La persistencia de lo simple

Hace ocho años circula por Buenos Aires una pequeña joya basada en cuentos de Carver, que en septiembre festeja en Timbre 4 sus primeras 400 funciones.

Parte de este mundo tiene la particularidad de transcurrir durante una comida compartida entre actores y público. Con una bellísima sensibilidad -en sintonía con los cuentos del autor,y a través del lenguaje más sencillo-, la experiencia visita aquellas pequeñas cosas, desde las alegres hasta las más dolorosas, y llega al hueso del registro cotidiano dejando servido el terreno para reconocerse en sus situaciones y palabras. De la pieza, de su permanencia y del universo teatral en el que se inscribe, Llegás conversó con su director Adrián Canale.

Cuando empezaron otro era el contexto teatral. Hoy hay 400 obras por semana en Buenos Aires.¿Cómo hacen para sostenerla a través del tiempo?

– Se sostiene porque adoramos el espectáculo. Somos un grupo muy fuerte, muy amigos, algunos han sido alumnos… es un grupo que se sostiene mucho desde lo amoroso y que ama el espectáculo. Lo hemos hecho en muchísimos lugares distintos, tiene posibilidades escénicas muy grandes: galpones, el fondo de una panadería, clubes, teatros convencionales, lugares muy distintos. El formato se sostiene. Yo con el tiempo le he ido viendo cosas también, una reflexión sobre la actuación…

¿Qué reflexión?

– La obra se actúa desde un lugar muy calmo e interno, y a la vez requiere de un estar ahí muy vivo. Entonces tiene una mezcla de realismo, es muy real, y a la vez están actuando. Es pensar que es posible actuar no menos elaborado, sino sin ponerle trucos. Hay una frase que Carver saca de otro escritor, “escribir sin trucos baratos”, y él dice “escribir sin trucos”. Me encanta porque la resumió, esa cosa de Carver de resumir,decía “nada de trucos”. Algo de eso para la sencillez de cómo se actúa, la menor forma posible, mirándose con el otro y a la vez cuidando este tema con la gente, porque la gente a veces se muere de ganas de opinar, de meterse.

¿Cómo fue el proceso?

– Los ensayos se organizaron con el formato; lo mismo que hacemos cuando actuamos hacíamos cuando nos juntábamos. Mesas, quién trae un salamín, vos trae un queso, yo llevo cerveza. Vamos a juntarnos a charlar. ¿De qué? De cosas nuestras. Bueno, dale, contábamos cosas nuestras cercanas al mundo carveriano…

Improvisaciones.

– Eran charlas, ni siquiera tenían la pretensión de improvisar algo teatral. En algún momento los actores empezaron a elegir cuentos junto conmigo. Y no nos sentábamos a estructurarlo, lo estructurábamos ahí. ¿A ver?, dale, empezaba a contarse ese cuento, y yo empezaba a mirar como organizar. Apareció la idea de que estaba todo mezclado, no es que ahora actuás, ahora relatás… es todo lo mismo. Siempre con el presente del día de la función, estamos acá, es sábado, 10 de la noche, haciendo función, te cuento algo que pasó, y te lo actúo también, pero con la idea de que lo estoy contando. Para mí es un ejercicio como director: tenés que ser muy preciso, no puedo decir “tratá en ese cuento de hacer esto” porque la misma idea del espectáculo se desarma. Puedo referirme a algo del ritmo,o a la unión de los cuentos, o al tono de la actuación; pero del cuento en sí, de cómo está armado, no, porque no lo podés cristalizar. Es un espectáculo que todo el tiempo está rompiéndose y armándose.

Hay una actriz o actor invitado encada función.

– Fue una idea del primer año, de atorrantes,¿invitamos gente? Los actores se entusiasmaban, a la gente le gustaba, venían y decían qué ganas, cómo me gustaría estar…

Trabajan con una actriz o actor diferente por semana desde el comienzo. ¿Con qué se encuentran?

– Lenguajes muy diferentes. Una cosa que tratamos es que el que viene lo haya visto. Nos ha pasado, “che, me encantaría ir de invitado”, “¿Lo viste?”,“No, pero me dijeron…”. No, no, no: andá a verlo, que te guste, que tengas una empatía amorosa con lo que estas viendo. Ver el espectáculo es una experiencia de por sí. Después es explicar estas cosas: no mucha gestualidad, bajar la ansiedad con actuar en exceso, pensar que tenés gente al lado todo el tiempo, hacer foco en el compañero. Está bueno cuando no se nota que es el actor invitado, eso es un logro. Ya no podemos imaginarlo sin invitados, medio que nos agarra la desesperación, che, no tenemos a nadie para dentro de dos semanas, ¿a quién le decimos? Pero te encontrás con mundos muy diversos, de escuelas muy diversas…

Bartís, Serrano, Pompeyo, Fernández…

– Y se nota. Cuando viene el monstruo hay que bajarlo.

Hace más de 35 años que hacés teatro. ¿Qué te interesa como espectador?

