Un barrio en Buenos Aires que es sinónimo de la extranjeridad; un teatro precedido por un portón que parece una fortaleza en un domingo de verano agobiante. Más adentro, un jardín silencioso y una pileta casi diminuta que parece ser la guarida de los dragones que custodian la sala. En la cocinita que la antecede dos amigos beben té, charlan, comparten el rato. Al fin entramos. El aire acondicionado nos alivia y la ambientación nos reconforta. Nos sentamos alineados, elevados con respecto a lo que vemos: esa distancia justa que nos brinda templanza y seguridad.  

El relato se construye de a escenas. Sow y Fallou cuentan de dónde vienen, en qué creen, cuántas veces estuvieron cerca de la muerte y cómo es su vida en la Argentina. Recrean anécdotas con métodos de representación precarios, leen un poema, discuten, intentan ponerse de acuerdo y hasta rezan. Todo lo que pasa en el escenario está basado en sus memorias. La pieza es parte del Proyecto Biodrama, que combina biografía y teatralidad, y que Vivi Tellas ha desarrollado desde 2002 en casi veinte títulos que han recorrido la vida de personajes variopintos.  

Una vez más, la sinergia funciona. Entre el carisma de Sow y Fallou, y la síntesis de Tellas, la obra fluye. Tanto que, hacia el final, cuando la puesta propone poner el cuerpo para celebrar un modesto banquete, la intempestiva situación parece incomodar. ¿Cómo podemos compartir el rato con alguien que ha abierto las compuertas de su intimidad y a quien no le hemos dado nada a cambio (excepto los $300 que cuesta la entrada)? Ahí el mensaje más certero de Los amigos: que la amistad (entendida como cordialidad) es posible en la convivencia, más allá de los intercambios. Da igual si en el teatro o en la ciudad.  

Por Julieta Bilik 

Dramaturgia y dirección: Vivi Tellas. Interpretación: Mbagny Sow y Fallou Cisse. 

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