El pasado domingo se dieron a conocer lxs ganadorxs del concurso “Monólogos de la peste” que organiza la sala Caras y Caretas bajo la coordinación de Mauricio Kartún en colaboración con el departamento artístico de dicha sala.

Al confirmarse la lista de lxs 10 ganadorxs, el tráfico de felicitaciones en los muros no se hizo esperar porque se sabe que el reconocimiento (entre colegas) es uno de los capitales simbólicos más importantes para los artistas, a veces, quizás el único. Sin embargo en este caso muy en particular también se alzaron voces que discutían el concurso (el punto crítico es que los seudónimos eran optativos) y a lxs premiadxs con ciertos tópicos que podrían nuclearse: “¿por qué siempre se le da lugar a lxs mismxs?”, “Es gente que tiene un recorrido”, “De 2500 postulantes eligieron solo a 10 y son estos conocidxs/amigxs”, “Me entristece porque lxs que somos artistas emergentes siempre quedamos afuera” y también otros tantos sobre la disparidad entre hombres y mujeres en el podio. Todos estos predicados pueden leerse en el instagram del Caras y Caretas como pie de foto.

Leyendo todos los comentarios se repite insistentemente la no correspondencia entre una convocatoria abierta (se recibieron más de 2500 textos) y lxs ganadoxs que corren con cierta ventaja ya que cuentan con un CV de estrenos y premios de varias páginas. También pudimos observar que en la difusión de la convocatoria se prometía; “Hay premios y menciones especiales, y la posibilidad de que tu monólogo sea actuado por profesionales”, lo que podría haber dado la pauta a lxs concursantes que serían elegidxs dramaturgxs con menos reconocimiento. ¿Y entonces? ¿Debería haberse limitado la convocatoria? ¿Hubiera sido mejor llamar directamente a ciertos teatristas salteando la instancia del concurso? ¿Tiene sentido una competencia donde sus integrantes estarían (en principio) en condiciones desiguales? ¿Tiene que dar explicaciones un jurado por las decisiones que toma? Entrevistado por Revista Llegás, Mauricio Kartún hace su descargo: “La gran mayoría de los concursos en los que participé como jurado han sido así con convocatoria abierta. Salvo alguno que otro para dramaturgos jóvenes, como el Rozenmacher, que dividía por edad. Siempre es así, compiten juntos artistas de más experiencia y de menos. No conozco concursos que dividan en niveles de experiencia.

Esto fue una iniciativa de puros voluntarismos, con la gente de la sala CC2037. La idea fue seguir con actividades por eso armamos esta forma de selección de diez materiales muy buenos que pudiesen ser grabados en aquel escenario cuando la situación lo permita. Así lo explicamos en las bases. Laburando todos y cada uno de nosotros ad honorem. Y gestionando aquí y allá para conseguir la guita del premio. Los ganadores corresponden a los diez monólogos que encontramos como los mejores de los presentados, que es lo que buscábamos, claro. Si comparás por ejemplo con Idénticos, de TXI, que selecciona el mismo formato, verás que el nivel de los ganadores es muy similar. E incluso con algunos nombres que se repiten: son dramaturgos que manejan muy bien este género, que parece fácil pero es endemoniado: para que tenga buen peso teatral hay que manejar bien la situación, la interlocución y el personaje, si no se te pianta para el relato o el stand up. Nada en la convocatoria del concurso podía hacer pensar que se trataba de algo exclusivamente para aficionados. Más allá de que como en cada concurso de estos siempre aparecen materiales de autores espontáneos que te sorprenden”.

Salvo excepciones, los comentarios no iban dirigidos a personas concretas, no se ponía en duda ni el talento de lxs premidxs ni la honestidad de lxs juradxs, entonces cabría preguntarnos ¿Cuál o cuáles son los ejes del conflicto? Adriana Tursi (Dramaturga, docente, Miembrx Fundación Carlos Somiglia y del Consejo profesional de Teatro de Argentores) aporta su mirada que abre la discusión hacia otras perspectivas: “Yo celebro que haya existido este concurso y todos los concursos; en ese sentido ojalá hubiera más iniciativas de este tipo. Respecto al tema de si se presentan autorxs que ya tienen trayectoria es inevitable, me parece que habla bien del concurso. Uno no los puede condenar para que no se presenten. En lo que habría  que poner el acento es que en el jurado tiene que haber paridad. Para mí es importante que haya hombres y mujeres que ocupen lugar en el jurado.  Pienso que a igual calidad de escritura obviamente tal vez una se sienta más identificada con un universo  femenino, y viceversa. Respecto al tema de los seudónimos, yo me inclinaría a que se presenten de esa manera. Me ha tocado ser jurado y yo prefiero esa modalidad, porque hasta para una es una sorpresa”. Siguiendo la misma línea, y compañera de Tursi en La Colectiva de autoras, la dramaturga y directora Cecilia Propato Carriére (quien comentó sobre el asunto en Facebook) ofrece su opinión deslizándose hacia el terreno de las estéticas y los lenguajes: “No creo que no tengan que presentarse autorxs que ganaron premios previamente y cuentan con reconocimiento. No pondría ese condicionante. Sí debe  ser con un seudónimo respetando,  desde la organización del concurso, el anonimato autoral a la hora de seleccionar. El problema no son las autoras y autores seleccionados, que son todxs buenxs,  sino las reglas del concurso. Ocurre que se está atravesando una situación crítica por la pandemia y no hay tanto tiempo previo para analizar cada convocatoria” – y siendo muy clara y rigurosa nos ofrece seis ítems detallando las bases de sus Ideas:

1- Sería bueno que todos los concursos sean con seudónimo así no interviene el amiguismo.

2-Sería pertinente que lxs  juradxs vayan rotando así no se genera una mirada hegemónica que dé  por seleccionados siempre a los mismos (porque las autoras siempre salen perdiendo: ganaron 7 varones y 3 mujeres), y evitar así que se tenga un punto de vista estético unívoco casi siempre con una estructura más Aristotélica que la de Aristóteles. Vayamos por el pluralismo en diversidad y estéticas.

3-Es necesario un jurado paritario con perspectiva de género  (mujeres y hombres por igual) y un porcentaje para las diversidades.

4- Estaría bueno nunca poner la excusa de la meritocracia.

5-Si no se concursa con seudónimo se termina dándoles premios a las personas y no a las obras por su valor.

6- La monopolización de los espacios, puntos de vista y discursos degrada la cultura. “

El destino final de esta nota son las redes sociales. También fue su punto de partida. El objetivo es abrir un debate para pensar e intentar formalizar un asunto tan importante y tan olvidado para el teatro como son sus campos y estructuras de legitimización (ya que un concurso sin duda lo es), y cómo la comunidad teatral se vincula con ellos. A seguir participando.

 

Por Juan Ignacio Crespo – Nahuel Saa

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