El escenario de la tragedia

Dicen que todo teatro es político. Que la política es la esencia del teatro. Que no puede separarse el hecho político que contiene a todo el espacio escénico. Que la historia es política, y que el teatro es historia. Y así podemos estar hasta que se acaben las variantes, si es que se acaban. Pero ver piezas como HAPPYLAND, que subió a escena en la sala Casacuberta del Teatro San Martín, además, agrega que el teatro político jamás abandona al espectáculo. HAPPYLAND cuenta una historia posible de los días en los que Isabel Perón fue confinada a la residencia neuquina de El Messidor cuando su gobierno fuera depuesto por la Junta Militar de Gobierno, la misma que construyó el Proceso de Reorganización Nacional y que se transformó en la dictadura más sangrienta que recuerde la Argentina. Pero en HAPPYLAND ese telón de fondo es la bruma que rodea la residencia patagónica, como también forma parte de la bruma el pasado de Isabel en un cabaret panameño. Así de fantasmal es todo en HAPPYLAND, y así de brillante. Porque es un entretenimiento tan consciente del esperpento que la sátira propuesta distancia al espectador hasta hacerle ver una tragedia que todavía no tiene un desenlace definitivo, porque la muerte no es ninguna solución. El elenco y el texto de Gonzalo Demaría son brillantes, y la puesta en escena de Alfredo Arias punza tan profundo que casi, casi, se diría llega al fondo de la cuestión.

Por Carlos Diviesti

HAPPYLAND, de Gonzalo Demaría. Dirigida por Alfredo Arias. Con Carlos Casella, María Merlino, Marcos Montes, Adriana Pegueroles, Alejandra Radano, Josefina Scaglione. 90 minutos. Sala Casacuberta del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530. Miércoles a domingos a las 20.30. $ 280 (miércoles y jueves $ 140).

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