure” que retoma la directora Cristina Banegas  (quien ya repusiera  La familia Argentina de este creador) para motorizar esta nueva estadía en los problemas divino-sanitarios de la Tebas convulsionada. Actriz heredera de sus sentencias y prácticas trabaja con la traducción y versión que aquél hiciera junto a Elisa Carnelli.  Alberto Ure sale de sus ya textos canónicos: Sacate la careta y  Ponete el antifaz y como un espectro que recorre Europa se actualiza invisible en la sala María Guerrero del Cervantes.  Esta versión de Edipo es un alegato a la grandeza. A la grandeza que la arquitectura de la sala y el espacio escénico obligan. Y los espacios son dispositivos que modelan la subjetividad y los procesos de creación/producción. Carmen Baliero con intervenciones musicales contemporáneas gira golpeando al piano de cola, la resonancia del coreuta Hernán Franco son los truenos de los crímenes cometidos, Carlos Defeo con su entonación rítmica habitual es un Creonte racional y mesurado: la letra del Estado reluciente y calva. Y por supuesto Guillermo Angelelli. Trágico y macizo erguido siempre en el centro del espacio mesurado antecediendo su desmesura. Declamación de la propia declamación: como si recordara todo el tiempo “Así se declama. No lo olviden”. Proyección de la voz hasta la última fila donde el viejo maestro de actuación asiente con gesto adusto. Palpita la palma de la mano derecha de Angelelli como un goce de repetición soportando el peso en caída libre de cada parlamento que hunde a Edipo ante las revelaciones de los pastores o los sirvientes.  Su postura trabada sostiene la trama y su propio cuerpo. Los distintos elementos  son justificados en su objetivo: el factor nostalgia. Edipo Rey de Cristina Banegas es una experiencia nostálgica de la representación. De la representación de cierto tipo de teatro. La tensión trágica como coordenadas atmosféricas insistentes. Sufrientes  y afectados todos los personajes sin altibajos. De principio a fin. Acorralado el espectador  se verá obligado a la ecuación hermenéutica de no suspender su incredulidad y distanciarse del objeto escénico actual y disfrutarlo como vintage. Como un documental de  las Formas resistidas que deben ser recuperadas como ejercicio de la memoria del propio teatro y los cánones que con esfuerzo supo construir. No hay lugar para calificaciones como mala, buena, aburrida, lenta, impactante o lo que sea.  Hablemos de otra cosa  por favor! Las nociones de gusto aplicadas a un clásico son de mal gusto. Cristina Banegas solo trabaja signos de alta cultura sin rapeos ni free style ni clowns ni Godzillas (elementos que inocula  Emilio García Wehbi en otra tragedia: Tiestes y Atreo).  Se evita la sustancia narcótica del posmodernismo muy adictiva en este tipo de espectáculos. Hay un intento por delinear lo Sublime o al menos de  lo que se entiende por este concepto: superar las categorías de lo Bello en sí. Lo clásico como lo que da clase. Y es así abriendo el término: una “clase” de historia antigua no solo de las maldiciones que soportan los grandes mandatarios si no de la historia de la dirección teatral, de cómo debe ser el procedimiento para la correcta confección y puesta que estos textos y estos espacios proponen. Esperemos esto sirva para luego ser depuesto por contra-formas alternativas o en última instancia, si todo sale mal, como museo vivo de lo que alguna vez fue una forma de representación.

Por Juan Ignacio Crespo.

Edipo Rey

Versión Original: Elisa Carnelli, Alberto Ure

Dramaturgia: Cristina Banegas, Esteban Bieda

Actúan: Raquel Ameri, Guillermo Angelelli, Liza Casullo, Carlos Defeo, Lourdes Solé Dolphyn, Alberto Fernández de Rosa, Hernán Franco, Elvira Onetto, david palo, Horacio Roca, Pablo Seijo, Daniel Spinelli, Sol Titiunik

Música original: Carmen Baliero

Dirección: Cristina Banegas

TEATRO NACIONAL ARGENTINO – TEATRO CERVANTES

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