“No future” decretaba el movimiento Punk. Parece ser que la actividad teatral también adhiere a ese slogan en clave de derrota y desasosiego: en este contexto no hay ni topos, ni utopía, ni nada.  El “teatro on-line” en isomorfismo con el virus colonizó las redes y se dividieron las aguas entre los apocalípticos (“eso no es teatro ni nunca lo va a hacer…”) y los integrados (“es un registro de la memoria que recuerda el encuentro…”). Representante del primer grupo, Matías Feldman (El hipervínculo, Pasolini) advierte que el colectivo teatral debe actuar con urgencia para que la esencia de la práctica escénica no caiga en el espejismo de lo virtual. Protocolo de seguridad y apología del peso del cuerpo.

(Extracto de la charla realizada por Ricardo Tamburrano a traves de instagram live el dia 14-04)

 

¿Cómo estás pasando este momento de encierro?

-Lo que me pasa es que estoy muy poco productivo, casi que no estoy determinado a hacer muy productivo en este momento. Me pasa algo que es como que no quiero, es decir, no me interesa que este momento que es excepcional… se normalice, que esta excepción se torne la regla. A mí me preocupa mucho eso. Me genera mucha preocupación que como sector podamos adaptarnos demasiado fácilmente a esta situación… parece contradictorio esto… porque en algún punto para sobrevivir uno siempre dice “hay que adaptarse”, pero creo que habría que tener mucho cuidado con esas adaptaciones como que estoy un poco agarrado en eso. Hay que elegir muy bien en relación a esto: en qué cosas nos adaptamos y qué cosas no son negociables. En esto que se viene hablando, por supuesto, que El teatro es en vivo, es con los cuerpos presentes, etc. Me parece que no hay que claudicar con esa característica nuestra, que es la característica esencial absoluta. No se negocia.

 

¿Qué es lo que no se negocia del teatro?

-Lo presencial, no se negocia. Que ahora estemos encerrados por la cuarentena es una obligación que hay que cumplirla, seguirla y respetarla estoy completamente de acuerdo…. Lo que para mí hay que poner mucha energía, no es tanto, en cómo se puede hacer un teatro virtual, cosa que creo que es un imposible…  el teatro su esencia es la presencia y no hay que claudicar ahí… y en vez de estar pensando cómo hacemos un teatro, digamos, con la nueva tecnología con esta nueva situación, es pensar cómo hacemos para generar protocolos de seguridad de salud, muy fuertes, muy firmes, muy responsables para poder plantear en el momento en que se empiecen a abrir un poco las cosas a decir: “miren nosotros como sector necesitamos estar presentes, no es una actividad que pueda ser virtual, entonces con este protocolo, muy serio, muy determinado, muy responsable pretendemos volver a trabajar de esta manera”. Tenemos que pensar cómo va a ser unas nuevas clases. Por ejemplo en este momento estoy pensando en relación al trabajo, pienso en las clases de teatro porque honestamente la urgencia no es hoy de las obras, porque ninguno del teatro independiente vive de las obras que hace por lo cual la urgencia hoy es más laboral con relación al sector. Yo estoy escribiendo un protocolo, quizás hay alguien que lo está haciendo y mejor, creo que hay que generar esta suerte de protocolo para estar listo para decir “miren lo vamos a hacer así, este es el nuevo teatro en pandemia, este es el nuevo tipo de dar clases presenciales en riesgo de pandemia”. Después obviamente si el Estado dice no, es no, y si nunca lo van a liberar, bueno, vendrá un teatro clandestino, no lo sé, pero creo que ahí no es negociable. Por supuesto, que el teatro no es una prioridad hoy en día, pero cuando empiece a aflojar esto tenemos que ir muy fuerte y muy unidos como sector a decir “este es nuestro nuevo teatro en situación pandemia presencial”. Yo creo que no es bueno adaptarnos fácilmente y demasiado rápidamente a las tecnologías. Si nosotros pensamos en la tecnología hoy en día, esto lo dice Alessandro Baricco su último libro The Game: “la tecnología tiende a eliminar intermediarios”, pensemos en Spotyfy: uno escucha la música directamente y ya no hay discográficas, es decir, mata intermediarios, lo cual uno dice “Che que bueno la tecnología en este caso” o el ejemplo de Uber mata intermediarios de la empresa de taxis, mata el sindicato de taxis. ‘¿Qué podría matar la tecnología en relación a las clases de teatro? Mata el cuerpo, el intermediario es el cuerpo, es decir, si alguien toma una clase de teatro por dos mangos, muy barata, la toma en su casa  y no tiene que ir en colectivo hasta el lugar, el peso, la lentitud del cuerpo llegando hasta el espacio. La nueva tecnología tiende a eliminar el cuerpo, a eliminar todo lo que sea pesado y tiende a ganar rapidez. Volviendo a la idea del teatro, el teatro es arcaico, lo que no es posible de desmaterializar es el cuerpo presente, es el encuentro, el encuentro es pesado, es lento y hoy más que nunca incómodo, por lo cual esas cosas para mí no son negociables. Lo que podemos hacer es adaptar algunas clases para zafar estos meses para poder vivir de esto, obviamente creo que hay que bajar las cuotas, de hecho plantear que la gente que no puede pagar no pague y generar clases paliativas para esta situación. Creo que no hay que meter toda la energía en encontrar un nuevo teatro virtual o unas nuevas clases de teatro virtual porque lo que va a pasar es que la gente va a encontrar mucha comodidad ahí pero no va a encontrar la clase de teatro real ahí, no va a encontrar la experiencia teatral ahí, sino otra experiencia.

