Un triángulo amoroso-parental que forman un hijo adolescente, su madre soltera y su abuelo. Un gallo que desaparece del rancho rural en el que viven. Un hogar aislado, en el que se reproducen habladurías, prejuicios y leyendas, y en el que amor es “la peste”. Los vecinos de enfrente: con más dinero, mejores costumbres y, según parece, poca solidaridad. Pero los chicos (Julián y Marcos) se llevan bien. Tanto, que vuelven juntos de la escuela, aprenden a cazar en el monte, se confiesan sueños y hasta fantasean con irse a Mendoza cuando terminen la escuela.

Tras la ausencia del gallo, imprescindible para generar los huevos, el principal sustento familiar, se monta una guardia nocturna para recuperarlo y descubrir al ladrón. De a poco, la espesura de la noche va abriendo las compuertas de lo oculto. La trama se complejiza develando que las relaciones del triángulo familiar no estaban exentas de remordimientos, represiones y secretos.

Una dramaturgia que peca, por momentos, de brindar demasiada información y apelar a cierto didactismo dentro de una puesta naturalista teñida con algunos “polvitos mágicos”, cuyas actuaciones van logrando la frondosidad que el devenir de las acciones amerita. Hasta que el drama tiñe por completo la historia en un desenlace poético, que se convierte en la única forma posible -y a la altura- de curar “la peste”.

Por Julieta Bilik

Dramaturgia y dirección: Nacho De Santis. Interpretación: Adriana Ferrer, Luis Gutmann, Valentino Grizutti y Juan Cottet. Espacio Callejón, Humahuaca 3759.

 

 

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