Traslado y teatro pueden parecer dos entidades con nada en común. Pero si trasladarse hasta el teatro pudiera servir para destruir prejuicios, nada mejor que ir cualquier tarde de sábado a ver Carne y hueso para experimentar la caída del que inicia esta reseña.

De ahí en adelante, esta obra de recorrido derrumba, como en un juego de dominó, otros tantos lugares comunes que se alegan la potestad de definir la actividad teatral. ¿Quién dijo que no puede haber experiencia escénica en un pasillo, una escalera, un baño o un cementerio? ¿Dónde está escrito que lo teatral es nocturno, claustrofóbico e indisociable de las butacas? ¿Por qué la dramaturgia debe desarrollar una historia según la lógica de inicio, desarrollo y fin?

En Carne y hueso hay personajes, acción, conflictos y catorce espacios mutantes que son escenario y platea según decida la puesta en escena. ¿El resultado? Pensamiento y emoción puestos en acto. Y de nuestro lado: conmoción, ternura, risa y tanto más. Historias de dolor y amor. Seres de ningún lugar, pero también bien anclados en Chacarita y en este 2019 que todo lo puede.

Abordando temas como el matriarcado, la institución policial, el abuso, el mercantilismo y la sexualidad, Carne y hueso se nutre de seres entrañables, tan sexys como heridos, tan casuales como exóticos, tan derruidos como inmensos… en una propuesta porteña como el Obelisco e irracional como la argentinidad.

La obra invita a volver al presente: a las articulaciones, al gusto, a las percepciones y a la imaginación. Por eso resulta clave cuando uno de los personajes sentencia “Lo estoy haciendo mejor que nunca”, mientras enumera recuerdos en medio de un escenario que espeja nuestra caducidad como espectadores y humanos. Sucede que en Carne y hueso es central la diferencia entre moverse y estar quieto.

Textos e interpretación: Rosario Andia, Leticia Coronel, José Fogwill, Yael Lazzari, Nadia Lozano, Guadalupe Moreno, Federico Pereyra, Juan Manuel Rodríguez, Luciana Schmit e Ignacio Solmonese. Dirección: Juan Coulasso. Roseti, Roseti 722; sábados, a las 15.

Por Julieta Bilik

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