La pandemia y el aislamiento social afectan a todas las actividades que se desprenden del teatro independiente: realizadorxs, profesorxs, iluminadorxs, escenógrafxs, técnicxs de sala, empleadxs de sala. Naturalmente, no solo por la suspensión total de la actividad, sino porque al tratarse de una actividad en que en la mayoría de los casos es informal no tienen manera de seguir obteniendo ingresos.

La problemática del sector es anterior a la pandemia, espacios con alquileres demasiado altos, servicios que han aumentado a precios descomunales, son algunas de las dificultades que venían afrontando las salas de teatro que en muchos casos anualmente reciben un apoyo económico tanto de nación a través del Instituto Nacional del Teatro como del Gobierno de la Ciudad a través de Proteatro, aun así a la mayoría cada día se le pone más difícil seguir adelante con sus espacios.

Cada sala encontró entonces medios alternativos para resistir y continuar existiendo, en casi todos los espacios se dictan clases regulares que dan sus propios creadores o un plantel fijo de profesorxs que son autónomos ya que ningún espacio podría afrontar el pago de sueldos, aguinaldo y vacaciones. Si el trabajo cultural es y fue siempre trabajo precarizado ya que aún no se encontró una manera de que estos puedan subsistir de manera autónoma, a su vez quienes integran el sector piden que sea el estado quien colabore económicamente ya que son los teatros independientes el germen de todos los recursos que más tarde absorberá y de los que se alimentara tanto el teatro oficial (el mismo estado) y el teatro comercial, (en este último caso la pregunta que surge desde este medio es si no sería justo que las entradas de teatro comerciales tuvieran un impuesto con el que pueda financiarse un fondo administrado por un organismo autárquico que sirva para dar apoyo a las diferentes salas, de este modo seria el mismo publico quien contribuiría de alguna manera a mantener en funcionamiento un semillero de artistas)

Si bien hay un subsidio que otorgara el Ministerio de Cultura de la Nacion a las salas, y a las obras que previamente hayan contado con un subsidio del INT, este no llega a alcanzar a la totalidad de lxs afectadxs.

Lxs artistas independientes son en muchos casos trabajadorxs informales, algunos podrían acceder a la línea de subsidio que el gobierno nacional otorga a trabajadorxs no categorizados o monotributistas categoría A o B pero esto incluso sería una ayuda escaza para que el propio artista pueda subsistir, no alcanzaría de manera alguna a mantener la continuidad de un espacio que una vez finalizada la pandemia pueda seguir siendo la fuente laboral de estxs.

La mayoría opto por continuar sus clases de manera virtual aunque advierten que es un paliativo y de ninguna manera podría esta modalidad reemplazar la enseñanza presencial ya que la herramienta más utilizada en la profesión es el propio cuerpo y aquellas sensaciones que solo pueden vivenciarse en la comunión que se produce cuando un cuerpo es expectado por otrxs que están dispuestos a dejarse llevar por la fantasía.

Preocupa sobre todo que no se considere a la actividad artística como una actividad de urgencia a la hora de comenzar con la flexibilización de la cuarentena preventiva y obligatoria.

El teatro es presencial o no será; sus hacedores acuerdan en su mayoría que no es teatro lo que se está dictando de manera virtual y debería entonces encontrarse otras formas de llamarlo para no crear malos entendidos a la hora de que las autoridades evalúen que actividades comenzaran a desarrollarse una vez que comience a flexibilizarse la cuarentena.

Nahuel Saa – Ricardo Tamburrano

 

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