 

¿Crees que en estos momentos es donde se ve la desvalorización del arte: uno de los últimos eslabones de la cadena?

-Claramente, lo que pasa es que en el mundo hoy la realidad es muy compleja y en ese sentido, nosotros dentro de esa enorme complejidad somos un espectro pequeño y muy particular dentro del arte. Porque por ejemplo, en otra discusión con respecto en liberar o no los contenidos en internet, a mí me asusta de verdad que el problema en un momento fue  si están pagando por las obras que se transmiten on-line o no. Creo que está bien esa discusión hay que darla, pero creo que la discusión que hay que dar es cómo pagan cuando hacemos teatro… cómo es la situación de teatro independiente… quejarse ahí, si es que hace falta quejarse y no sobre los derechos de transmisión, sino siento que hay una batalla perdida del cuerpo real del teatro. También estoy en desacuerdo con que se diga “teatro on-line” o ponerse mal porque se publica la obra: no se está publicando la obra. Porque ahí también es dar por perdida una batalla, el teatro no es virtual, el video no es la obra, es un registro en video de lo que fue la obra en un día en particular que cambia en los distintos días que se hace una función, esa es nuestra particularidad  y creo que no hay que negociar ahí. Y creo que no hay que negociar ahí es una discusión que está buena pero no es una discusión que hoy no me deje dormir. Hoy con la cuarentena liberar un registro de una obra no lo veo como un problema porque entonces estamos diciendo que el teatro es eso y el teatro no es eso; el problema es cuando lo hacemos en vivo. Ahí tenemos que discutir las condiciones entre como reactivas algo del deseo que es fundamental en la actividad teatral en las clases es muy complejo porque la clase la doy con mi socio Santiago Gobernori y lo que estamos tratando de hacer es un trabajo paliativo. Es algo que podemos seguir haciendo hasta encontrarnos hasta poder volver a lo presencial que es lo que queremos; no estamos dando una clase de teatro, esto no suple el encuentro y vemos qué pasa si esto se extiende demasiado iremos viendo lo que hacemos; son cosas intermedias: poder hacer un monólogo para ver, cómo podemos trabajar después todos deben estar haciendo lo mismo. Por supuesto cobramos mucho menos la cuota aquellos que no la pueden pagar no la pagan. Y hemos planteado que cuando volvamos al ruedo los primeros meses se siga manteniendo esta cuota más baja para poder ayudar el retorno de la actividad.

 

¿Qué medidas debería tomar el sector?

-Yo creo que el sector no está quieto, pero me preocupa que no sea temo fácilmente a una lógica que mata el teatro. Yo entiendo que esto se necesita ser paliativamente por un tiempo prudencial pero en un momento tenemos que generar otra cosa que es plantear claramente un teatro y unas clases de teatro en pandemia presenciales esto es lo que nosotros tenemos que luchar después el Estado dirá si,no o  lo que sea nosotros tenemos que presentarnos como un sector unido y plantear: este es el protocolo!!!. Yo tengo cosas escritas quizás es un poco aburrido pero por ejemplo en relación a los estudiantes: un espacio para cada estudiante. En realidad lo que estoy haciendo es recolectar información de cómo son los protocolos de salud de la OMS. Me puse investigar porque en los países donde ya están liberando algunas cosas quizás hay protocolos de cómo se sigue en una institución educativa. El punto es que nosotros podamos proponerle al Estado una manera de dar clases de forma segura presenciales y no estar encontrando un nuevo teatro virtual Y si no tendremos que ser clandestinos lo que no es negociable es un teatro que no sea presencial. El problema es que tenemos una gran capacidad de adaptación sobre todo en esta época que estamos tan acostumbrados a la tecnología, no sólo en teatro me parece riesgoso que hagamos de esta situación la normalidad. No hay que soltar, no hay que rendirse demasiado rápido. Me parece que somos un reducto por esencia, quizás ni siquiera tenemos un valor per se. Nosotros que decimos: que genios somos los guerrilleros del cuerpo nos tocó, nos gusta el teatro y el teatro sólo existe si está el cuerpo. No hay un valor que hemos ganado es así, somos ahí está la esencia del de este arte. Quizás podría decir que tenemos mala suerte. Por qué el teatro no se puede adaptar a una forma virtual, o desaparecemos o somos clandestinos, o le encontramos una manera de existir en pandemia. Che, somos responsables acéptenos! La cagada de nosotros es que no podemos existir sin la presencia. El teatro podría desaparecer, pero en ese caso lo haríamos clandestinamente pero presencial. No es la solución lo virtual. Golpea lo esencial.

