En párrafos que suenan a manifiesto urgente, la autora, reclama un Teatro utópico, desmesurado e infinito que nos recuerde quiénes éramos para salir a la búsqueda de una nueva identidad como creadores de un futuro que desconocemos.

Por Macarena Trigo

En el otoño más hermoso que le haya conocido a Buenos Aires, me obligo a escribir estas líneas y a participar de la posibilidad de que el futuro no solo siga ahí, sino que dependa de nosotros, de nuestra escritura.

El mundo dejó de ser lo que conocíamos y el teatro es ahora una duda tras otra. No sabemos cuándo volveremos a él ni de qué modo. Nos anuncian penosas circunstancias, estados de excepción, limitaciones. No obstante, no temo por el futuro del teatro. Sabe apañárselas y nos necesita poco. Temo por nosotros, por quienes encontramos en lo escénico nuestro modo de ser posibles en este mundo roto.

Es tiempo de creer que no solo el pasado no está escrito, el futuro tampoco. Nuestra tarea como creadores es comenzar a escribirlo. Ya. Ahora. Es urgente. Es lo que nos ocupa, nos compete y, por supuesto, nos salva. La pregunta no es para qué, nunca es para qué, sino cómo. Cómo escribir. Ahora.

El teatro siempre fue un tiempo en el espacio donde todo funciona de otra forma: MEJOR. Nos ofrece la ocasión del encuentro poético, esa mínima e imprescindible trascendencia. No sé y no quiero saber cómo sería este mundo sin teatro. Nuestro oficio trabaja para el sinsentido. Sabemos todo sobre el contra. Hoy, como tantas otras veces, renovamos nuestro compromiso con una pasión que jamás fue cosa fácil o hecha. Hoy, como siempre, la escritura es nuestra acción.

Escribamos una obra que no olvide de dónde venimos. Una obra que sepa quiénes somos, que recuerde que nuestra originalidad está en esa raíz que nos empeñamos en arrancar.

Necesitamos una obra que no explique ni eduque, que se niegue a darnos la razón o a mantener el orden, ese que ahora anuncian como nuevo donde reconocemos la maldición eterna. Debe haber una obra capaz de iluminar lo imprescindible, una obra donde la palabra no tenga la inmensa responsabilidad de hacerlo todo.

Necesitamos escribir una obra que funcione como el mejor de los poemas: un poema en llamas que resista a la muerte. Una obra que celebre la vida y el teatro como una misma cosa.

Necesitamos escribir una obra que siembre esperanza aunque sepa que no tiene motivos para alimentarla. Una obra que no se preocupe por ser entendida, que no tenga un mensaje ni responda a una idea. Que crea en sí misma como nunca nadie creyó en nosotros. Una obra que no se avergüence del amor y acepte ese misterio en todas sus formas. Una obra donde los personajes no sean impunes ni entiendan las cosas tan salvajemente como para creer que tienen la razón o conocen la verdad.

Escribamos una obra que dude, que no sepa, que no nos entretenga. Una obra que pida, reclame, sueñe y logre.

Escribamos la obra a la que todos deseemos volver.

Escribamos la obra que funde nuestro nuevo hogar.

No sé de qué trata esa obra. Sé que la necesitamos.

La escritura necesaria siempre es la más urgente.

Por Macarena Trigo.

Macarena Trigo es poeta, actriz y directora de teatro. Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Historia del Arte y Comunicación Audiovisual. www.macarenatrigo.com

 

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