Breve: la cuarentena ya no es una instancia pasajera, es un horizonte que se corre cada vez más. No hay soluciones a corto plazo. Y eso angustia y desespera. Ricardo Bartís vuelca en los párrafos subsiguientes algunas meditaciones desencantadas  sobre el presente nebuloso de la actividad teatral, la relación asimétrica entre El Poder, sus representantes y el Teatro, y se prepara para lo que vendrá: “Si el Estado no produce una efectiva ayuda, un porcentaje mayoritario de los Espacios Alternativos y Teatros Independientes cerrarán sus puertas antes de fin de año y eso no tendrá nada de virtual”.

Creo que sos bastante pesimista con respecto a la vuelta de la actividad teatral pasado este período de confinamiento.

-Soy pesimista porque en particular el Teatro sufrirá un golpe demoledor, su sostén histórico es la presencia, el contacto, el intercambio con el espectador. Habrá intentos desde lo tecnológico de avanzar con la virtualidad, nuevos paradigmas, nuevas convenciones. Las distintas respuestas no hacen otra cosa que acentuar la “ausencia “, nuevas convenciones, videos, zoom, intercambios virtuales, todos intentos válidos para sobrevivir. Pero el Teatro,  el Acontecimiento de la presencia, quedará severamente dañado. Nada será aquello que conocimos, por lo menos hasta la vacuna

En esta situación histórica particular Teatro y política parecen no entenderse, tienen tiempos distintos.

– Los cruces entre Teatro y Política, son innegables y múltiples. La Política se presenta en el Estado Moderno como la herramienta para dirimir los conflictos, el conflicto es lo que obliga a que exista la política, evitando la “guerra de todos contra todos”.  En esa dirección el Príncipe Fontimbras, en final de Hamlet, parece decirnos que debemos ocultar los cadáveres y poner el mantel de la Política para ordenar el Reino.

Desde siempre el Teatro, por su materialidad, ha revelado el  carácter  ficcional del Poder, la injusticia original de la Ley, el ocultamiento y naturalización del andamiaje Jurídico-Cultural que responde a los intereses de los poderosos.

Para el Poder la ficción poética es subversiva, herética. Debe vaciarla, domesticarla para convertirla en mercancía. Entretenimiento sin peligro, sin vida. El concepto habitual de la Política y sus funcionarios sobre la creación artística es el de mercancía, (pienso en Lopérfido, Avelluto, Lombardi) otorgándole valor por moda, por como circule en su sistema de Producción.

Ejemplo típico: se llenan la boca con el Teatro Alternativo, el prestigio creador del teatro Argentino, etc, y nos pijotéan la ayuda para afrontar los gastos desmedidos de servicios, alquileres, sostenimiento,  arreglos, y algo para comer. Toda acción de protección de la actividad Teatral, es bienvenida. No creo que nadie sea ingenuo, habrá un cambio radical a la espera de que mejore la cosa. Mientras tanto lecturas, agrupamientos virtuales, juegos, disfraces, intercambios frágiles, protocolos para reanudar la actividad de los Espacios, demanda de los subsidios para evitar el cierre definitivo. Contra todo dolor, contra toda tristeza: Teatro.

 

 

 

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2 Comentarios

  1. El teatro sin la presencia de la gente termina modificando su esencia para mal..
    Ojalá podamos volver a sanar sentados en una platea y no frente a una pantalla.

  2. catalina servin Responder

    Estupendo análisis.
    El teatro en una herramienta de cambio.
    Y no se concibe restringir la riqueza de la interacción.

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