– Veo muchísimo teatro. Disfruto mucho cuando veo lenguaje, tanto actoral como una búsqueda de lenguaje enriquecido por la poética, por la belleza. Me gusta un determinado tipo de material…

¿Qué determinado tipo?

– Que atraviese cosas humanas, siempre. Me gustan los materiales donde ves que se metieron a investigar un lenguaje, y lo pudieron llevar con la mayor profundidad posible. Por ahí después del mismo director hay algo que no funciona; pero también me gusta ver eso, hasta dónde pudo un director y hasta donde no, hasta donde pudieron los actores y hasta dónde no. Después cosas chiquitas… está cambiando todo, la manera de mirar, los formatos, el tiempo que se toma la gente para mirar. Creo que algo sucede con la exigencia en la mirada, se exige cada vez menos. Por eso cuando ves grandes espectáculos,muy potentes, resaltan mucho.

No es fácil encontrar algo profundo y que conmueva. Parte de este mundo toca esa cuerda, una ecuación que no se encuentra tan fácilmente.

– Creo que hay un prejuicio… hay un prejuicio con la emoción, con la profundidad de lo que se cuenta. PDEM se sostiene porque esta atravesado por un dolor indefinible. Nos metemos ahí, en el dolor de perder una pareja, perder la relación con una madre. Está atravesado y nosotros no tenemos prejuicio con lo quebrado. A mí es lo que más me interesa hacer. Y me parece que se sostiene en el tiempo porque no dejamos de lado eso. Hace poco incluimos Parece una tontería, un cuento terrible donde muere un nene de 8 años. Si vos pensás dos segundos decís, che, la gente acá en la mesa está comiendo, ¿le vamos a contar esto?, ¿lo incorporamos? ¡Sí!, porque también hay algo muy hermoso que pasa en el final. Y con el pudor ese, ¿hasta donde vamos? Y… vamos.

Una de las claves de PDEM es que no le tiran el problema al espectador, no se lo sacan de encima, sino que se hacen cargo, lo procesan en vivo. El espectáculo carece de pretensiones intelectuales, está exento de todo lo que vaya más allá del propio texto, asumiendo la profundad que –a la manera Carver- tiene y no muestra. A diferencia de espectáculos que buscan trascender la temática que plantean, PDEM no tiene intenciones ocultas, es inmanente a su puesta.

– Eso es una búsqueda. Es casi una provocación que nos damos: bajemos, bajemos, bajemos. No queremos decir particularmente nada, ni conmover a propósito a nadie.Sabemos que tenemos que estar atravesados por lo que nos pasa. No vengamos a actuar, vengamos atravesados por los quilombos personales, de vida, lo que vemos afuera en la calle, actuemos con eso. Es como casi, sin decirlo, no hace falta que nos digamos esto. Y esto le da potencia al material.

Ganan altura volando al ras…

– PDEM tiene un mecanismo de puesta en escena que yo lo oculté todo el tiempo, y a la vez esta a la vista, eso es lo interesante. ¿Cuál es? Las mesas con manteles. ¿Qué más? Nada, que comés y están los actores al lado. Esa es la puesta en escena. Ahora, no quiero que vos la veas. Con los cuentos de Carver pasa eso, hay algo ahí queme identifica mucho, es sencillo, es valiente porque te dice una cosa conmovedora.

Hay una disociación entre la fuerza de la obra y el lugar de visibilidad que ocupa. Como una joya perfil bajo, el propio espectáculo no se dedica a hacer alarde de sí mismo. Esto, que podría verse como un gesto de humildad, también se esconde un potencial mayor.

– No es causal. Yo le escapé siempre mucho, casi enfermamente, “no me lo elogies en exceso porque no te creo”. Ahora estoy en un momento en que me gustaría dirigir… sin sufrir demasiado, pero de otra manera,sería un desafío para mí también.

Como si en tu universo independiente te hubieras expresado desde un lugar de seguridad, sabés cuáles son las reglas.

– Exacto, las conozco, sé manejarlas, a veces me sale mejor, otras peor, pero es bastante controlado. ¿Podría dirigir en el Regio, en el San Martín, con todos esos condicionamientos?  Habría que ver si humanamente me bancaría, pero son cosas que estoy pensando mucho en mi profesión.

También hay mecanismos de legitimación que moldean los gustos, eso es otro problema…

– Eso lo veo con mucha claridad, me corrí todo el tiempo de eso, de una manera casi enfermiza. No quiero contribuir a la confusión general.

Si hay algo que queda claro, es que Parte de este mundo no contribuye a ninguna confusión general. Más bien contribuye a la sensibilización de este mundo. Lo bien que hace.

Vera Czemerinski

 Dramaturgia y dirección: Adrián Canale. Con: TianBrass, Sergio Di Florio, Mariela Finkelstein, Silvio Palmucci, Ximena Viscarret, MariaZambelli. Producción: Mariela Finkelstein.

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