 

¿Crees que va a servir de algo para el teatro independiente?

-Antes de esta pandemia el teatro independiente estaba terminal. Debería ser absolutamente sostenido por el Estado.  Yo tengo mi espacio con Santiago Gobernori  y lo podemos sostener porque nos ayudan, pero no hay manera de sostenerlo si el Estado no viene a sostenerlo. Esto nos liquida, no podemos pagar el alquiler. Esto hace profundizar nuestro núcleo indivisible que es lo presencial. Yo realmente extraño mucho encontrarme con la gente. Que una obra se suba a internet y de pronto tenga 8000 visitas en 3 días, puede confundir a los realizadores, ya que esto sería imposible si la obra tuviera una sala de 70 espectadores e hiciera función una vez por semana. Esto demuestra la lentitud del cuerpo, la lentitud del teatro, va lento para llegar a esa gente.  No hay forma estructural que el teatro independiente sea comercial, no puede serlo.

 

¿Crees que la gran cantidad de ciclos de teatro breve puede interferir con esto?

 

-Hay un montón de ciclos de obras breves, no solamente “Microteatro”, que es como un enemigo del sistema que es pequeño, pero que funciona económicamente y se torna ahí una lógica comercial, entonces empieza a llevarse un montón de gente que prefiere hacer ahí sus cosas porque le da de comer. No se puede competir contra eso. Ahí un tema complicado. Claramente el interés y la ganancia del teatro independiente es otra.

Nosotros queremos el peso y el riesgo del cuerpo. Es una manera de estar en el mundo. No creo que el teatro sea algo para la salud, esto te puede liquidar. Si yo no tuviera esa manera, sentiría algo muy terrorífico. Si hago un juego de fantasear y pienso que nunca se termina esto, y nunca se consigue una vacuna ni nada, y  si esto sigue por años, yo creo que vamos a tener que hacernos clandestinos, no hay otra manera.

Protocolo de seguridad para clases presenciales de teatro (Síntesis):

  • Espacio para cada estudiante: cada estudiante deberá tener un cuadrante sin contacto con otro estudiante de 2m cuadrados. Se dibujará ese cuadrante en el piso.
  • La cantidad de estudiantes trabajando al mismo tiempo quedará determinado por la cantidad de metros de la sala total. Teniendo en cuenta los metros necesarios para que los otros estudiantes observen y no participen.
  • Si la clase tiene más estudiantes que las medidas del lugar permiten, se deberá trabajar con grupos rotativos, de cada ejercicio.
  • Cada estudiante de cada grupo va a estar siempre del mismo cuadrante.
  • Cada ejercicio de dos o más se harán entre los estudiantes cuyos cuadrantes sean vecinos.
  • Si la clase tiene un número mayor a 20 personas, pero se recomienda hacer 2 clases más cortas.
  • Uso de las máscaras transparentes: para evitar el contacto de saliva se utilizaran protectores, será obligatorio que cada estudiante tenga uno. Hay además un anexo de como armar la “mascara en cuestión”.
  • Cada estudiante deberá concurrir con alcohol en gel para higienizarse cada 10 minutos, o cuando tocara alguna zona.
  • Los estudiantes con enfermedades preexistentes, o grupos de riesgo, no pueden ir a las clases.
  • La sala se compromete a mantener la higiene de todos sus compartimentos.
  • Se tiene que medir la temperatura de cada persona. Cada sala deberá tener un aparato que pueda realizar la medición.
  • Se pedirá la declaración jurada a cada estudiante que no tiene ningún síntoma, que no haya estado con alguien que tuviera síntomas.

Nosotros tenemos que ir a reclamar la clase presencial segura, después nos dirán que no. Hay gente que dice tranquila: “Esto para septiembre, octubre” No!, hay que pedir que nos dejen laburar antes. Imagínense un mundo donde sea muy difícil encontrarse, el teatro va a ser una joyita, se va a poder hacer poco. Va a ser una experiencia que solo ahí se vive.

Juan Ignacio Crespo – Ricardo Tamburrano

 

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