“Me pregunto cómo nosotros defendemos encontrarnos, juntarnos, respetando las reglas de seguridad, pero hacerlo, y si no hacerlo clandestinamente. No estoy haciendo un llamado a la clandestinidad, estoy pensando en voz alta una idea de cómo volvernos esenciales para nosotros mismos”. Con una mirada hiper-crítica como acostumbra tener, Lisandro Rodríguez ( Dios, La Mujer Puerca, Duros) reflexiona sobre los posibles nuevos espacios de teatralidad, lo virtual como una instancia que debe ser superada e  insiste con una idea que parece obsesionarlo a partir de la Pandemia y el Confinamiento: ¿Cómo convertir a la práctica teatral una práctica esencial?

Al principio de la cuarentena ponías en relieve cierto fácil acatamiento a las normas ¿Cómo lo pensas ahora después de casi 70 días?

-Siempre trato de tener una mirada crítica. El comienzo de esta cuarentena uno se podía posicionar en una zona más crítica desde un lugar, pero hoy ponerte en un lugar crítico te ubica en otro lado. Podrías ser uno de las fila de autos que se manifestaba en Tigre. Es muy dinámico todo. Soy crítico de no poder pensar más allá de una cosa binaria de si es bueno/malo, si es por la economía o la salud. A mí me surgen un montón de preguntas que tienen que ver con lo sesgado de la información. Lo primero que hice cuando volví de Brasil que me tocó cuarentenear 14 días, fue averiguar cuánta gente moría de cáncer en el mundo…que no tiene nada que ver. Pero son datos que uno no sabe.  Y te encontras con unas cifras que son estremecedoras: mueren 10 millones de personas por año en el mundo. Y 3 millones de personas mueren de diarrea por no tener agua potable. Entonces la pregunta que yo me hago es ¿Cómo es que no paramos antes por otras cosas? En el primer mes apareció el slogan  #QuedateEnCasa y eso quedó obsoleto ya que no se puede sostener solo para algunos. Pero me parece que hay algo de una hipocresía muy grande: el virus lo traían gente que podía viajar, que tenía cierto acceso y al principio eran súper obedientes, casi oficialistas, y ahora ya están hinchados las pelotas, les quedó a las villas o a barrios alejados, entonces ahora quieren salir. El análisis que uno puede hacer en términos políticos que yo no puedo desligar de lo teatral, o sea, si no lo pienso como un juego de fuerzas escénicas. La pregunta que me aparecía estos días pensando en nuestro trabajo es ¿Quién determina qué es lo esencial? ¿Es esencial un auto? No es esencial el teatro. ¿Quién lo determina? Y ahí hay una discusión que no se da. El confinamiento por ejemplo para los medios de comunicación no existe ¿Cómo puede ser que Mirtha Legrand o la nieta, o Majul y toda esa gente que está quemándonos la cabeza se siguen juntando en un estudio? ¿Cuánta gente se junta en nuestras salas? ¿Cuál es el protocolo de esos estudios? Nunca los presentaron. ¿Quién determina lo esencial? Y entonces toda esa reglamentación se torna muy católica. Y yo soy muy crítico de esa obediencia católica que no significa que subestime al virus y sus consecuencias, pero como poder hacer que haya una comunicación responsable, clara, y que no se plantee una dicotomía entre bueno, malo, vida, muerte, angustia, no angustia. Y si! produce angustia la cuarentena tanto a un tipo que vive en el Tigre como otro que vive en una casilla.  Pero claro, son angustias diferentes.Y a nuestra actividad la arrincona. Pero me parece que estamos siempre arrinconados, más allá de las particularidades de cada uno, en cada grupo, etc. y la miseria en la que viven los artistas y cómo son tratados no es de ahora, es de antes, ahora simplemente se evidencia la indignidad con la que viven mucha gente en las villas o en los barrios populares. Me parece que nuestro trabajo está siempre dialogando con ese contexto que se vuelve un poco doloroso. Genera muchas preguntas, muchas dudas, cada uno con sus circunstancias. Uno trata de ubicarse en algún lugar, es interesante pensar como enseguida aparece un número para denunciarnos y nunca hay un número para denunciar a Macri. Lo digo como una idea un poco ridícula donde uno siempre queda empantanado en una situación que no sabes que hacer. Yo leo algo de eso, soy crítico un poco en las redes porque ahora es lo único que quedó, pero es un posible intercambio que se puede dar. Y me interesa poner un lugar de tensión, de pensar cómo nos ubicamos nosotros. A través de generar una autocrítica desde el colectivo que representamos con la diferencia de variables que pueda haber. Es un momento delicado para decir cómo son las cosas. Cada uno encuentra las grietas para seguir laburando por las redes, o dar clases, tratando de entender esas nuevas convenciones que aparecen. Entiendo que dar clases por internet es válido, pero es otro trabajo,  hablamos de otras convenciones, otras reglas. Se habla mucho de la particularidad del encuentro; ya el encuentro es un hecho político muy valioso, que esta coyuntura lo tiene vedado. Y empezamos a pensar cómo dialogar con estas convenciones. Yo por ejemplo me hice Rappi, porque sos delivery poder salir a la calle, pero si sos teatrero no. Voy a hacer un “Rappi teatro” te hago una función en la puerta de tu casa o en la cola del supermercado. Ahí volvemos a la idea de lo esencial ¿dónde termina lo esencial? Para mí ahí hay un montón de teatralidad porque con otras convenciones siguen apareciendo los mismos problemas con los que nos enfrentamos después con nuestras creaciones teatrales de “aquella época” en la que podía hacer teatro.

