Este año comienza con una economía en jaque pero con esperanzas. La pandemia desatada a nivel mundial nos lleva, desde marzo, a cuidarnos en una cuarentena estricta que se fue alargando, endureciendo la situación. Hoy en día, las ayudas recibidas desde el Estado aún resultan insuficientes para que la cultura se sostenga, el contexto es realmente angustiante.

La danza, como otros sectores, sufre el cierre de teatros, la cancelación de festivales y la dificultad para dar clases presenciales, que lleva a que academias y espacios de formación, también deban cerrar. La danza está atravesando una crisis profunda que se ve agravada por la cuarentena pero que afecta al sector desde hace años, debido a que no cuenta con una Ley Nacional que regule la actividad, ni con un Instituto Nacional que la articule e impulse, tal como sí ocurre con el cine, la música y el teatro.

El estado de alerta impulsa la movilización: el Movimiento Federal de Danza (MFD), que nuclea a coreógrafxs, bailarinxs, directorxs, docentes, investigadorxs, productorxs y gestorxs de la danza de todo el país, está cada vez más organizado y trabaja de manera conjunta la situación de emergencia de la danza a nivel federal a través de reuniones con las autoridades culturales de Nación, Provincia de Buenos Aires y Ciudad, en las que se ha logrado la inclusión del sector danza dentro de las industrias culturales nacionales que permite recibir subsidios a estudios y academias, además de poder participar en el MICA (Mercado de Industrias Creativas Argentinas) del que estaba excluido.

En este momento se están planteando una serie de herramientas para que “no cierren los estudios y puedan abrir sus puertas cuando la situación lo permita”, como expresa David Señoran, comunicador de la región AMBA. Entre ellas: el otorgamiento de subsidios por seis meses para el pago de servicios básicos de agua, luz y gas de los centros de formación, préstamos a tasa cero destinados al sostenimiento de los espacios de trabajo y al pago de alquileres, salarios e inversión tecnológica, becas para estudiantes, y la creación de un monotributo cultural para todos los trabajadores de la cultura, que les permita facturar de manera puntual cada vez que trabajen, por ejemplo, en un festival o en una temporada de verano.
Otro punto que urge es la obtención de la personería jurídica para la Asociación Argentina de Trabajadorxs de la Danza (AATDa), la fuerza gremial que aboga por los derechos de lxs trabajadorxs de la danza y que se encuentra en trámite en el Ministerio de Trabajo de Nación, según explica Mariela Ruggeri, referente del MFD y secretaria general de AATDa. Como bien expresa Mariela, un gremio se activa por la fuerza de sus trabajadorxs, por eso, en lugares como Rosario, ya se están realizando asambleas a la espera de la inscripción de este gremio, imprescindible para defender las condiciones laborales de un sector cuya herramienta de trabajo es el cuerpo, por lo que requiere medidas específicas que lo contemple, además de un salario justo, condiciones laborales acordes a la función, estabilidad, registro de la relación de trabajo, etc.

Sumados a esta lucha, en la Ciudad de Buenos Ares se forma en abril de este año el Frente de Emergencia de Danza que entre otras reivindicaciones, reclama la modificación de la ley 340 del Instituto de fomento Prodanza, vigente pero con un presupuesto muy alejado de poder absorber las necesidades del sector. “La mayoría de los proyectos que realizan diversos grupos de danza no cuentan con asociaciones civiles y hoy en día las líneas del instituto de fomento no los contemplan salvo bajo esa figura”, expresa la creadora Catalina Lescano, y añade que “se solicitó a Prodanza la eximición de las rendiciones o una modalidad que esté en concordancia con la situación extraordinaria, porque la mayoría de los proyectos han debido modificarse para adaptarse a la vida en confinamiento y muchxs trabajadorxs de la danza han necesitado darse de baja del monotributo ya que no están percibiendo ingresos, por lo que no podrían facturar.”

Este Frente plantea, además, el congelamiento de alquileres, la suspensión de desalojos y apoyo financiero para solventar las deudas generadas hasta marzo 2021 para espacios de danza, la inclusión de los trabajadorxs de la danza en el sistema integral de prestaciones por desempleo y en el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción confeccionado para PyMEs, entre otros reclamos. “Nuestra actividad va a ser de las últimas en poder volver y en ese lapso van a caer un montón de espacios creados”, enfatiza la bailarina y docente Julieta Rodriguez Grumberg, también integrante del Frente.

No hay que olvidar que, al lado de cada trabajadorx de la danza, también hay familias, personas que viven y dependen de sus madres, padres, hijxs, nietxs, para subsistir y que en este momento están seriamente afectadxs por la situación del país. Todas estas medidas son urgentes y necesarias para que miles de personas vivan y se desarrollen de acuerdo a la dignidad que plantean los derechos humanos.
La danza es un arte, es un trabajo y es un derecho.

Por Dulcinea Segura

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