Da la sensación que antes uno no se preguntaba tantas cosas como ahora por esta coyuntura.

-Si bueno, eso va apareciendo y todo el tiempo uno piensa que esta cuarentena podría ser un espacio para reflexionar y darse ese lujo. Pero hay un impulso y una diferencia entre poder elegirlo y otra cosa es que se imponga por este “enemigo invisible”. Es muy complejo, no se sabe cuándo va a terminar ¿Qué habría que hacer después?. Yo soy bastante pesimista, yo pienso en una cosa más clandestina: quizás puede ser algo más nutritivo para el teatro, me parece que el teatro que yo hago entró en una lógica muy cómoda para decirlo de alguna manera, donde ir a ver una obra tenga un valor poético, vincular y un valor político. Decir: Bueno, voy acá, no sé con lo que me voy a encontrar! Me parece que los últimos años caímos en una lógica bastante normalizada del trabajo, lo digo por algo que se armó en el teatro por las redes, el instagram, con la difusión. No lo estoy criticando, me siento parte de eso. Quizás este parate nos permita pensar en esas cosas y ver qué valor le damos a nuestras prácticas, y también con el espectador con quien compartimos pueda también ver otra cosa, tener otro riesgo, y creo que lo clandestino en este momento podría tener algo de eso. Se podría rescatar algo de ese espíritu de esconderse. Aparte no estamos haciendo nada malo!!! Pero por ejemplo me acordaba, cuando abrimos la sala que estuvimos 10 años sin habilitación porque había sido Cromañón. Y había sido un acontecimiento tan pregnante, tan paradigmático, había un antes y un después que todos teníamos incorporado de cuidar ciertas lógicas para abrir y recibir gente. Y no significaba que íbamos a replicar la lógica de ese Cromañón pasado de gente y locura, y ahora también lo clandestino podría ser que nosotros tuviéramos cierta autonomía de cuidado.  Como si te dijera: al estado no le da la cabeza para darnos un protocolo a nosotros. Tiene que ocuparse de otras cosas. Nosotros vamos a seguir clandestinos, armando nuestros protocolos que ya existen: de cuidado, de respeto. Y ahí también podíamos generar autonomía como creadores, como hacedores.

Hay que entrar en la discusión de qué o no es lo esencial.

-¿Quién determina eso? Y pensaba que la punta de lanza del teatro en términos más formales es la iglesia, cuando la iglesia pueda dar sus ceremonias y ahí nosotros vamos detrás de ellos: nos sirven como punta de lanza. No creo que mucho más tiempo pueda estar la iglesia sin funcionar. Ni siquiera la católica, la evangelista que tiene mucho más poder ahora. ¿Cómo paras a todos los evangelistas? Vamos a ir ahí atrás para meter la nariz a ver qué pasa. Yo tengo la suerte de vivir en el estudio y la angustia de encontrarme todo el tiempo con un espacio que está vacío hace que todo pierda sentido. Uno deja muchas cosas para poder tener una sala, poder producir y demás. No soy un héroe, pero hay algo que uno apuesta a esto y de repente darte cuenta que no somos esenciales para nadie, aunque ya lo sabíamos, pero también pienso ¿nuestra actividad es esencial para nosotros? ¿Qué valor le damos? Y si nosotros podemos discutir otros modos de encontrarnos también. Y ahí creo que lo virtual en un punto acomoda la cosa para que se siga por la virtualidad. Si mañana el INT dice que las salas o grupos que recibieron subsidio tienen que estrenarlas virtualmente, porque ya es una convención…nosotros tenemos que oponernos. Me parece que lo virtual son formas periféricas para poder seguir encontrándonos de otras maneras y subsistir y armar redes. Pero insisto, el trabajo nos obliga a nosotros como creadores a poder pensar dónde está la grieta del sistema, como te decía antes si Rappi es esencial, volvámonos Rappi y tengamos el permiso para circular. Nos juntamos en la puerta del Día y ensayamos ahí. Hay algo de esta cuarentena (que es responsable, y que hay casos en otros países que son desastrosos) pero también tenemos que ser más combativos desde un lugar separándonos de los que se manifiestan en Tigre con esos carteles. ¿Qué valor le damos a lo esencial nosotros? No esperar que venga de afuera. Desde ahí podemos pensar un montón de otras alternativas para sumar. ¿Cómo nos podemos pensar nosotros políticamente esenciales? Si no podemos nosotros, menos nos va a pensar el Estado que tiene muchas cosas antes que atender. Hay que ver la forma de encontrarse físicamente, a 10 metros, a 20 metros, y si las concesionarias de autos siguen funcionando y los medios siguen funcionando, poniendo en peligro el presente y el futuro, creo que si esa gente puede juntarse nosotros podemos juntarnos también y ser más responsables. Tenemos un momento para poder ser críticos y constructivos y poder entrar en un lugar y que  no se nos ponga en cualquier lugar.

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